Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1990/09/03 00:00

SAN EMILIANI

SAN EMILIANI

HONORABLES REPRESENTANTES:
En vista de que ustedes son autores de un proyecto de ley que nuevamente pretende acabar con los fabulosos "lunes Emiliani", con el argumento de que es mejor que los colombianos descansemos menos y ganemos más, me parece llegada la hora de meterle dientes al tema parademostrar, de una vez portodas, que la Ley Emiliani ha sido calumniada, que es excelente y que, al contrario de lo que comúnmente se ha dicho, más que perjudicar la continuidad laboral, la facilita.

Tres veces tuvo el senador Raimundo Emiliani que presentar su proyecto de ley 51 del 83, hoy artículo 177 del Código del Trabajo, que algunos empresarios colombianos consideran una absoluta "vagabundería". Irónicamente, las centrales obreras creyeron inicialmente que la propuesta del senador Emiliani era una amenaza para sus intereses y que se trataba de una ley de claro corte patronal, porque precisamente tendía a suprimir los puentes. Es decir, a que cuando una fiesta cívica o religiosa cayera en la mitad de una semana, como es el caso de ésta, en la que el festivo del 7 de agosto cayó en martes, el país entero no se tomara de contrabando también el lunes.

"Puente", y por eso los lunes Emiliani no son exactamente un puente, es lo que permite el paso entre dos puntos desconectados entre sí. Al suprimir la posibilidad de que hubiera fiestas entre semana, "ensandwichadas" entre días laborales, las centrales comprendían que realmente estaban perdiendo la posibilidad de descansar "de ñapa".

Por este motivo el senador Emiliani hizo una concesión: incluir en su proyecto que también se pasarían a lunes las fiestas que cayeran en domingo.

Este, que se considera el gran pecado de la ley Emiliani, Honorables Representantes, es un pecadillo venial insignificante. Este año, por ejemplo, no hay sino una sola fiesta que, cayendo inicialmente en domingo, pasa a lunes. Habrá años en los que haya más, y los habrá en que no haya ninguno. Pero en una proyección de diez años sólo se da este caso en nueve oportunidades, lo que significa una incidencia menor a una vez al año.

Lo que sí no se puede dejar pasar por alto es el curioso argumento central de su proyecto de ley, Honorables Representantes. Dicen ustedes textualmente: "La aplicación del "vveekend"(sic) vacacional, empujará a muchos padres trabajadores hacia ciudades recreacionales, significando mayores ingresos para estos centros turísticos pero al costoso precio de aumentar los gastos de todo padre de familia que tendrá que verse privado de satisfacer otras necesidades más prioritarias por complacer en tan largas vacaciones a sus hijos que los van a presionar a que los saquen de viaje a un buen hotel de turismo".

De llegar a prosperar este proyecto de ley, se inauguraría en la legislación colombiana una curiosa modalidad, hasta ahora inexistente: la de que a los trabajadores hay que protegerlos contra la extorsión de sus familias.

Pero además, si un trabajador colombiano resuelve llevar a sus hijos a Melgar, distrayendo sus ingresos de una necesidad más prioritaria, como pagarles las matrículas de los colegios o darles de comer, no necesitaría que le aplicaran el Código del Trabajo sino algo más drástico, como el Código Penal.

Se les olvida además, Honorables Representantes, que la industria turística, aquí y en cualquier país del mundo, tiene tantos trabajadores como las demás, por lo que tampoco es conveniente hacer leyes que protejan a las familias colombianas contra la tentación de salir a descansar a otra ciudad.

Pero usan ustedes este argumento: "Si a los fines de semana agregamos el descanso del lunes siguiente, por lo menos en diez semanas de las 54 (sic) que tiene un año, tendremos el perjudicial efecto de que nuestros trabajadores regresarán los martes a sus oficinas o fábricas imbuidos del prolongado fin de semana vacacional, que lo inducirán (sic) a tampoco trabajar con ganas en los días restantes".

Este precario argumento, que significa que los trabajadores colombianos trabajan bien cuando descansan dos días, y mal cuando lo hacen tres, tampoco convence.

Habría un último punto. Los congresistas tienen la semana laboral más corta del mundo porque sólo consta de tres días. Cuando los congresistas supriman su versión de los lunes y viernes Emiliani, es decir, que trabajen en el Capitolio también estos dos días, que ellos se han tomado por la derecha, sin necesidad de una ley que se los regale, quizás adquieran el derecho de tocar el tema.

Honorables Representantes Vivas Menotti y Navarro Mojica: cojan oficio.

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