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Opinión

  • | 2011/01/11 00:00

    Salvemos la casa de Meira Delmar

    Después de su partida, la casa de Meira ha quedado desolada. Sus familiares se han visto en la necesidad de ponerla en venta.

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La última vez que vi a la poeta Meira Delmar fue en una entrevista en A las 11 por Telecaribe. Ernesto McCausland se notaba entusiasmado, como si frente a él posara una deidad. Su excitación se fugaba en cada pregunta y las palabras de Meira eran como el mar que tanto amó.

Las confesiones de la poeta me arroparon con algo que sólo comprendí días después. Se estaba muriendo y se despedía de mí en ese momento. Sin saberlo ella. Sin saberlo yo. Sin conocernos. Meira se despedía de todos.

El problema de los poetas es que habitan entre los vivos como si fueran parte de ellos. La angustia de la partida de seres que parieron tantas veces sobre esta tierra, se trata justamente de eso, quién parirá por Meira ahora. Nadie. Entre las grandes mujeres de las letras, ya ninguna será Meira Delmar.

En aquella entrevista contó la historia del invaluable regalo que le hizo Gabriel García Márquez. Ante las limitaciones en la visión de Meira y su incapacidad para leer, el Nobel le regaló un lector a la poeta. Una muestra del generoso afecto que sentía Gabo por ella, o tal vez una terca idea que se oponía a que Meira se fuera alejando del mundo.
En la entrevista, Meira insistió en revelar sus amores y otras pasiones, tan confesionales en sus textos, con una insoportable nostalgia que me hizo llorar sin lograr contenerme. Tuve vergüenza. No entendí por qué salían tantas lágrimas de mis ojos. Días después murió la poeta.

Han pasado casi 2 años desde su muerte y vuelve sobre mí el mismo intenso llanto. Ahora tengo en mis manos una desesperada, pero contundente carta dirigida al gobernador del Atlántico, Verano De la Rosa, y al alcalde de Barranquilla Alejandro Char. Entre los más de 600 firmantes se encuentran personalidades de la cultura como Juan Gossaín, Alberto Salcedo, William Ospina, Roberto Burgos Cantor, Oscar Collazos, Giovanny Quesseps, Rafael Bassi, Sara Cecilia Nueman y Álvaro Suescún. Todos, con vehemencia, haciendo una solicitud que debe ser respondida de la única manera como la cultura lo exige: Sin darle la espalda.

Después de su partida, la casa de Meira ha quedado desolada. Sus familiares se han visto en la necesidad de ponerla en venta. La carta a la que hago referencia, ha sido copiada a la Ministra de Cultura, y en ella se propone explorar fórmulas para adquirir el inmueble con aportes del distrito, del departamento, de universidades y entidades del orden nacional, entregarla en comodato a una fundación con fines culturales y declararla patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad.

El punto es ¿Qué sentido de cultura habita en la cabeza de nuestros mandatarios? ¿Entenderán que un homenaje a Meira no se consigue con un maratón de sus poesías, y que cuando se tiene el poder de lo público se deben tomar medidas urgentes que involucran recursos? La cultura de los pueblos será lo único que permitirá ser indelebles. La voluntad política de nuestros gobernantes será determinante para que la casa de la poeta no termine convertida en un motel, en una peluquería o lo que es peor, en una oficina bancaria.



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