Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/09/18 00:00

Rescatada ‘La Chiva’

Con el gesto impávido, con la ironía a flor de labio, lúcido y amargo, han sacado de su cueva de secuestrado a don Guillermo Cortés, ‘La Chiva’, en fulgurante operativo de rescate.

Rescatada ‘La Chiva’

Con el gesto impávido, con la ironía a flor de labio, lúcido y amargo, han sacado de su cueva de secuestrado a don Guillermo Cortés, ‘La Chiva’, en fulgurante operativo de rescate. Me sorprende la entereza de sus 73 años, que él tanto repite, azotado, aunque no parece en demasía, por la ‘puve’ (*).

Es un episodio que sintetiza, dentro de la triste historia

de nuestros días. No ha sido el único secuestrado, ni el único rescatado a viva fuerza y exitosamente, pero es natural que se destaque, por la notoriedad misma del personaje y la expectativa del país.

El crimen del secuestro conlleva la humillación del afectado, el quebrantamiento de su dignidad personal, que en este caso ha quedado a salvo y con caracteres heroicos. Un hombre indefenso y, como él quiere verse, anciano, ha demostrado lo que puede la fuerza del espíritu, producto acumulado de una vida, en contra del material dominio de las armas, al que debió someterse temporalmente.

El humor, forma del desencanto, según Madariaga, ha salido incólume y victorioso. Y es caso sobresaliente. Distinto, pero en cierto modo igual, fue lo que ocurrió con el asesinato de Jaime Garzón, rememorado por estas fechas, pues así lo vencieran las balas que irremediablemente segaron su vida, estoy seguro de que, de poder comunicarse con nosotros, este espíritu burlón también saldría triunfante y comentaría con desprecio y superior inteligencia el atentado del que fue víctima mortal. Hoy sobrevive con fuerza histórica en las expresivas estatuas de Alejandro Fernández (sin pedestales, salvo muy improvisados soportes) y en la memoria popular. Quería no morir y consiguió “no morir del todo”, como ambicionaba el poeta latino Horacio en su célebre: non omnis moriar.

Algo, pues, para celebrar y consolarnos en tan terrible discurrir de hechos en Colombia. Guillermo Cortés nos da un ejemplo de supervivencia más que todo intelectual y moral. El país puesto a prueba ha salido dignificado y por primera vez altivo y vencedor de tan humillante flagelo, como es el crimen del secuestro.

Trae ‘La Chiva’ mensajes de paz y argumentaciones a ese respecto. Habla de buscar intérpretes para que se entiendan quienes están en diálogo, pues se expresan en lenguajes muy diferentes. Y yo creo que los idiomas sí pueden ser distintos, mas no así los significados,que tienen un solo y relevante sentido. Secuestro es secuestro y nunca retención ni impuesto, pues ningún país del mundo civilizado puede pensar que privar de la libertad y coaccionar con amenazas, añadiéndosele a esto torturas físicas y sicológicas, sea un método siquiera imaginable de recaudar impuestos. Es aquí y en Constantinopla un rapto a mano armada, así se mezclen consideraciones sociales o políticas justificativas. Y que el fin no justifica los medios es la carga filosófica que contienen los parlamentos de este lado de la opinión y del diálogo, aunque ignoro si los hagan valer.

Concretamente y corrigiendo a un reportero, Cortés le dice que hablar de campos de concentración son de esas cosas que pueden envenenar el ambiente de la negociación, cuyo éxito considera urgente. Pienso, sin embargo que, si se tiene a personas en grupo de detenidos y como producto de la guerra (tratándose de soldados capturados en combate, no de secuestro de particulares) hablar de campos de concentración no es tan raro. Más aún, el apelativo podría no chocar entre guerrilleros, pues llevaría a la idea consecuente de considerar prisioneros de guerra a tales retenidos y, por ende, a cobijar bajo la misma denominación a los efectivos suyos, presos por terrorismo en las cárceles del Estado. Y esta es la parte que no se acepta por el gobierno.

Con estas salvedades semánticas, me parece que, por lo demás, el discurso de ‘La Chiva’ refleja la horrible situación del secuestrado y de sus familiares, descubierta sin tapujos con su franqueza testimonial y expresa un rechazo, humanamente comprensivo, a sus victimarios. La consideración final se la dejo al propio Guillermo Cortés, ‘La Chiva’, cuando exclama con urgencia: “Hay que lograr la paz, pues estamos matando a los jóvenes”.

Esto se dijo cuando aún no había ocurrido la tragedia de Pueblo Rico, en Antioquia, donde todo parece indicar que las aprehensiones de la guerra y la sospecha por todo lo que se mueve, sin descartar la impericia militar, condujo a la muerte, ya no de unos jóvenes, sino de unos niños, llevados a excursión imprudentemente en zona de guerra.

(*) La “pura vejez”, en traducción ecológica.

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