Martes, 17 de enero de 2017

| 2009/03/21 00:00

Resistencia civil

En la Unión Soviética se hacía lo mismo con los disidentes: los curaban encerrándolos en hospitales siquiatricos

Resistencia civil

Hay los problemas que provoca la droga. Y hay además los problemas, infinitamente más graves, que provocan las autoridades con el pretexto de solucionar los problemas que provoca la droga. El primero de ellos es el de la prohibición y consiguiente guerra, con su secuela de sangre, corrupción y destrucción. Y como ñapa, el presidente Álvaro Uribe propone por quinta vez la supresión de la "dosis personal" de los adictos, que sirve para distinguir al inofensivo usuario de drogas del peligroso narcotraficante.

No es una simple idiotez, como parece al escuchar los argumentos que defienden la medida, demagógicos y paternalistas, de santurronería oportunista, pero en el fondo de intención liberticida, como suelen ser siempre las iniciativas de las autoridades cuando acuden al principio de la defensa de la moral. Existe en la hipócrita Arabia Saudita un 'Comité para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio' del cual depende un cuerpo de Policía de costumbres que espía, encarcela y castiga con látigo a quien es sorprendido bebiendo, blasfemando o fornicando. Para allá quiere llevarnos el capataz de esta finca, que ya abandonó el guaro por las goticas homeopáticas y ya aconsejó a los jóvenes posponer para la vejez lo que él llama "el gustico". Quiere que todos sus súbditos, como él, seamos buenos a la fuerza.

Y anuncia su viceministro de Justicia, Miguel Cevallos, que el asunto es más sutil. Al que sea sorprendido consumiendo droga no se le castigará como a un delincuente, sino que se lo tratará como a un enfermo mental. Será puesto por sus captores a disposición de un tribunal especial en el que un juez, asesorado por médicos y sicólogos, le impondrá un tratamiento para su vicio o adicción, obligatorio, y, de acuerdo con la gravedad del caso, con privación temporal de la libertad. Temporal, en principio. Pero ¿y si a pesar del tratamiento a base de drogas, es de suponer- el enfermo nada que se cura? ¿Cadena perpetua? Por otra parte, un millón y medio de colombianos consumimos o hemos consumido drogas (hasta aquel otro paisa abstemio que tuvimos, Pablo Escobar, fumaba marihuana): ¿darán abasto los tribunales especiales del viceministro Ceballos?

Pero la droga, como dije al principio, es sólo el pretexto. El objetivo es otro, como lo señalaba hace unos días en El Espectador el columnista Daniel Pacheco. "Lo que plantea esta nueva ley -escribe Pacheco- es que el Estado es la instancia superior que determina quién es normal y quién es anormal. Después de la droga puede seguir la regulación de la sexualidad, la apariencia física y las ideas, 'por el bien de la sociedad'".

Pues el proceso es el mismo que describe la vieja fabulita didáctica que durante 50 años fue atribuida a Bertolt Brecht (y de la cual gracias a Internet hasta los más ignorantes sabemos hoy que es de un ignoto pastor protestante): la fabulita sobre lo que les pasa a los otros. "Cuando se llevaron a los comunistas no me importó, porque yo no era comunista; cuando se llevaron a los judíos..." etc. El gobierno de Uribe por ahora sólo propone tratar como locos a los drogadictos. En los años finales de a Unión Soviética se hacía lo mismo con los disidentes: en vez de castigarlos enviándolos a Siberia, los curaban encerrándolos en hospitales siquiátricos.

Pacheco, que por lo visto es un entusiasta, concluye su columna con una invitación a sus lectores para que "pasen a la acción" y vayan a manifestarse este jueves que viene en la Plaza de Bolívar de Bogotá, a las 6 de la tarde, portando cada cual su "dosis de personalidad". Tiene razón. Como la tenía el autor de la fabulita. La libertad se construye y se mantiene mediante la resistencia civil contra el poder.

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NOTA que algo tiene que ver con lo anterior. Alguien debió decirle por fin a la Secretaria de Gobierno de la Alcaldía Mayor que el verbo "ver" no se conjuga con zeta. Y ahora por lo menos respetan la ortografía en los anuncios de prensa con los que, al paso que compran la benevolencia de la prensa, incitan a los ciudadanos a delatar a los niños que vean fumando ante el número de emergencias 123 (¿unodostrez ).  ¿Qué harán después con ellos? En el caso hipotético de que en el 123 contesten ¿se llenarán de niños fumadores los manicomios de Colombia?

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