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Opinión

  • | 2014/04/26 00:00

    Santos, el candidato rehén

    A estas alturas Santos debería entender que, como dice la ranchera, no se trata solamente de llegar primero sino, sobre todo, de saber llegar.

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A cuatro semanas de la elección presidencial, el panorama sigue siendo bastante incierto. No parece fácil que Santos venza en una primera ronda y tampoco es del todo claro el nombre de quien puede pasar a segunda vuelta a competirle al presidente-candidato.

Aun si el primer mandatario produce el anuncio de la firma de un tercer punto en La Habana y el inicio de los diálogos con el ELN antes del 25 de mayo, es difícil pronosticar que esos ‘golpes de opinión’ generen un viraje en los comicios presidenciales.

Pero quizás el mayor problema de Juan Manuel Santos no esté hoy en las encuestas o en su pelea con los otros candidatos, sino en la forma como se están tramitando las cosas al interior de la ‘unidad’ nacional.

Santos se volvió un candidato rehén, preso de muchos factores que le pueden pasar factura o que, en el mejor de los casos, lo van a llevar a una victoria frágil que marcará el inicio azaroso de un segundo período presidencial.

Por un lado, es rehén el presidente de un proceso de paz que sigue sin entusiasmar a la gente, mal vendido internamente y con una oposición feroz que no han podido –o no han sabido– enfrentar desde el Gobierno. Nadie está ofreciendo la ilusión de la paz. Nadie pone sobre la mesa cifras ciertas de cuánto nos ahorraríamos si la guerra se acaba y nadie está invitándonos a soñar con un escenario de posconflicto en el que las cosas puedan estar mejor de cómo van.

Peor aún es que Santos se ha vuelto víctima de los propios monstruos que creó y el estilo de Musa Besaile y Ñoño Elías es hoy patrón rector para ganar en departamentos como Santander, en donde todos están con ‘Juan Manuel’, incluso los hijos y esposas de parapolíticos que hacen parte del cuestionado grupo de Opción Ciudadana. “La política se hace con los políticos y lo que importa es ganar” es la máxima con la que tramitan algunos el proceso reeleccionista.

Para rematar, Santos es rehén de las peleas de sus miembros más ilustres en eso que todavía osan llamar unidad nacional. Germán Vargas no desaprovecha entrevistas en televisión y prensa escrita para decir que la única falla en la campaña es de carácter administrativo, echándole indirectas al gerente de la reelección, Roberto Prieto. A su vez, ha trascendido a la opinión pública que Prieto no se puede ver ni en pintura con el expresidente César Gaviria y su hijo Simón, director del Partido Liberal. Los celos entre la U y el liberalismo son cada día más grandes.

Como si fuera poco, la coexistencia de cinco asesores estratégicos de alto rango, dentro de los que se incluyen un español, un gringo, Ángel Becassino y el recién importado J. J. Rendón, se ha vuelto una mezcolanza dañina que enloquece a las agencias de publicidad y entorpece la acción efectiva que debería tener una campaña presidencial.

A estas alturas Santos debería entender que, como dice la ranchera, no se trata solamente de llegar primero sino, sobre todo, de saber llegar. 

Si el presidente-candidato quiere conservar algún margen de maniobra tendrá que tomar decisiones, así eso le implique poner en su sitio a algunos dentro de su campaña que se sienten dueños de todo.
El candidato rehén debería despojarse de sus cadenas porque al paso que va, su segundo gobierno se puede volver un infierno si es que antes no ha volado en pedazos su aspiración reeleccionista por cuenta de tantos egos juntos, pésimamente administrados.
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