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Opinión

  • | 2017/08/08 07:12

    Los retos del nuevo comisionado de paz

    Qué tan bueno es que a la oficina del alto comisionado para la paz llegue un político como el exembajador Rodrigo Rivera.

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Qué tan bueno es que a la oficina del alto comisionado para la paz llegue un político como el exembajador Rodrigo Rivera; pero que además asuma las riendas de la implementación una persona que ha estado ausente del país por años y poco conoce de los intríngulis del acuerdo negociado en La Habana.

Rivera es un canterano de las huestes galanistas y como buen político tradicional hizo el curso que lo llevó al club del ‘voltearepismo’; hoy pertenece al Partido de la U.

¿Creerá el presidente Santos que este es el camino más idóneo para garantizar la implementación del Acuerdo de Paz? Seguramente. Rivera fue su primer ministro de Defensa y alguna confianza debe tener en su exembajador, que tendrá que hacer cara a un Congreso que hoy piensa más en el debate electoral de 2018 y a una díscola Unidad Nacional más fracturada que nunca. Un reto que lo obligará a poner a prueba sus saberes de político profesional.

Ahora, vale preguntarse qué tanto puede aportar Rivera a la consolidación del acuerdo o si solo su presencia garantiza un trámite sin contra tiempos. Creería que su prueba de fuego está en el debate sobre los asuntos agrario y político. ¿Aceptará Rivera los cambios que sus amigos de lucha (los políticos) le quieren hacer a la reforma política y electoral?, porque lo que proponen nada tiene que ver con el punto dos del acuerdo final. Y el asunto agrario no es un tema menos, pues muchos de sus contertulios hechos en la política tradicional legislan en cuerpo ajeno y es claro que representan los intereses de los terratenientes.

Los temores no son infundados. Es relevante resaltar que a diferencia de Sergio Jaramillo, un técnico convencido de la paz sin ninguna aspiración política, Rivera representa los más claros intereses de la clase política tradicional y en sus manos reposará la defensa de esas reformas a la política y al sistema electoral, como al agro colombiano que están contempladas en el acuerdo final, cambios a los que se oponen la mayoría de los partidos políticos con asiento en el Congreso.

Hay otro debate que le medirá el aceite al nuevo alto comisionado: La Justicia Especial para la Paz (JEP) y la ley estatutaria que la reglamenta. Desde muchos flancos la impugnan con el peregrino argumento de la impunidad, al tiempo que pretenden modificar los alcances, entre otros asuntos, del tribunal de la verdad. Lidiar este debate no va a ser fácil para Rivera, pues no es pertinente admitir cambios en lo que se ha denominado la columna vertebral del acuerdo con las Farc y que servirá de modelo para una eventual negociación con el ELN.

Otro reto del nuevo alto comisionado de paz, y no de poca monta: tendrá que conciliar con los negociadores de las Farc cualquier modificación que se pretenda. ¿Cómo será ese primer encuentro? Mucho tendrán que conversar cara a cara las Farc y el hombre que, siendo ministro de Defensa, avaló el bombardeo que acabó con la vida del Mono Jojoy.

Un párrafo final: Reconocimiento a Sergio Jaramillo, por su denodado esfuerzo y su terca convicción de lograr la paz.

@jairotevi

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