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Opinión

  • | 2012/06/09 00:00

    Respuesta a Iván Márquez

    Lo mínimo que tendrían que hacer las Farc es responderles a esos colombianos con la verdad, sobre todo si queremos crear un espacio de confianza para que se vaya aclimatando un proceso político, aún inexistente.

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Hace unas semanas, usted me envió una carta en respuesta a unas reflexiones que le escribí desde mi columna. En esa extensa misiva, propone como bandera la firma de un pacto para la regularización de la guerra.

Humanizar la guerra es una aspiración legítima que tenemos los colombianos y creo que en eso usted y yo estamos de acuerdo. ¿Qué colombiano se negaría a que los civiles dejaran de ser víctimas del conflicto y a que las partes se sujetaran a unas reglas para humanizar la guerra? ¿Qué colombiano se negaría a que las Farc dejaran de secuestrar, de reclutar a menores y de poner minas antipersonas y cilindros bomba?  

Sin embargo, señor Márquez, la regularización de la guerra puede ser un arma de doble filo: también puede ser un paso para que las Farc eluda un proceso político y se prolongue la guerra. Y una cosa es querer aplicar el DIH con la idea de acabar la guerra y otra muy distinta es hacerlo para prolongar el conflicto.  

Para serle franca -porque de eso al fin y al cabo se trata este intercambio epistolar- si nos atenemos a la misiva que me envió, usted parece estar más de acuerdo con lo segundo que con lo primero. En ese sentido tengo que confesarle que su carta me dejó un sabor agridulce porque parece haber sido escrita desde la retórica de la guerra y no desde la de la política. Por eso quisiera preguntarle, con el respeto que me merecen sus reflexiones epistolares, si la regularización de la guerra que usted propone pasa por ponerle bombas a los políticos civiles, como sucedió en el atentado contra el exministro Fernando Londoño. Teniendo en cuenta que una de las hipótesis de la Fiscalía es que las Farc cometieron ese atentado, sorprende que no hayan ni negado ni reconocido ese hecho.  

Usted, señor Márquez, afirma en su carta que las Farc no tienen en su poder a ningún secuestrado. Insiste en que "previamente al anuncio de Timoleón Jiménez, nuestro comandante, hizo una consulta a todos los bloques y la verdad es que ninguno de ellos tiene personas retenidas con ese propósito".

Debo decirle que sus palabras produjeron una gran indignación. Los primeros en desmentirlas fueron los familiares de personas que aseguran que sus seres queridos siguen en poder de las Farc. En el programa que dirige Antonio José Caballero, de RCN Radio, algunos de ellos coincidieron en exigirle a ustedes que les dijeran de una vez por todas qué había pasado con esos secuestrados que no aparecen. Si habían sido asesinados en cautiverio, si habían muerto por causas naturales y dónde habían sido enterrados. Para no hablar de los trabajadores chinos que siguen en su poder.  

Yo me sumo a esa exigencia, señor Márquez. Si son 450 los secuestrados, como dice País Libre, o 100, no importa. ¿Dónde están esos secuestrados que no aparecen? ¿Estarán sus cuerpos en esas fosas que se encontraron hace poco en los Llanos?  

Lo mínimo que tendrían que hacer las Farc es responderles a estos colombianos con la verdad, sobre todo si lo que queremos es crear un espacio de confianza para que se vaya aclimatando un proceso político, aún inexistente. Señor Márquez, ese debería ser el primer paso para empezar a hablar de cualquier solución política.

Quisiera hacerle una invitación: a que utilicemos este espacio epistolar para plantear un diálogo franco sin tapujos ni eufemismos. Ya que en este país la palabra 'diálogo' se convirtió en un estigma y que son estas epístolas el único espacio que se ha abierto para saber qué es lo que están pensando ustedes, le propongo que hagamos de este espacio un diálogo sincero, y si se quiere crudo, para que el país vuelva a creer en su palabra.

Aunque se niegue a aceptarlo, ustedes han ido desgastando las palabras, utilizando un lenguaje lleno de verdades a medias y una retórica que no ayuda a la transparencia. Por eso los convoco a que no hagan más trampas, ni con el lenguaje ni con la verdad. Ni el periodista Romeo Langlois era un "prisionero de guerra" ni el secuestro de seres humanos se legitima por el hecho de hablar de "retenciones", de la misma forma en que nosotros no debemos utilizar el eufemismo de las Bacrim para hablar de los narcoparamilitares de siempre, los mismos que nunca se desmovilizaron.  

Somos muchos los colombianos que añoramos un país en paz. Uno en el que guerrilleros como usted, señor Márquez, puedan reemplazar las armas por la política sin que los maten.
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