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Opinión

  • | 2012/10/03 00:00

    Revivir el San Juan

    La reapertura del Hospital San Juan de Dios generó grandes expectativas, pero ¿podrá el Hospital renacer de sus cenizas?

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El alcalde Gustavo Petro ha dicho que recuperará el Hospital San Juan de Dios de Bogotá, uno de los hospitales más importantes de Colombia que el país dejó agonizar hasta morir. Sin embargo, para salvar el Hospital es necesario el compromiso serio de los gobiernos nacional, departamental y distrital con el fortalecimiento del sistema hospitalario público.

Hace unas semanas se anunció la reapertura del Centro de Salud de Atención Primaria. Una de las más de 20 edificaciones que hacen parte del San Juan de Dios, que a pesar de ser joyas arquitectónicas declaradas patrimonio nacional, están en completo abandono. La historia del Hospital San Juan de Dios es tan triste como los casos donde Colombia ha perdido irresponsablemente canales e islas. Y tiene episodios trágicos que comparte con la crisis del sistema de salud y con los problemas de financiación de la educación pública universitaria.

El orígen del Hospital se remonta a 1739. Desde la creación de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional hizo una alianza con ella. Los estudiantes y profesores de la Universidad hacían allí sus prácticas e investigaciones y el Hospital recibía un servicio de alta calidad. Del Hospital se dice que la gente iba a buscar salud y no a sufrir su enfermedad.
 
El beneficio para la sociedad fue inmenso. Atendía a todo tipo de personas, en especial a personas de pocos recursos y podía no cobrarles un peso. Fue en sus instalaciones donde se creó el programa de madre canguro, mundialmente replicado para la atención a bebés prematuros. También fue allí donde Patarroyo desarrolló sus avances en la vacuna contra la malaria.

En su época floreciente, el Estado pagaba su funcionamiento directa y completamente. Pero toda histora tiene su final. En las últimas décadas del siglo pasado, vinieron mucho más fuertes las crisis, aumentaron los problemas de financiación y se sumaron líos jurídicos para determinar el responsable del sostenimiento del Hospital. La ley 100 le dio la estocada final. Aunque no dejaron de llegar enfermos, sí dejaron de llegar los recursos para atenderlos.

En 2001 el Hospital cerró definitivamente. La gente tuvo que buscar en las EPS un remoto resquicio de la atención que alguna vez tuvo en el San Juan. Los estudiantes y profesores de la Universidad Nacional se quedaron sin hospital universitario. Ahora flotan de hospital en hospital para hacer sus prácticas y añoran volver a tener uno propio.

Hoy el Hospital vuelve a estar en la agenda pública. Pero la pérdida social que generó el cierre y la omisión del Estado durante más de 10 años pesan en la memoria de la sociedad y demuestran la indiferencia de las autoridades con lo público. Mucho más si se trata de una institución de siglos que combinaba educación y salud. Sería maravilloso rescatar el San Juan de Dios, pero desde una versión renovada de fortalecimiento de la salud pública que requiere un ajuste estructural para que no lo vuelvan a enterrar los problemas del pasado. Un ajuste que pasa también por un compromiso serio con la financiación a los hospitales universitarios.

Los desafíos para su reapertura son enormes, desde coordinar a las autoridades distritales, departamentales y nacionales, hasta la solución de problemas espinosos como las deudas laborales. En su nuevo cargo, Gina Parody tendrá mucho trabajo para conectar todos los esfuerzos.
 
* Investigadora del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad. www.dejusticia.org
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