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Opinión

  • | 2017/05/29 16:32

    Tren de cercanías, tan cerca pero tan lejos

    El tren nos dejó hace rato, pasarán años antes de que tengamos un tren de cercanías.

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La solución debe ser de fondo, basada en estudios serios, con un trazado totalmente nuevo y eficiente y no pensar que porque se cuenta con un corredor férreo de propiedad de la nación, podemos meter por él para Bogotá cualquier tipo de solución o paño de agua tibia.

El tren nos dejó hace rato y la culpa la tiene el Estado por haber cedido a la presión de los transportadores de carga (entre otros) para dejar morir un sistema que mucho le costó al país y que funcionaba! Un sistema que si hubiera seguido desarrollándose y no carcomiéndose por la corrupción y los intereses de unos pocos, podría ser hoy por hoy motor de desarrollo para muchos sectores de la economía y de la población, la base de un verdadera solución para el transporte de pasajeros entre las grandes ciudades y sus periferias.

‘¿No que en Bogotá no había tren?’ Me dijo mi hija pequeña mientras estuvimos detenidos por varios minutos en el "round point" de la cien para dar paso al Turistren de la Sabana. Que lindo es ver pasar un tren y como le hace falta a nuestro país un sistema férreo eficiente y a Bogotá un tren de cercanías.

Un tren como el que alguna vez existió hace mucho tiempo cuando el tráfico vehicular no era tan denso y se podían ofrecer trayectos en horarios regulares entre la Estación de la Sabana y Nemocón, utilizando un corredor férreo que si bien aún existe, hoy por hoy no sería apto para poner a rodar sobre este un sistema realmente eficiente.

Que bueno sería para los habitantes de Chía, Cajicá y los municipios vecinos a Bogotá, donde la gente ha tenido que buscar dormitorio, en muchos casos por los altísimos costos de la vivienda en la ciudad, tener una alternativa real y efectiva para poder dejar su automóvil y contribuir de manera efectiva a la disminución del tráfico vehicular y la contaminación ambiental. Sería igualmente bueno para conectar a Bogotá con Mosquera y Faca.

Hace un par de días, a la hora del almuerzo me uní a la charla de un grupo de amigos. La típica discusión de ‘expertos’, de aquellos que se morirían por decirle al alcalde como hacer las cosas. Un buen amigo planteaba con firme conviccion: ‘Cada vez que veo pasar el Turistren de la Sabana me hierve la sangre, porque estamos a un cacho de tener la solución. Yo no quiero un tren en diez años, quiero una solución ya !’ Continuó su intervención afirmando: ‘Es cuestión de aumentar la frecuencia de los recorridos, por ejemplo cuatro por hora en cada sentido y así se lograría desplazar más pasajeros entre el centro y extremo norte de la ciudad’.

Entonces entré yo a la discusión y también, sin ser experto hice mi planteamiento:
La realidad es otra. El presupuesto de obras de infraestructura de Bogotá es limitado. El Metro comprometerá una enorme cantidad de recursos y convertir el actual corredor férreo en la base de un tren de cercanías que conecte el centro con el norte no es como soplar y hacer botellas.

No podemos poner en riesgo la movilidad del resto de la ciudad por cuenta de proyectos piloto, ensayos o del romanticismo de poner a rodar un tren, viejo, cuya locomotora no es eléctrica y contamina mucho más que varios carros, por el simple pretexto de tener que aprovechar la infraestructura actual. No podemos poner a funcionar un tren cualquiera cuando los estudios más elementales señalan que para que un sistema de este tipo (tren de cercanías) sea rentable debe movilizar por lo menos 200.000 pasajeros por día.

En gracia de discusión, si al improvisado tren que circula hoy en día, se le aumentará la frecuencia a cuatro recorridos por hora en cada sentido, colapsaría por completo el tráfico de Bogotá sobre todo en cada paso a nivel que existe a lo largo de la ciudad. De hecho los dos o tres recorridos que hace hoy el tren, para llevar estudiantes a la Universidad Nueva Granada en Zipaquirá entorpecen enormemente la circulación en los pasos a nivel a lo largo de la NQS sobre todo en el paso a nivel de la 100.

Es importante seguir soñando en la Bogotá que queremos, en la que merecemos y la que tristemente nos ha venido siendo arrebatada por la desidia, improvisación y mala gestión de muchos gobernantes en el pasado. No tener un tren hoy en día en nuestro país y estar lejos de un tren de cercanías en Bogotá es el plato roto que estamos pagando por fenómenos como la corrupción administrativa, la falta de planeación, la primacía de intereses particulares frente al interés general y la absurda impaciencia de los ciudadanos que al querer todo para ya permiten que se privilegie la improvisación frente a una adecuada planeación que brinda soluciones efectivas, a largo plazo y sobre todo sostenibles.

Termino esta columna y salgo a comprar ‘mareol’, pues le prometí a mi hija llevarla a montar en tren. Mi esposa nos recogerá en Nemocón pues me dicen que es heroico llegar hasta allá en el tambaleante tren y que el regreso es fatal. Todo sea por el romanticismo y poderle mostrar a mi hija lo que tristemente no tenemos.

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