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Opinión

  • | 2015/06/20 12:01

    El día “D” la gente

    Con Juan Manuel Santos I falló porque hubo Santos II, gracias a que la esperanza de la paz terminó favoreciendo su reelección.

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Tener fecha de caducidad. Ese ha sido el talón de Aquiles de los gobiernos en los procesos de paz con las FARC. Una ventaja que ha intentado aprovechar la guerrilla dilatando los procesos a ver si, acosados por el fin de sus mandatos, los gobiernos terminan cediendo a todas sus pretensiones por descabelladas que parezcan.

Con Andrés Pastrana les falló porque el gobierno tuvo que terminar la negociación presionado por la indignación ciudadana ante los abusos, la violencia y el cinismo de las FARC, sumada al hecho de que a raíz del atentado contra las torres gemelas, quedó proscrito negociar con terroristas en todo el mundo.

Con Juan Manuel Santos I falló porque hubo Santos II, gracias a que la esperanza de la paz terminó favoreciendo su reelección.

Ahora el juego de las FARC vuelve a consistir en dilatar el proceso hasta que el Gobierno llegue al final de sus días. De ahí su insistencia en conseguir, por las buenas o por las malas como diría el Presidente, un cese el fuego bilateral que les permita prolongar indefinidamente la negociación.

Romper el desequilibrio. Esa es la esencia de la propuesta que nos acaban de presentar los senadores Claudia López y Antonio Navarro. Romper el desequilibrio, en el manejo de los tiempos del proceso de paz hasta hoy a favor de las FARC.

La idea de López y Navarro es que los ciudadanos depositemos en las urnas en las próximas elecciones de octubre una quinta papeleta en la cual les imponemos, a las FARC y al Gobierno, el 9 de abril de 2016 como fecha límite para llegar a un acuerdo definitivo en La Habana. Vencido ese plazo la mesa se levanta.

El efecto práctico de esa quinta papeleta es que las dos partes entiendan que la paz no es solo de ellos, sino un asunto de todos los colombianos y que en ejercicio de nuestra soberanía como pueblo, les ordenamos ponerse de acuerdo antes del 9 de abril de 2016. A partir de ese Día D fijado por el pueblo y no por ellos o la Constitución que la guerrilla desconoce, quedan en igualdad de condiciones.

Hay que apoyar la propuesta de Antonio y Claudia. Es una manera de darle piso firme a un proceso que entró en terreno movedizo, equilibra la presión del reloj sobre las dos partes en la mesa y les envía a las FARC una señal muy clara: si el proceso de paz fracasa por su culpa, la guerra ya no será con el “ejército del establecimiento”, sino con el ejército del pueblo que dicen defender.

@RicardoGalanO
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