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Opinión

  • | 2015/05/23 15:31

    Sinceridad

    Desde el principio ni el Gobierno ni las FARC han sido sinceros y han creado más expectativa sobre acuerdos y acciones de la que en realidad están en disposición y capacidad de cumplir.

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El miércoles 20 de mayo a las 6:32 de la tarde el presidente Juan Manuel Santos trinó: “Lamentamos muerte de niña en Cauca por mina. Instrucción es acelerar implementación de desminado para que estos hechos no sigan ocurriendo”. Así se enteraba el país de que las minas antipersona habían cobrado su víctima número 51 en lo corrido de este año.

Aunque no las mencionaba en su trino, el presidente responsabilizaba a las FARC por la muerte de la niña y les ordenaba a sus negociadores acelerar el proceso de desminado en que se comprometieron las dos partes en La Habana.

Una razón a Bolívar para que la entendiera Santander. Otra, de las muchas que Santos y su equipo les han enviado a las FARC en las últimas semanas tratando de salvar el proceso de paz que está a punto de irse a pique porque ya ni sus protagonistas le creen.

La confianza se perdió. ¿Por qué? Porque desde el principio ni el Gobierno ni las FARC han sido sinceros y han creado más expectativa sobre acuerdos y acciones de la que en realidad están en disposición y capacidad de cumplir.

El desminado, por ejemplo. Para un ciudadano promedio en Colombia, desminar se parece a lo que hace un carro recolector de basura, pasa recogiendo minas y las lleva a un sitio alejado en donde no pueden causar daño. Una visión tan inocente como alejada de la realidad. Pero ni el Gobierno ni las FARC se toman el trabajo de explicar que ese proceso puede durar años, incluso décadas, y es muy costoso. Sembrar una mina cuesta un dólar, retirarla cuesta 10 dólares. En Europa aún explotan minas sembradas durante la Segunda Guerra Mundial.

Gobierno y FARC se comprometen en asuntos que no están dispuestos o en capacidad cumplir. El Gobierno les da a entender que no pagarán un día de cárcel, pero no les explica que la Constitución y los tratados internacionales firmados por Colombia no lo permiten. Las FARC se comprometen con un “cese el fuego unilateral”, pero al primer descuido de un grupo de soldados los masacra sin contemplación. Obligan al Gobierno a reactivar los bombardeos que había suspendido en compensación y el Ejército da de baja a 26 guerrilleros. Como represalia, las FARC levantan el cese el fuego unilateral. De vuelta al principio.   

Con mentiras y engaños de lado y lado. Y de ambos con el pueblo. Así será imposible construir una paz duradera. Desminar es urgente. Sincerar el proceso, indispensable. Dentro de la mesa y fuera de ella. De no hacerlo, construiremos una paz de mentiras. Pegada con babas, como diría mamá Zoila.

Twitter: @RicardoGalanO
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