Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2003/05/12 00:00

¿San George W. Bush?

Al beatificar a unos cuantos "caídos por Dios y por España", el papa Juan Pablo II está volviendo a tomar partido por los militares franquistas

¿San George W. Bush?

El papa Juan Pablo II condenO esta guerra de Irak. El hecho llamó mucho la atención, pues probablemente se trata de la primera guerra que ha condenado un Papa. No desde sus mismos orígenes (al contrario: hubo tres siglos de expansión pacífica de la doctrina de amor de Jesucristo), pero sí desde su alianza con el poder político en tiempos del emperador Constantino, la Iglesia de Roma ha sido una institución inclinada a la violencia: diecisiete siglos bendiciendo guerras. Fue precisamente un Papa de hace mil años, Urbano II, el que acuñó la justificación que ahora utiliza el presidente Bush para su guerra universal contra el terrorismo, de la cual la destrucción de Irak es sólo un episodio: "A un lado, los enemigos de Dios. Al otro, sus amigos". Al grito de "Dios lo quiere" el papa Urbano desató esa primera embestida del Occidente cristiano contra el resto del mundo que luego iba a llamarse la Primera Cruzada: el modelo de todas las demás. El presidente Bush ha dicho que ésta es otra. Luego retiró la palabra, pues le dijeron que traía malos recuerdos en los países del Islam, y se transó por la definición de lucha "entre el bien y el mal". Pero como Cruzada del Occidente cristiano la siguen entendiendo sus víctimas: los afganos machacados, los iraquíes conquistados, y los que esperan su turno: sirios, iraníes, etc. Así la entienden también los aliados de Bush. Por eso un católico practicante como Federico Trillo, miembro del Opus Dei y ministro de Defensa del gobierno español, descartó la asombrosa condena del Papa a la guerra diciendo que en este caso la admonición del Pontífice "no es vinculante" para los católicos. Se puede estar con la guerra y con Bush, que será protestante y lo que quieran, y esa cosa fanática que en los Estados Unidos se llama "cristiano renacido" (new-born christian), pero es, sin duda, "amigo de Dios". Intimo. También el propio Papa olvidó pronto sus veleidades pacifistas. No volvió a mencionar la guerra de Irak, y en cambio viajó a la España aliada de Bush para proceder a la beatificación de unos cuantos nuevos beatos, curas y monjas españoles. Este Papa ha beatificado y canonizado a tantos beatos y santos como todos sus predecesores sumados; y todos, sin excepción, han sido curas y monjas: ni un seglar. Aunque, según se ha anunciado, está a punto de hacer una excepción a su propia regla para la canonización de Isabel Primera de Castilla, cuyo proceso está muy avanzado: esa reina guerrera que conquistó los restos de la España musulmana, ejecutó o expulsó del país a los moros y a los judíos, organizó la Inquisición para castigar a los sospechosos de seguir siéndolo y ordenó la evangelización forzosa de la recién descubierta América; esa reina de Cruzada que, por todos esos señalados servicios a la Iglesia, mereció ser llamada Isabel la Católica. En el caso de las más recientes beatificaciones algunos de los escogidos, además de ser curas, eran mártires. Mártires de la guerra civil española de 1936. Y todos ellos de un mismo bando, el de los franquistas. Pues aunque también hubo curas -especialmente en Cataluña y el País Vasco- que durante esa guerra permanecieron en el bando leal a la República y fueron asesinados o fusilados luego por los vencedores, por lo visto en opinión del Papa ninguno de ellos tenía madera de mártir. No murieron por la fe, sino por la justicia, que es distinto. Es más: estaban del lado de los "enemigos de Dios" porque, en su momento, los obispos españoles proclamaron "Cruzada" la guerra de Franco, con la aprobación, o al menos el silencio, de los papas Pío XI y Pío XII. Al beatificar a unos cuantos "caídos por Dios y por España" y no mencionar siquiera a las víctimas del otro bando de aquella guerra civil el papa Juan Pablo II está, tácitamente, volviendo a tomar partido por los militares sublevados de entonces: el alzamiento de Franco sigue siendo una Cruzada. Y con ello el Papa está borrando con el codo lo que escribió con la mano al condenar la guerra contra Irak; y mostrando que -como lo dio a entender el ministro de Defensa del Opus- esa condena había sido sólo un mero lapso de distracción senil en una historia milenaria de bendición de armas. Falta la canonización de Franco. Ha sido propuesta, sí, pero está atascada en Roma. Tiene el defecto, claro, de que fue laico. Pero si en el cada vez más hinchado santoral cabe la reina llamada "la Católica", también hay sitio sin duda para el general que se llamó "Caudillo de España por la gracia de Dios". Y, ya en eso, cabe también el presidente Bush, que con ellos comparte no sólo el espíritu de Cruzada sino el hecho de haber llegado al poder de manera irregular: la una usurpó la corona de su sobrina Juana, heredera legítima; el otro se alzó en armas contra el gobierno legal; el tercero hizo fraude en las elecciones. Bush es además, como el dictador y como la reina, "amigo de Dios" en el sentido papal de la palabra. ¿San Bush? Sí, ¿por qué no? Ya lo hemos visto de casco de combate, como su tocayo San Jorge, alanceando a un dragón.

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