Miércoles, 1 de octubre de 2014

| 2013/03/02 00:00

Santos cuesta abajo

Sin duda el tema más crítico para Santos es el manejo de la guerrilla y los diálogos de paz.

Afortunadamente para el Gobierno, las recientes encuestas de opinión se realizaron antes del paro cafetero, porque, de lo contrario, sus resultados hubiesen sido aún peores. En efecto, la gestión gubernamental tiene calificaciones muy desfavorables y la imagen presidencial viene en caída libre desde hace ya un buen tiempo, y será peor cuando las encuestas registren las consecuencias del tsunami de protestas sociales que se ve venir.

Mientras tanto, para hacer una evaluación de lo que va corrido de la gestión Santos, vale la pena apoyarse en la encuesta Gallup y observar cómo se ha deteriorado la situación con respecto a cuando Uribe terminó su mandato. El 52% de los ciudadanos pensaba que las cosas en el país iban mejorando cuando Uribe entregó el poder, ahora sólo lo piensa el 28%; en contraste, el 31% pensaba que las cosas iban mal al final de Uribe: ahora el 57% considera que estamos empeorando. 

Con Uribe sólo el 17% opinaba que la seguridad era el principal problema del país, ahora lo piensa así el 42%. Más del doble. En la lucha contra la guerrilla el 56% consideraba que íbamos mejorando, hoy sólo piensa así el 20%; en contraste, el 33% que ayer apreciaba que esa lucha iba mal, se ha convertido en el 67% que estima que la situación ahora es peor. Lo mismo sucede con el narcotráfico: la gente piensa mayoritariamente que estamos perdiendo la batalla, cuando antes creía que la íbamos ganando. El escenario se replica en la lucha contra la corrupción.

Obviamente, los hechos respaldan estas apreciaciones de la ciudadanía. El rebrote de la guerrilla se ha manifestado en aumento de sus atentados, ataques contra la fuerza pública, retenes ilegales, extorsión y terrorismo, en cada vez más municipios del país. El descenso en la erradicación de cultivos ilícitos, el incremento de área sembrada y de la producción de cocaína, así como el fortalecimiento las bandas del narcotráfico y de la guerrilla que vive del negocio, ratifican esa visión de la opinión pública. Si a esto se adiciona el deterioro de la seguridad urbana, el resultado es que hoy el 76% de la gente piensa que la inseguridad está empeorando, mientras al final del gobierno de Uribe solamente el 48% tenía esa impresión. Hoy únicamente el 17% piensa que la seguridad mejora, mientras que antes lo hacía el 45%. En la lucha contra la corrupción la opinión se cansó de presenciar espectaculares denuncias del Gobierno que nunca han  tenido consecuencias concretas.

Pero el Gobierno no solamente se raja en temas de seguridad, que son de vida o muerte para los ciudadanos. En calidad y cubrimiento de carreteras la opinión positiva descendió del 76% al 39%, en tanto que la negativa  subió del 16% al 48%. La absoluta parálisis en la construcción de obras públicas explica este resultado. De igual manera, en la calidad y el cubrimiento de la salud aumenta la visión negativa del 46% al 68%, mientras que la positiva desciende del 44% al 24%. El deterioro de los servicios de salud y el increíble retraso para solucionar los problemas del sector dan cuenta del estado de la opinión pública. La prestación de los servicios públicos muestra tendencias similares. Mientras tanto, en la construcción de vivienda popular, que es la bandera más ondeada por el Gobierno y con la que quiere marcar un contraste con el anterior, la visión positiva escasamente se mueve del 67% al 69%, y la negativa permanece igual. Las tan anunciadas 100.000 casas gratis no le mueven la aguja a la opinión. 

Pero sin duda el tema más crítico para Santos es el manejo de la guerrilla y los diálogos de paz. A Uribe el 82% de los colombianos le aprobaba su manejo de la guerrilla, en cambio a Santos, solamente el 25%; en contraste, mientras a Santos el 73% le desaprueba ese manejo, a Uribe únicamente el 17% lo hacía. Los diálogos de La Habana tienen cada vez menos respaldo y el 62% cree que no van para ninguna parte. El 79% rechaza la posibilidad de que los miembros de las FARC puedan hacer política sin tener que pagar cárcel, en lo cual está claramente empeñado el Gobierno, como lo demuestra su inconstitucional Marco Jurídico para la Paz, cuya aprobación forzó en un Congreso tan arrodillado como desprestigiado.

El desastre de opinión pública de Santos no es un problema de comunicaciones, como lo piensan en Presidencia; o porque tiene duros contradictores, como dice Fernando Cristo; o porque está muy solo, como le cree Benedetti; o que las encuestas no importan, como afirma Horacio Serpa. Es un problema de malas políticas y de pésimas ejecuciones. Uribe ha tenido la mayoría de los medios nacionales y de los opinadores en contra, pero sigue teniendo el 65% de opinión favorable. Santos tiene arrodillada en su favor a la prensa y a los opinadores, sin embargo, sólo tiene el 44% de favorabilidad. El asunto es de obras y de buenas políticas.

Santos nunca tuvo un perfil político propio y heredó el poder como consecuencia de un excelente gobierno, pero ahora la opinión le está cobrando su deslealtad con las políticas de Uribe, su abandono de la seguridad democrática, su apaciguamiento con la guerrilla y su falta de acción para solucionar las urgencias del país. La calentura no está en la imagen. En política obras son amores… y no buenas comunicaciones. 

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