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Opinión

  • | 2014/06/17 00:00

    Por qué ganó Santos

    Analistas indican 14 razones por las que el presidente fue reelegido para otros cuatro años más.

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La que se preveía como una campaña electoral sosa y aburrida terminó siendo de vértigo y definiéndose en las urnas como hacía muchos años no sucedía; las razones de la derrota del uribismo son varias:  

1) Porque Santos en las últimas semanas recibió el apoyo casi unánime del empresariado, entre ellos Luis Carlos Sarmiento Angulo, presidente del Grupo AVAL; Jorge Londoño, presidente de Bancolombia; Pedro Gómez; Nicanor Restrepo un notable paisa que siempre apoyó los procesos de paz y que fue durante muchos años presidente del Sindicato Antioqueño hoy Grupo Empresarial; junto a él los presidentes y directivos de las mayores empresas del país dieron a conocer  un documento mesurado apoyando el manejo macroeconómico del gobierno y del proceso de paz.

2) El efecto de optimismo de los triunfos deportivos colombianos tanto en el Giro de Italia como la presencia de la selección de fútbol en el mundial después de 16 años y su debut triunfador frente a Grecia; la gente quiere sentarse cómodamente apoltronada en un sillón, a ver los partidos del fútbol que son su pasión y olvidarse de la guerra que promueven Uribe y Zuluaga.

3) La laureanización de Zuluaga en el aspecto del talante, a pesar de que este resultó ser mejor candidato de lo que se pensaba, porque remontó las encuestas y sobretodo por el logro de su victoria en la primera vuelta que lo catapultó como un candidato ganador. Sin embargo, en la recta final se hizo omnipresente como nunca el talante camorrero de su mentor el expresidente Uribe. Terminó afectado por el fenómeno que le impidió ser presidente a Álvaro Gómez Hurtado, la sombra ominosa de su padre, que siempre pendió sobre sus candidaturas y esto a pesar de que el país le reconoció ser el hombre del acuerdo sobre lo fundamental que se plasmó en la Constitución del 91. La campaña fue adquiriendo progresivamente un tono agresivo y belicoso, representando claramente el espíritu pendenciero del Uribe.

4) La conducción de la campaña por parte del expresidente César Gaviria después de la primera vuelta logró movilizar todo el aparato de la Unidad Nacional, de sus partidos y de los caciques regionales en apoyo de la campaña de Santos. Esto tiene que ver además, con la capacidad de un presidente en ejercicio en la campaña de su reelección de movilizar recursos y en parte, el aparato del gobierno en su beneficio. Necesariamente como el presidente Santos ya lo ha planteado, hay que eliminar la posibilidad de la reelección presidencial como lo preveía la Constitución de 1991.

5) El apoyo del Polo, los Verdes, Progresistas, sindicatos, indígenas, afros y otros sectores democráticos. Santos logró lo que parecía imposible,  que todos sus contradictores de 2010 se volcaran en su apoyo, Antanas Mockus, Clara López, Claudia López, Aída Avella, Sudarsky, DeRoux, Petro, César Gaviria, Navarro, Cepeda y en general toda la intelectualidad de la política preocupada por el rumbo del país; particular significación tuvo el apoyo de Clara López más allá del discurso por la paz. El rechazo al regreso del uribismo creó además una movilización de alerta en sectores de pensamiento liberal, de la opinión, de la intelectualidad, de la iglesia, en defensa del Estado Social de Derecho y de la Constitución de 1991.

6) Se equivocó Álvaro Uribe al demostrar sin tapujos su  desprecio por las instituciones. La burla a la Fiscalía con su mofa de la embolada en lugar de mostrar las pruebas que decía tener contra supuestos dineros mafiosos en la primera campaña de Santos, el intento de dividir a las fuerzas militares sembrando una campaña engañosa sobre las negociaciones de La Habana, aunado a los hacker que “chuzaban” hasta al propio Pacho Santos, a las reuniones con los neonazis de algunos alfiles uribistas, a los trinos agresivos y desafiantes de José Obdulio y la Cabal; errores que le permitieron a Santos mostrase, en contraste, como el candidato respetuoso de las instituciones. 

7) Santos se benefició del temor de las ONGs, defensores de derechos humanos y amplios sectores de opinión, que mostraban el regreso del uribismo como una amenaza muy concreta: la sensación de persecución con métodos ilícitos a la oposición, el autoritarismo y el talante dictatorial del uribismo que frente a los falsos positivos tuvo la desfachatez de afirmar sin escrúpulos “no sería porque estaban cogiendo café”.

