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Opinión

  • | 2011/05/01 00:00

    Salud, dinero y ...

    Con el tiempo, el curador urbano que le otorgó las controvertidas licencias a Saludcoop se convirtió en dirigente empresarial del sector salud.

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Algún lector perspicaz tal vez advierta que en esta edición de SEMANA dedicada a las empresas más grandes del país no aparece Saludcoop. Y no es que la colosal cooperativa de la salud haya salido del cuadro de los gigantes. Lo que realmente sucede es que sus directivos no quieren que se conozca públicamente la información sobre la dimensión de sus negocios.

Desde cuando unas poquísimas -y solitarias- voces empezaron a preguntarse por qué el grupo Saludcoop crece y crece mientras el sector salud se sume en un abismo insondable, la EPS más grande del país optó por bajar el perfil.

Quizás así logren que todos se olviden de las investigaciones que le han abierto a Saludcoop en su exitosa historia sin que nada suceda.

Que había usuarios fantasmas en sus registros de cobro al Estado, y nada. Que según la DIAN evadían impuestos por miles de millones de pesos, y nada. Que usan para sus inversiones particulares la plata que el Estado les entrega para los usuarios de la salud, y nada. La última denuncia menciona sobrecostos en medicamentos por más de 800.000 millones de pesos, y nada.

O mejor dicho, sí: el único resultado es que Saludcoop ha aumentado casi 200 veces su tamaño desde su fundación y ha logrado controlar a través de empresas satélites desde el nacimiento hasta el funeral de sus clientes, que ya llegan a cinco millones. Muchos más de los que llegó a tener el Seguro Social en su mejor época.

Saludcoop es un jugador duro que opera también bajo los nombres de Cafesalud y Cruz Blanca. Tiene bajo su propiedad o control una red de clínicas y hospitales que le permite pasar la plata de un bolsillo a otro, convirtiendo aquello del 'control de la integración vertical' en letra muerta.

A empresas controladas por cooperativas de su propia órbita les contrata servicios médicos, suministros hospitalarios, comida para enfermos, medicamentos, lavandería, cirujanos, enfermeras, trabajadores de servicios generales, vigilantes y abogados. Tiene incluso un instituto para aprender a jugar golf, un deporte de multitudes que, sin duda, ayuda mucho a la salud de quienes lo practican.

El nacimiento de este imperio se ha dejado sentir con fuerza en un sector del norte de Bogotá, en la calle 108 a ambos lados de la autopista.

Una zona de la capital es hoy tierra de Saludcoop. Los vecinos se han cansado de denunciar que no respetan las normas, que usan el espacio público como corredor de ambulancias y área de negocios.

Ese reordenamiento para beneficio de unos particulares tuvo su génesis en 1998 en unas controvertidas licencias otorgadas por el entonces curador urbano Jaime Barrero Fandiño.

Curiosamente, con el tiempo el arquitecto de la Universidad Nacional Jaime Barrero Fandiño dejó la Curaduría y se convirtió en dirigente empresarial del sector salud.

Esa vocación tardía y una asombrosa cadena de coincidencias han llevado al otrora curador a ser miembro de la junta directiva y presidente del directorio de Cafesalud.

Por fortuna, el arquitecto Barrero Fandiño no ha dejado del todo su profesión. Hace un tiempo encontró en el Piedemonte Llanero un lugar para desarrollar sus habilidades como diseñador y constructor.

Allí levantó un magnífico hotel, llamado Villa Valeria Suites. El complejo se promociona como uno de los mejores campos de golf de Colombia, con 18 hoyos par 72, pitching y chipping green con 72 trampas de arena. Las 198 suites de lujo han alojado a muy ilustres visitantes.

El socio del excurador en este proyecto es el presidente de Saludcoop, Carlos Gustavo Palacino Antía. Hace un año, cuando le pregunté al doctor Palacino si se trataba de un negocio de Saludcoop, me aseguró que no, que Villa Valeria era una inversión suya y de su familia.

Debe pagar bien Saludcoop si su gerente puede hacer semejantes inversiones.

Lo que no se puede negar es que Palacino es un visionario. Al lado del hotel construyó una urbanización cuyas casas les han parecido un espléndido negocio a algunos proveedores de Saludcoop que se han apresurado a adquirirlas antes de que paren las ventas… o las compras.
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