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Opinión

  • | 2009/01/25 00:00

    Retiro espiritual con el Alcalde

    Estoy seguro de que la actividad mas frustrante fue la carrera de costales entre doña María Eugenia y Mónica de Greiff.

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Leo en la prensa que el alcalde Moreno y algunos funcionarios de la Alcaldía se fueron a un retiro espiritual en Paipa, supongo que para preguntarse quiénes son y a dónde van, hacer ejercicios de trabajo en equipo y crecer como personas.

Habla bien de ellos que hayan elegido hacerla en Paipa: en Bogotá pocos habrían llegado por culpa de los trancones y a quienes fueran capaces de lograrlo los habrían atracado durante las actividades de integración.

Sin embargo, valoro cualquier esfuerzo que haga un político colombiano para crecer como persona y no como animal. Y me duele no trabajar en el Distrito para haberme podido sumar al paseo: me moría por ir en el bus con todos ellos, hacerme en la última banca con la Capitana y la doctora Clara López, desencaletar media de aguardiente y animarlos a que cantáramos Se va el caimán para romper el hielo.

Me moría por ir, digo, y ver al alcalde Moreno escribiendo en un papelógrafo las palabras misión/visión.

-La visión se la encargamos al ex alcalde de Cali, doctor Apolinar Salcedo -debió decir-. La misión, en cambio, es acabar con el problema de percepción que tanto nos afecta.

Porque es verdad: el Alcalde siempre ha querido acabar con esa manía que tenemos todos de creer que las cosas están mal, cuando en realidad marchan bien. Sí, puede ser que uno ya no pueda salir a la calle sin que lo apuñalen; que tenga más movilidad el cuello de Mauricio Cárdenas que la autopista norte; que esta Alcaldía vaya a entregarles los cerros y la sabana de Bogotá a los constructores, como seguro pasará, y que ante la ineptitud de Samuel Moreno el Polo pierda la plaza más importante que había conseguido, y que era fundamental para hacerle contrapeso al aplastante e irrespetuoso gobierno de Uribe: pero nada de eso es culpa suya, sino nuestra, por percibirlo así.

Ahora bien: estos retiros se justifican en la medida en que aparezca un motivador empresarial que habla con un español lleno de verbos inventados; lee en voz alta la Carta a García; invita a "crear sinergias"; dispara estimulantes pensamientos inspirados en Richard Bach y, lo más importante de todo, organiza ejercicios lúdicos para que el personal aprenda a trabajar estratégicamente.

Me lo imagino organizando el primer juego:

-Vamos a trabajar de a dos: ¿quién quiere ser pareja de Yuri, de secretaria?

Todos debieron levantar la mano mientras se imaginaban que Yuri era una secretaria que iba a estar cotizada de noche, cuando en este tipo de retiros el personal se distensiona al calor de unos tragos y cualquier hueco es trinchera; sólo uno debió padecer la confusión de ser el elegido para hacer dinámicas todo el día con Yuri, sí, pero Yuri Chillán.

Dinámicas como una clásica, que consiste en taparle los ojos a una persona y decirle que se deje caer de espaldas para que su pareja lo reciba y aprenda a confiar en el otro. No estoy de acuerdo con este tipo de prácticas. Cuando en el retiro hay políticos se corre el riesgo de que mientras uno cierra los ojos, las prendas de valor desaparezcan; encima, quien haya tenido que hacerse con Jaime Dussán tendría que aguantar ya no digamos que el senador lo dejara caer, sino que lo empujara tan pronto lo viera vendado.

Sin embargo, estoy seguro de que la actividad más frustrante fue la carrera de costales entre doña María Eugenia y Mónica de Greiff, suspendida por sustracción de materia: cuando iban a iniciarla se dieron cuenta de que el Alcalde había arrancado uno por uno todos los hilos de fique de los costales para amarrárselos en la muñeca al lado de sus otras pulseritas.

Con todo, lo peor de haber ido a esa convivencia no habría sido ver al general Palomino ya en la noche, sentado en torno a una hoguera, pasando de mano en mano una vela que simboliza la unión mientras alguien saca una guitarra y todos cantan Como agua caliente; tampoco la presentación en power point durante el desayuno del día siguiente, a la cual varios llegan con los ojos rojos e inflamados y un tufo difícil de disimular, sino la irrupción en el recinto de Iván Moreno, que toma de una oreja a su hermano, lo baja del atril y le ordena al personal tomar nota de a quién nombrar y en cuál secretaría.

La prensa sólo ve lo malo. Más de uno le dará palo al pobre Alcalde por haber llegado casi directamente de sus vacaciones de Miami a Paipa. Yo, en cambio, lo entiendo. Qué más puede hacer, si la ciudad está insoportable. Aunque hay que reconocer que algo mejoró, al menos durante los días que estuvo retirado.
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