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Opinión

  • | 2017/07/21 21:03

    Rugido de puma para robustecer el SINA

    Ante la enorme tarea de conservación de selvas y bosques que se propone desarrollar el gobierno para la transición hacia la paz territorial, y con el sol a las espaldas, la restructuración del gabinete del Gobierno tiene una oportunidad de oro para darle un fuerte impulso a la implementación de las recientes políticas del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en cabeza de Luis Gilberto Murillo.

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Para cerrar el ciclo de este gobierno y afinar la puesta en marcha de los decretos para la paz, urgen mecanismos de concertación con comunidades locales y jóvenes de origen campesino, con el fin de concretar estrategias de programas de desarrollo con enfoque territorial. La delimitación de páramos y la puesta en marcha de instrumentos financieros para la conservación están aún en su fase de carpintería. Para pasar de la carpintería a la obra terminada, se necesita meterla la mano a la arquitectura del Sistema Nacional Ambiental SINA.  

Para afinar los decretos, es hora de contar con el conocimiento de comunidades campesinas, pueblos indígenas, afros, pescadores artesanales y excombatientes, de todos los territorios rurales continentales, marinos y costeros. Para esa mega-tarea de intercambio de saberes e investigación- acción participativa, se requieren entidades locales frescas y bien equipadas que apunten a una nueva cultura de paz con la naturaleza.

Estamos ante una oportunidad única para rugir (como el puma) para fortalecer la reforma de algunas entidades del Sistema Nacional Ambiental SINA, dilatada y pospuesta varias veces en tiempos de guerra. Las CARS y las entidades como la Unidad de Parques Nacionales, que tienen a su cargo el manejo de millones de hectáreas, podrán pero con mucha dificultad, acometer las metas de preservación de nuevas Áreas Protegidas. Ante el sonoro rugir del puma se necesita poner la casa en orden para que las Áreas Protegidas no se queden en el papel ni al acecho de malandrines locales que amenazan y asesinan líderes ambientales.  

Actualizar el SINA a las necesidades del posconflicto es una tarea inaplazable que le queda al ministro y sus equipos centralizados, en el crepúsculo del gobierno. Entre esas tareas está, robustecer a Parques Nacionales, débil ante la magnitud de los millones de hectáreas que requieren presencia del Estado. Los cambios que se pudieran adelantar “ last minute” con el apoyo de congresistas comprometidos, serían la base para la próxima campaña de presidenciales independientes de partidos tradicionales desbarajustados. Las curules de tradición no han movido un dedo para desmontar los cacicazgos incrustados en las CARs y sus respectivas juntas directivas.  

La reciente declaratoria de ampliación de las Áreas Protegidas que suma más de 10 millones de hectáreas, lleva a preguntarse cómo, cuánto costará y con quién se van a manejar y proteger esos territorios, cuyas comunidades asentadas allí, pueblos indígenas y afros, campesinos desplazados y grandes latifundios empresariales y ganaderos, cohabitan con unos personajes inescrupulosos y violentos. Los asesinatos de líderes ambientales dan cuenta de esa mano negra que ni el puma los ha podido delatar.  

Con aterradora impunidad, la tarea de conservación de aguas y bosques está amenazadas en varias regiones donde aún es peligroso viajar. Las alertas están asociadas con amenazas a mujeres y hombres,  imponiendo el miedo y la política de terror por la hegemonía territorial. Hasta cuándo? Quien les quita la máscara?

Funcionarios de campo de Corporaciones Autónomas Regionales CARs y de la Unidad de Parques Nacionales que ejercen la autoridad ambiental en estos vastos territorios, se ven en la obligación de lidiar con estos oscuros personajes que buscan imponer su propia ley.    

Si el reto es asegurar mayor eficiencia y capacidad de gestión ambiental territorial, clave para la Reforma Rural Integral, la reforma de entidades enclenques del SINA no da espera. Es la oportunidad para evidenciar ante el mundo que los complejos de páramos y las selvas tropicales de Colombia son  poderosos sumideros de carbono mundial, y que las estrategias nacionales de conservación se tienen que hacer en concertación Estado - organizaciones campesinas, ONGs, excombatientes y empresarios. Con ellos está pendiente la tarea de definir la delimitación real de páramos a una escala manejable localmente, así como los límites a las fronteras agropecuarios, mineras, y desarrollos turísticos.

