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Opinión

  • | 2017/11/25 22:15

    Desafíos

    Haber salvado casi 3.000 vidas de colombianos que estaban condenados a morir debería ser un argumento moral suficiente para que todos los partidos políticos, los de derecha, los de izquierda y los de centro hubiesen depuesto sus egos en defensa de un acuerdo de paz que logró acabar con una guerra.

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No es cierto lo que dicen los profetas del desastre cuando insisten en decir que era mejor habernos quedado cuidándole a Uribe sus tres huevitos. Así la verdad no esté de moda en esta campaña presidencial, hay que decir que a un año de los acuerdos este país está mejor que antes.

Según el Cerac, de no ser por el acuerdo de paz que se firmó hace un año en el Teatro Colón, cerca de 556 familias de soldados humildes estarían hoy llorando en su tumba a sus seres queridos, y los hijos de más de 1.500 guerrilleros habrían entrado a engrosar la lista de huérfanos de la que ya sería la guerra más larga del mundo. Haber salvado casi 3.000 vidas de colombianos que estaban condenados a morir debería ser un argumento moral suficiente para que todos los partidos políticos, los de derecha, los de izquierda y los de centro hubiesen depuesto sus egos en defensa de un acuerdo de paz que logró acabar con una guerra.

Sin embargo, a un año de la firma del acuerdo de paz, está tan contaminado el ambiente político que hasta un hecho tozudo y veraz, reconocido por el mundo entero como el desarme de las Farc, está siendo negado con una facilidad pasmosa por una horda política que ha convertido los acuerdos de paz en el anticristo.

No obstante, también es cierto que se aproximan negros nubarrones por cuenta de la manera desarticulada y lenta como se están implementando los acuerdos, una verdad de a puño que el gobierno de Santos no debería soslayar. Eso lo dice muy claro el primer informe entregado por el Instituto Kroc, encargado de hacer el seguimiento al proceso de implementación del acuerdo de paz.

El informe resalta que en los temas de la implementación a corto plazo, como el cese de la violencia y la dejación de las armas en los primeros meses tras la firma de los acuerdos del cese al fuego, hay un avance significativo y que “el ritmo de la implementación en estos primeros meses del proceso es equivalente o más rápido que el de otros acuerdos de paz integrales analizados por el Instituto Kroc”.

Sin embargo, el mismo informe dice que en los temas de mediano plazo –como el que tiene que ver con la reincorporación social y política de las Farc, las garantías de seguridad a los excombatientes y la claridad en los mecanismos de justicia transicional– las perspectivas son menos alentadoras, debido en parte a la falta de articulación del Estado y a la lentitud con que se ha llevado a cabo la amnistía, demora que retrasó el proceso de la reincorporación de los excombatientes.

Según dice el informe, los acuerdos que han sido exitosos en el mundo son aquellos que logran evacuar rápidamente el tema de las amnistías y los que logran garantizar la seguridad física y jurídica de los excombatientes lo más rápido posible. Por esa razón, el Instituto Kroc considera altamente preocupante que cerca de 25 excombatientes hayan sido asesinados desde la firma de los acuerdos. De acuerdo con ese instituto, unos excombatientes que no tienen garantías de seguridad son más proclives a salirse del circuito de la reincorporación. (Esta semana, Romaña tuvo que ser trasladado de Tumaco dizque porque había sido amenazado por el Guacho).

En los temas de largo plazo, el informe advierte su preocupación por la falta de progresos en el punto uno, sobre todo en lo relacionado con el uso de la tierra, el desarrollo del agro, la reforma rural y la coordinación de los procesos de sustitución de cultivos ilícitos.

El gobierno Santos debería leer con detenimiento el informe y atender las alertas que allí se exponen, en lugar de salir a los medios a mostrar grandes cifras cuando la realidad es que todavía tiene mucho por andar. Más aún, si gran parte de los proyectos de ley que desarrollan los acuerdos se van a quedar sin haber sido siquiera debatidos en el Congreso a través del fasttrack.

Aunque el informe no lo dice explícitamente, en el tema de reparación a las víctimas y de gestos de reconciliación, una reflexión muy personal: es hora de que el nuevo partido político de Timochenko haga su esfuerzo y les hable menos a sus bases y más al país. Esta es una guerra que causó mucho dolor y las heridas todavía están abiertas.

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