Domingo, 22 de enero de 2017

| 2004/11/28 00:00

RIP de un poeta sin RIT

Él se pregunta si un delito pasado, penal o tributario, o si la afiliación a un fondo de pensiones tiene que ver con la calidad de sus poemas

RIP de un poeta sin RIT

Un querido amigo mío, el gran poeta Fulano de Tal, no está afiliado a ninguna EPS. Jamás ha cotizado al Seguro Social ni a ningún fondo de pensiones. "Los poetas, dice, no se jubilan, porque escriben hasta el mismo día de su muerte; y tampoco se enferman, o si se enferman lo hacen callados y sin médicos, pero con dignidad". Este mismo amigo mío no sólo no tiene RUT, sino que

no tiene ni idea de lo que significa la palabra RUT -aunque sea poeta y se sepa de memoria el diccionario-. Escribió alguna vez un pequeño libro de recuerdos autobiográficos, pero no tiene hoja de vida ni le cabe en la cabeza que su vida se pueda resumir en una hoja.

Tiene cédula, sí, aunque nunca ha votado, porque se la obligaron a sacar una vez, hace casi medio siglo, en tiempos de la hegemonía conservadora. También tiene pasaporte y una colección de visas vencidas, porque cuando estaba más joven le gustaba viajar. Como no tiene rentas, jamás ha presentado declaración de renta. Carece de libreta militar, porque abomina las armas y se salvó del ejército entre aplazamientos y aplazamientos, hasta que se hartó de ir a la brigada y se declaró homosexual activo y pasivo para que lo dejaran de molestar.

No tiene, ni ha tenido, ni piensa tener cuenta en el banco. Salvo breves bonanzas de tres días, jamás habría tenido suficiente plata para depositar ahí. A no ser que cuenten los libros de su biblioteca, o los pelos de su barba, no tiene propiedades. Vive con la mamá, e incluso seguirá viviendo con ella cuando se le muera, a no ser que se consiga -fiado- un cuarto de pensión.

De la palabra RIT, sabe que rima con RIP (requiescat in pace), pero no tiene ni la más pálida idea de lo que aquella sigla significa. La leyó por primera vez el otro día, en una carta enviada por una entidad oficial, la cual, en uno de sus apartes, decía: "Le rogamos nos haga saber a la mayor brevedad posible cuál es su RIT". Fulano, confundido, pensó que había una confusión y le pedían su RIP, que podría ser una sinécdoque para indicar su epitafio, y lo mandó, escrito a mano: "Aquí yace Zutano Perencejo, poeta", nada más.

Hasta hace algunos años, al gran poeta Fulano de Tal, de vez en cuando, lo invitaban a dar alguna charla por ahí, en universidades o colegios oficiales, o le compraban un cuento o un poema, o le pedían que fuera jurado de algún premio literario de una entidad pública. De un tiempo para acá, estas actividades -que no le gustaban, pero que hacía porque le servían para pagar los cigarrillos- se han vuelto imposibles. Lo siguen invitando, sí, pero ahora, para pagarle esos trabajos, le exigen el RUT, el RIT, una hoja de vida en formato único especial, con certificaciones y soportes para cada afirmación, cuenta bancaria, constancia de afiliación a una EPS y a fondo de pensiones, con fotocopia del último pago.

Y eso no basta. Si el maestro quiere que le retribuyan su cuento, su recital, su conferencia, debe acercarse también a la Procuraduría General de la Nación para que le expidan un certificado de antecedentes disciplinarios. "Pero si yo jamás he tenido disciplina", dice el maestro Tal. Para ser jurado en un concurso de poesía, requiere también que certifique sus antecedentes ante la Personería General de la Nación. Ah, debe además hacer constar que no aparece en el Boletín de Responsabilidades Fiscales expedido por la Contraloría. Y debe sacar, tal vez en el DAS o en alguna entidad por el estilo, una copia de su certificado judicial.

El poeta se pregunta si algún delito pasado, penal, tributario o de tránsito, o si la afiliación a un fondo de pensiones tiene algo que ver con la calidad de sus poemas. No sabe si una persona con un terrible pasado judicial no podrá haber escrito una gran novela, o ser un excelente jurado en un concurso de poesía, aunque consten todos sus delitos públicos y privados ante el señor Fiscal. Se pregunta también por qué su relato autobiográfico hay que hacerlo en un formato único, en vez de enviar, por ejemplo, un ejemplar de su libro de memorias.

En la última carta le pidieron también que presentara dos cotizaciones por una conferencia sobre la poesía negra colombiana. En una, debía ofrecerla por ciento ochenta mil pesos; en otra, por ciento cincuenta mil. Así, en el concurso de méritos para la contratación de la charla, podían escoger la propuesta más barata. Se contratan sus servicios en una especie de licitación, igual que si estuvieran solicitando provisiones de bombillos o rollos de papel higiénico para surtir a un ministerio.

Ante esta avalancha de absurdos estatales burocráticos, el poeta Fulano de Tal ha resuelto que nunca más volverá a tener ningún contacto con el Estado. Hará como el gran escritor negro Manuel Zapata Olivella, que acaba de morir en la miseria, abandonado por completo por el país que tanto quiso, doblado de dolor, envuelto en llanto, sin EPS, sin RUT, sin RIT, sin RIP, sin pasado disciplinario o judicial, pero lleno de entereza, pasión y dignidad.

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