8) El síndrome Galtieri en Argentina  o Papadopulos en Grecia al utilizar y estimular conflictos externos para conseguir apoyos políticos en el interior del país. Al final del último gobierno de Uribe, estuvimos a punto de una guerra con Venezuela y en la actual campaña presidencial del uribismo en cabeza de Óscar Iván Zuluaga, se ha amenazado nuevamente a Venezuela y además a Ecuador y a Nicaragua. Los colombianos no queremos más guerras en el interior ni mucho menos contiendas con los países vecinos.

9) El lenguaje apaciguador de Santos y su capacidad para negociar con todo el mundo caló en grandes sectores de los votantes. Santos se ha equivocado en el manejo de la protesta social, como en caso del paro agrario pero nunca llegó a los extremos de Uribe en la demonización de la opinión política y social, incluso ha emprendido rectificaciones durante la campaña, como sucedió con los acuerdos de la mesa nacional agraria e igualmente con el movimiento estudiantil de la MANE; ese carácter lo mantuvo durante los debates televisados que contrastó con la  actitud agresiva de Zuluaga no solo en los debates, sino en las  propagandas y en las redes sociales.

10) La apuesta de Santos por la paz a través de la negociación política con las FARC y ahora con el ELN, ha puesto límites claramente diferenciados con el uribismo; i) al reconocer la existencia de un conflicto armado interno; ii) al manifestar con la ley 1448 de víctimas y restitución de tierras, la voluntad del Estado de reparar el sufrimiento de la población civil en la guerra; iii) al apostar por el fin de la guerra a través de la negociación política con la guerrilla.  Nunca habíamos estado tan cerca de un cierre definitivo al conflicto interno armado de más de 50 años. El uribismo se ha mantenido tercamente en la lógica y en la apuesta por la guerra y en preferencia por la venganza en lugar de la reconciliación.

11) Más de 200 años de Constituciones Políticas también pesan en la tradición institucional de Colombia: a pesar de las dictaduras de Melo, Mosquera, Reyes y Rojas Pinilla,  Colombia  ha mantenido un respeto por su marco constitucional. Uribe al modificar “el articulito” que permitió la reelección presidencial, creó un hecho que alertó a la oposición sobre su intento de perpetuarse en el poder y rompió el balance de pesos y contrapesos previsto en la Constitución de 1991 para un régimen sin reelección inmediata.  Se puede decir que hubo una reacción de la conciencia institucional y democrática del país en contra de esas previsiones. 

12) La crisis de derechos humanos producida por el largo y degradado conflicto armado interno en Colombia nos ha conducido al peligro de la desintegración nacional.  Durante las últimas décadas la aparición de amplios sectores medios con conciencia democrática, el trabajo incansables de las ONGs de Derechos Humanos y las campañas de alerta de las organizaciones internacionales de derechos humanos, han logrado subrayar la urgencia de acordar el fin del conflicto mediante la negociación política en beneficio de los millones de víctimas que ha producido la guerra. El apoyo unánime de la comunidad internacional al proceso de paz que se negocia actualmente en la Habana, así lo demuestra.

13) Para la población más pobre del país las promesas de campaña del candidato Santos tuvieron su efecto: la propuesta de eliminar el servicio militar obligatorio una vez acordada la paz con la guerrilla, tuvo eco en las familias de pobres, campesinos y urbanos, que han sido tradicionalmente las que pierden sus hijos en la guerra; la promesa de restituir a los trabajadores las horas extras que perdieron durante el gobierno de Uribe; la continuidad del proyecto de 300.000 casas gratis que ya inició con la adjudicación en el actual gobierno, a familias de escasos recursos.

14) La reducción de la abstención y del voto en blanco llevaron a una mayor movilización de la ciudadanía en torno a la segunda vuelta presidencial.  La gente eligió un futuro inmediato de paz y reconciliación y una apuesta por la construcción de un país más justo y democrático.  Pero el país está fraccionado y la tarea de unir a los colombianos en torno a un proyecto nacional debe ser un compromiso del segundo período de Santos.

El triunfo de Santos significa finalmente la posibilidad de una recomposición de acuerdos políticos para el período del posconflicto que, firmada la paz con las FARC y el ELN, es la tarea para la actual y la próxima generación de colombianos.

*Hernández es director ejecutivo de la Corporación Nuevo Arco Iris CNAI y Pedraza investigador del Observatorio del Conflicto Armado y del Post- conflicto OCAP de la CNAI.
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