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Opinión

  • | 2014/03/29 00:00

    Una prensa gobiernista y un presidente mermelado

    Metido de cabeza en la reelección, al presidente le ha resultado más fácil embadurnar de ‘mermelada’ al Congreso y tumbar a Petro que realizar inversiones sociales.

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El problema de Colombia no es solo la inmensa tasa de pobreza y desempleo que no cede aunque las cifras amañadas del DANE digan otra cosa. No es solo la política retorcida y mal interpretada de algunos alcaldes y gobernadores, aliados de las grandes mafias que representan el poder detrás del poder. 

No son solo los congresistas que compran votos y alimentan ese grueso cinturón de miseria que se ensancha como la onda expansiva de una gran explosión y que puede verse reflejada en cada rincón de las cuatro esquinas de este país jodidamente fragmentado y desigual. La culpa es también de la prensa y de los medios que no cumplen con el deber moral y ético de fijar posiciones equilibradas y mostrar la verdadera razón de los hechos porque la ética y la moral son solo dos palabritas en el DRAE que no alimentan a nadie y las grandes empresas de comunicación se sostienen de las grandes pautas publicitarias que, por lo general, son cedidas por los estamentos gubernamentales.

De ahí que Antonio Caballero haya asegurado, en su paso por Cartagena de Indias, que la prensa colombiana tiene una tradición gobiernista. Una tradición que no le permite ir más allá de la voz oficial y aceptar esa realidad parcializada de los hechos como un todo cerrado y único donde las otras voces, que permiten  el equilibrio de la balanza, quedan por fuera. De ahí que se publiquen sin el mínimo análisis crítico las declaraciones de un presidente en campaña que asegura que el desempleó descendió tres dígitos y más de un millón de colombianos salió de la pobreza durante su administración.

Si las cifras anunciadas por el Presidente, publicadas por el DANE y difundida por la prensa fueran tan ciertas, el puerto más importante del país sería hoy un paraíso y no ese estercolero donde la delincuencia organizada ha encontrado un terreno fértil para sus actividades. Buenaventura no tendría el 60% de su población desempleada. No tendría la tasa de muertes violentas más alta del territorio nacional y la mitad de sus niños sin acceso a la educación. La salud sería un hecho y la inversión social no se habría convertido en ese mal chiste que vemos reflejado en el aumento paulatino de la pobreza y la violencia desatada por los capos de la droga.

Hoy, metido de cabeza en una campaña electoral con la que aspira a repetir un cargo que no se merece, al Presidente le ha resultado más fácil embadurnar de ‘mermelada’ el recinto del Congreso, aumentando 7.6 millones de pesos al salario de sus amigos y defendiendo ante los medios de comunicación, con argumentos politiqueros, unas acciones que a todas luces buscan activar la maquinaria de los votos que no tiene, así como en su tiempo lo hizo Alfonso López Michelsen [comprando voluntades] y la repitió, décadas más tarde, con las consecuencias que todos sabemos, “el mejor presidente” que ha tenido este país.

Y lo está logrando, sin mayores esfuerzos y pocas ideas, con una chequera que es de todos los colombianos, con trapisondas y mentiras, así como logró bloquear el proyecto político del alcalde Gustavo Petro, diciendo sí pero no, como cualquier reinita de belleza, y saltándose luego, sin remordimiento alguno, las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos que buscaban salvaguardar los derechos políticos del burgomaestre capitalino, sin leer siquiera los informes elaborados por la Fundación Bogotá Cómo Vamos, publicados por el diario El Espectador, donde se demuestra que la crisis, más allá de la percepción de los bogotanos, fue creada por un grupo de medios de comunicación y una clase política que vio afectado su intereses económicos.

La misma fundación reveló que, en efecto, la tasa de homicidios en la capital de la República se redujo ostensiblemente durante la gestión del alcalde Petro, que en materia de educación pública la ciudad avanzó aunque en movilidad no haya pasado el examen. Pero la prensa gobiernista y un grupo de periodistas militantes utilizaron esa metonimia para hacer ver a Bogotá como una enorme fosa cuyo fondo no era visible desde la orilla. Tesis que apoyaron por igual aquellos que solo ven las noticias de RCN y Caracol y la secundaron los asesores de Santos que, con calculadora en mano, seguramente extrajeron porcentajes de  las recientes encuestas publicadas y llegaron a la conclusión de que los 800 mil votos que llevaron a Petro a la alcaldía no eran necesarios.

Tampoco miraron esa parte del informe que aseguraba que la pobreza en la capital se redujo significativamente en el último año. ¿Para qué si la tramoya ya estaba lista y el terreno abonado? Los intereses personales y el afán reeleccionista de un candidato-presidente que no tiene votos [recuérdese que los que lo llevaron a la Casa de Nariño no eran suyos] pesó mucho más que el sentido común y el deseo de un poco más del 70% de los colombianos que, aunque no sufragaron por Petro, rechazaban unánimemente la salida del burgomaestre y su muerte política. 

Pero eso hace parte de otra historia. Y ahora Santos quiere mostrarse como el salvador capitalino, anunciando una inversión de un billón de pesos para darle solución a los problemas bogotanos, sin que haya podido solucionar en cuatro años los problemas profundos que afectan al resto del  país.

En Twitter: @joarza
*Docente universitario. 
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