Estas tareas de concertación con el Estado y en particular con el SINA, deberían atraer jóvenes campesinos, originarios de páramos, tierras templadas y bajas,  de resguardos y territorios colectivos, para modernizar las condiciones de vida en sus tierras de origen. Volverán los jóvenes a labores modernas en el campo?

A nivel del Distrito Capital, el Parque Natural Nacional Sumapaz demarca el filo de las vertientes Magdalena y Orinoquia- Amazonia y la conectividad existente entre las dos vertientes de la Cordillera Oriental. Descubrimos un parque de múltiples climas, desde la alta montaña Andina hasta las tierras templadas y cálidas de la Orinoquia-Amazonia y la cuenca del Magdalena. Hay allí pocos jóvenes campesinos que mantienen la tradición agropecuaria familiar. Estos jóvenes, de la generación del cambio climático, harían una labor sin precedentes repoblando veredas, activando y manejando un turismo comunitario con estándares internacionales, con el apoyo de las CARs, la Localidad 20 del Sumapaz, Gobernaciones y Parques Nacionales.

Magna tarea para jóvenes que quieran desarrollar el agroturismo y fomentar expediciones científicas del siglo XXI, que incluyan la modernización del campo con la puesta en marcha de energías renovables en zonas no interconectadas, visitas guiadas por senderos delimitados, en asocio con el Ejército, ahora en tiempos de no agresión. Con el rugido y el sigilo de un puma andino, como los que se avistan en esas altas montañas y en las tierras bajas del Parque Nacional Sumapaz- Cruz Verde, en jurisdicción del Distrito Capital, se podrían actualizar las investigaciones científicas y revisar la arquitectura y funcionalidad de entidades del Sistema Nacional Ambiental, en el post- acuerdo.

Hoy es loable la tarea de Parques Nacionales pero se realiza en ínfimas condiciones de seguridad y sin personal suficiente para tamaña labor de conservación y coordinación interinstitucional.

Será que el gobierno “ambientaliza” al Congreso para facilitar las tareas estratégicas de Parques Nacionales y se da la pela para la reforma estructural de las CARs y sus juntas directivas en lo queda del gobierno?

Los funcionarios del SINA están ejerciendo un tímido “control” sobre corredores biológicos que conectan la zona Andina con la Amazonia, la Orinoquia y el Choco biogeográfico, sin armas ni protección especial. Esta situación recuerda las épocas en que el Profesor Van der Hammen y un grupo de científicos expedicionarios, realizaron estudios en las tres cordilleras, en el Amazonas y en la Sierra Nevada de santa Marta, con el proyecto EcoAndes. Una nueva expedición, con la importancia científica del Transecto Sumapaz de 1981, entre otros, serian la mejor manera de saber hoy cuál es el estado real de los ecosistemas estudiados, cuarenta años después. Esta actualización daría luces sobre las dificultades del SINA en cada región, identificar y avanzar en el logro de metas del Acuerdo de Paris y de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS.

En el reciente Congreso Internacional de Paramos y Ecosistemas de Alta Montaña, realizado con el apoyo del gobierno suizo, se abrió el debate nacional a un ámbito latinoamericano. Invitados de varios países con paramos y problemáticas similares de alta montaña, jóvenes urbanos y de origen campesino, soldados del Ejército y en particular de los batallones de alta montaña, llenaron las salas y enriquecieron la discusión de campesinos que reclaman concertación.

Estos reclamos vuelven a poner en evidencia las debilidades del SINA frente a la microcefalia del Ministerio de Ambiente ante la magnitud de las tareas y las debilidades de la mayoría de las autoridades ambientales en las regiones, comprometidas con la conservación en el post-Acuerdo.

Es hora de desempolvar los estudios científicos liderados por el Profesor Thomas Van der Hammen en los Transectos, publicados en la serie de EcoAndes, e invitar a nuevas expediciones universitarias con campesinos conocedores de sus regiones, para estudiar y dar a conocer internacionalmente la riqueza y vulnerabilidades del trópico colombiano del siglo XXI.

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