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Opinión

  • | 2014/01/11 00:00

    Un régimen salarial “minimalista”

    Santos logró que mientras en 1990 los congresistas percibían 14 veces el salario mínimo, hoy, para que sepan porqué debe ser reelegido, ganen 42 veces más.

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“Somos el país que más crece”, dice El Tiempo que dijo el presidente Santos que decían las cifras. Y los banqueros y empresarios ríen eufóricos y jactanciosos. ¡Qué buen gobierno! Pero ni El Tiempo ni Santos mencionan en detalle y con mayor frecuencia en qué otras cosas crece ese mismo país: ¿en desigualdad? ¿En violencia? ¿En corrupción? ¿En injusticias? ¿En desplazamientos? ¿En desmanes de la policía contra los civiles? ¿En barbarie de las bacrim? 

“La economía colombiana creció 5.1 % en tercer trimestre”, nos lo comunican de nuevo, ufanándose. Por lo tanto, concluye el Presidente, estamos en condiciones de darle a los más de 1.8 millones de trabajadores colombianos el mejor regalo de navidad cerrando el año “con broche de oro”, incrementándoles su salario mínimo para el 2014 en $26.587 mensuales, o sea, $886 diarios. 

Y para sublimar la fantasía, va el refuerzo mediático: “El salario mínimo ha ido ganando músculo. La subida, por encima de la inflación, ha ampliado el poder adquisitivo en los últimos años”. Y un doctor que sí sabe de eso, nos suelta esta chiva: “Con la inflación causada 1,94 % para el 2013  y el incremento en los salarios del 4,5 % salieron ganando los trabajadores”.

¡Uff, qué chimba de noticia, parce!

A los empleados y trabajadores, en contravía de banqueros y empresarios que gozosos aplauden, no les queda más remedio que rabiar en silencio. Y con todo, el Presidente reeleccionista insiste: “Es histórico el acuerdo del salario mínimo para 2014 por justo, equilibrado y conveniente”. 

El minimalismo ha desbordado las expresiones artísticas para instalarse cómodo ahora en nuestro régimen salarial.  

Pero tanto el Presidente, como su bien lubricada maquinaria mediática, se hacen los de la oreja mocha cuando la gente protesta porque dos o tres semanas después del anuncio, las alzas en los alimentos, educación, arriendos, salud, vestuario, transporte, gas, luz, agua, teléfono, y todo lo demás que se requiera para sobrevivir, están haciendo que el tal aumento salarial no pase de ser un espejismo, logrando que el poder adquisitivo de los “gratificados” festejantes navideños regrese a los niveles del año anterior. En conclusión, lo que vamos es como el cangrejo, para atrás… y cada día peor. 

Pero qué quejadera, hombre, gruñen los privilegiados. Ahora los inconformes y revoltosos de siempre nos salen con el flojo argumento de que, ¿por qué pasándose por la faja lo determinado por el Consejo de Estado el Presidente elevó en un 50% -alrededor de 8 millones de pesos-, el salario a más de 2000 altos funcionarios de las tres ramas del poder público, incluidos, naturalmente, los abnegados Padres de la Patria? 

¡Como si la diferencia fuera mucha entre un 4,5 % para los trabajadores y un 50 % para la cúpula estatal! 

¿Qué tiene, acaso, que un congresista cuya función no es otra que acoger las iniciativas del gobierno para el feliz suceso de sus políticas, con sus 25 millones de pesos mensuales devengue 42 veces más que lo percibido por un “simple” obrero? Es que el presidente Santos está demostrando que su generosidad es mucho mayor que la de sus antecesores logrando el milagro de que mientras en 1990 los parlamentarios se embolsaban 14 veces el salario mínimo, hoy, por cuenta suya y para que sepan porqué lo tienen que reelegir, ganarán 42 veces más. 

¡Cipote envión, compa! Si esto no es prodigioso y alucinante, ¿entonces…?  

¿Por qué al salario del trabajador se le denomina con tanto énfasis como “mínimo”, mientras al de los encopetados del poder público, ministros, magistrados y congresistas, jamás se le establece un techo que no sea permeable al vaivén de los intereses presidenciales?  Porque es que el mínimo, llamado así despectivamente, y manipulado desdeñosamente como tal, lo será por siempre “mínimo”. La ley lo dice y el gobierno no puede quebrantarla. 

Cada diciembre de todos los años se nos aparecen con el “coco” de la inflación y de que es el salario del  trabajador quien la genera, lo que iría en perjuicio del mayor empleo y de las utilidades de los grandes empresarios privados. Pero el fenómeno inflacionario originado por las multimillonarias sumas obtenidas por los amos y señores de la economía nacional -economía a la que se refiere el gobierno cuando muestra cifras “halagadoras”, no a la de los más de 40 millones de colombianos- ni se menciona. El peligro para ellos consiste en que si se mejora con alguna largueza justiciera la remuneración de la fuerza de trabajo, la economía, ¡su economía!, se va al traste. 

Y es que mientras le hecho cabeza al re-chimbo cuentico de sacrificar salario por más empleos, me encuentro por ahí una notica que desnuda su “genial” política: “Este año disminuyeron los costos en la nómina de los empleadores y ya no deberán cancelar el 8.5 por ciento de aporte de salud por cada trabajador. La medida se suma al desmonte de los parafiscales ocurrida en 2013. Es de recordar que el aporte a salud era de 12.5 por ciento (8.5 el empleador y 4 por ciento el trabajador). Ahora, los empleadores ya no pagarán. aunque los trabajadores continuarán aportando el 4 por ciento como venía siendo”. 

Y en este punto, uno no puede dejar de recordar la perversa Ley de Flexibilidad Laboral del expresidente Uribe, sí, el mismo de la Ley 100 y de tantas otras atracadoras argucias para favorecer al capital a costa de la clase trabajadora. 
 
No veo, pues, cómo con salarios bajos e ingresos exiguos para el 90 % de la población de un país, gobierno alguno pueda celebrar el auge de la economía sin lastimar en lo material y moral a esa misma población. ¿Cuál equidad puede existir en una sociedad como la nuestra con semejantes abismos entre una ultra privilegiada minoría y una inmensa mayoría golpeada y resignada? ¿Qué desarrollo social armónico y justo puede arrogarse una nación cuyo primer mandatario vocifera constantemente sobre los éxitos de la economía cuando sabemos que sus referencias están limitadas a los resultados del suprapoder económico y financiero, el mismo que lo sostiene a él en el poder?

guribe3@gmail.com
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