Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/10/16 00:00

SAMPER A LA OFENSIVA

Con la sorpresiva aceptaciòn de Villamizar el paìs tiene zar antisecuestro, y el Presidente, un trofeo polìtico de amplios quilates.

SAMPER A LA OFENSIVA

SAMPER ESTA PELEANDO. YA NO ES EL gordo, bonachón, querido que era, sino un dirigente duro, curtido y agresivo que no está dispuesto a que lo capen sentado (perdonarán ustedes la expresión pero no encontré ninguna más gráfica) y para eso está utilizando el poder en pleno, con una fórmula clásica que no tiene mayor misterio: zanahoria para los indecisos, garrote para los enemigos.
En los últimos días, por ejemplo, ha logrado despejar uno de los nubarrones más negros que se cernían sobre su estabilidad política: la renuncia de Gloria Pachón, embajadora en Francia, que habría significado para el gobierno un delicado distanciamiento de la familia de Luis Carlos Galán, con todo lo que eso puede significar como censura moral cuando el Ministro de Salud del régimen es su propio hermano, y el Fiscal, su primo hermano.
Todas las apuestas indican que tal renuncia efectivamente se presentará, más pronto que tarde, por la simple razón de que la viuda de Luis Carlos Galán no puede ser embajadora de este gobierno. Pero ya no producirá, ni de lejos, el efecto que podría haber causado en su momento, gracias a una ingeniosa jugada del Presidente: haber enganchado a Alberto Villamizar, cuñado de Gloria y esposo de su hermana Maruja Pachón, como alto funcionario de este gobierno.
Con la sorpresiva aceptación de Villamizar ahora el país tiene zar antisecuestro, y el Presidente, un trofeo político de amplios quilates.
Algo semejante, e igualmente útil, ocurrió con el cabezazo de haberle ofrecido el viceministerio de Agricultura a doña María Clara Betancur, hija del ex presidente.
Es cierto que la amistad de Belisario y de Samper data de años atrás, apenas afectada por distanciamientos polìticos ocasionales.
Sin embargo, nada más útil en medio de la agonía de Samper que una foto suya al lado del ex presidente Betancur, como tuvo la oportunidad de tomársela durante la posesión de la viceministra, ambos muy orondos y sonrientes. La inesperada alianza política que insinúa la coincidencia gráfica de los personajes no tiene precio para el gobierno.
Y hablando de zanahoria, que averigue Sherlock Holmes si son ciertas las que dicen que le están ofreciendo a don Heyne Mogollón, presidente de la comisión de acusaciones de la Cámara. Al fin y al cabo, el poder da para todo.
Hasta para dar garrote, como el que le están dando a Noemí Sanín. Es increíble que una política tan sagaz como ella hubiera caído en el ingenuo error de viajar a la cumbre de mujeres en Pekín. Creyó que no ir en representación del gobierno colombiano sino invitada por el gobierno chino, la protegería de la avalancha de nuestras compatriotas.
Pero la tenaza de la ministra Cecilia Lòpez y de la congresista Piedad Córdoba estaba bien preparada. Las 'pequinesas', como se les dice ahora picarescamente, no iban dispuestas a distinguir si Noemí estaba en Pekín por una cosa o por la otra, sino a pasarla por la licuadora sin pretexto o con él. La prueba es que la ministra López Montaño aceptó en declaraciones radiales que "no le constaba ni había oído nada" de lo que supuestamente dijo Noemí. Pero que ella, la Ministra, se sentía en la necesidad de defender a su país y a su Presidente contra lo que no le constaba ni había oído, raro, ¿no?
Y como si el éxito de la política de la zanahoria y el garrote fuera poco, algunos errores de Samper, que tendrían que estar perjudicándolo, le están ayudando poderosamente.
Es el caso de las excentricidades de Cancino, las imprudencias verbales de doña Jacquin y la incondicionalidad del columnista D'Artagnan.
En cuanto al abogado Cancino, que escandaliza a la clase dirigente por desabrochado, lenguaraz y decano tinterillo, ha logrado colocar al país en medio de una especie de lucha de clases en la que los de arriba lo desprecian y en cambio a los de abajo, no sólo les cae en gracia, sino que le creen. Su mensaje ha sido lo suficientemente frentero como para que lo capte una amplia zona de la opinión: "... aquí todos estamos untados. Hasta Gaviria, que dejó escapar a Pablo Escobar...", sostuvo recientemente el controvertido abogado.
La primera dama, por su parte, que habla ya de frente de ganar guerras contra los medios, y que reconoce francamente que le gustan las joyas y que ha recibido varias regaladas, deja entre las amas de casa la impresión de ser una señora legítimamente indignada, contra quien existe un claro ánimo revanchista de los enemigos políticos de su marido.
Y en cuanto a Roberto Posada D'Artagnan, a ningún gobierno le sobra un columnista incondicional especializado en hacer maromas, como la de inflar políticamente a María Mercedes Cuéllar para desinflar a Noemí, o alabar a Turbay para degradar a Gaviria.
Este, claramente, es un gobierno en guerra. Y lo malo de los gobiernos en guerra, es que generan un país en bronca.

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