Sábado, 21 de enero de 2017

| 1980/12/11 00:00

Riesgos políticos del Libre Comercio

El Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos es un viejo anhelo para la economía colombiana. Sin embargo su firma traería varios riesgos para el país, como resultados contundentes o que deje en el olvido la importancia de un acuerdo de este tipo con otros países industrializados. Andrés Franco, Internacionalista y actualmente representante de Unicef en el Perú, analiza los riesgos que corre Colombia.

Riesgos políticos del Libre Comercio

Un acuerdo de libre comercio (ALC) con Estados Unidos es un viejo sueño colombiano que merece ser apoyado. El contexto es conducente, y la voluntad de ambos gobiernos es inequívoca. Otros países de la región andina como el Perú han solicitado un tratamiento similar pero la voluntad de los americanos no ha sido tan explícita. Sin duda, una buena oportunidad política que no está exenta de riesgos.

Colombia sería el primer país con un problema de terrorismo interno que accedería a un ALC con Estados Unidos. Sería lamentable si el ALC altera de manera fundamental la estructura productiva del país sin que contribuya de manera efectiva a aliviar la situación de seguridad interna. Este es un primer riesgo.

Al nivel global, el vínculo entre terrorismo y comercio ha sido ventilado por el Representante Americano para el Comercio, Robert Zoellick y el Secretario de Estado, Collin Powell. Washington ha utilizado este vínculo fundamentalmente como una estrategia de negociación, es decir, "sólo aquellos que nos acompañen en la lucha contra el terrorismo podrán hacer negocios con Estados Unidos".

Al nivel nacional, sin embargo, este vínculo no es tan claro. A pesar de su enorme importancia, las preferencias andinas (ATPDEA) no parecen haber contribuido de forma sustancial al mejoramiento de la situación interna en Colombia. Sería francamente lamentable si sucede lo mismo con un ALC. Quizás la forma de evitarlo sería asegurando, desde el principio, un proceso participativo amplio en el que diversos sectores de la sociedad colombiana tengan la oportunidad de hacer contribuciones durante la negociación, y una vez concluido el acuerdo, tengan la posibilidad de comprender y aprovechar plenamente sus beneficios.

Hay un segundo riesgo: no es conveniente que sólo se logre un ALC con Estados Unidos. Lo más provechoso para Colombia es cerrar el mayor número de ALC posible con el fin de regularizar su propia vulnerabilidad externa. Esta fue la consigna de Chile. Esperaron más de 10 años para cerrar el acuerdo con Estados Unidos, pero cuando lo lograron habían concretado otros similares con México, Canadá, América Central, la Unión Europea y Corea del Sur.

Colombia comenzaría al revés: cerraría un ALC con Estados Unidos sin tener nada concreto con otros países industrializados. Es decir, amarraría de manera definitiva sus destinos a la economía americana y a los deseos políticos de Washington sin dejar planteada ninguna ruta de escape.

Los contactos con Canadá son aun muy preliminares y el proceso bilateral Bogotá - Ottawa con énfasis en productos agrícolas tendrá que sortear el deseo manifiesto de los canadienses de extender las negociaciones a los otros países andinos. Con la Unión Europea, por su parte, las cosas están en el aire. No existen las condiciones para que se forje un consenso sólido entre sus miembros sobre la importancia de cerrar un ALC con Colombia. No hay voluntad política entre sus miembros para impulsar un proyecto político de esta naturaleza, y el Presidente Uribe no está posicionado para forjarlo. Y como si fuera poco, no está claro en qué quedaría la Comunidad Andina si es que teóricamente se optara por un esquema de negociaciones bilaterales como se hizo con Chile.

La reacción de Brasil, en su intento por consolidar afanosamente un área de libre comercio en América del Sur, es un tercer factor de riesgo. Es cierto, como lo ha afirmado el Presidente Lula da Silva, que el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, ALCA "no es propiedad de Estados Unidos". Pero también es cierto que el equity de Brasil sobre el ALCA perdería valor si al ALC de Chile con Estados Unidos se suma otro con Colombia.

Brasilia entiende que debe acelerar el proceso de negociación con los andinos en su conjunto para evitar un deterioro de su posición negociadora con Washington. Es comprensible que Celso Amorim, Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, se haya mostrado "positivamente sorprendido" con la oferta de la Comunidad Andina de acelerar negociaciones para un acuerdo de libre comercio con MERCOSUR para finalizarlo el 31 de diciembre del 2003.

Un cuarto riesgo está relacionado con la posibilidad de que las negociaciones del ALC con Estados Unidos se extiendan a otros temas. En colombiano, estos serían "micos" que le colgarían al acuerdo que no estarían relacionados con asuntos de comercio pero en los cuales el gobierno colombiano tendría que ceder para gozar del atractivo de tener asegurada la entrada al mercado americano libre de impuestos.

Las experiencias recientes de Chile y Singapur arrojan lecciones. Ambos países terminaron cediendo en el tema de transferencia de fondos comprometiéndose a no "impedirlos de manera sustancial". Con ello, pusieron fin a sus políticas dirigidas a evitar el drenaje abrupto de recursos que causó la crisis financiera asiática del año 1997. En el caso de Singapur se incluyeron otros "micos": los forzaron a reconocer los títulos de abogado emitidos por universidades americanas, y a aceptar una referencia en el texto a unas islas indonesias para extender los beneficios del ALC a los productos que allí se manufacturen.

¿Cuál sería el "mico" que se insertaría en un ALC con Colombia? Washington tiene una gran oportunidad para presionar a Colombia en temas pendientes de la agenda bilateral de mucha complejidad política y jurídica. Qué tal que aprovechen para forzar un acuerdo bilateral en el contexto del artículo 98 del Tratado de Roma para la Corte Penal Internacional...

En fin, estos son ejemplos del tipo de riesgos que se corren con una apuesta política como la que acertadamente lidera el Presidente Uribe.

* Internacionalista. Actualmente es Representante de Unicef en el Perú

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