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Opinión

  • | 2010/07/06 00:00

    Santos puede ser el Presidente de la Paz

    Para concluir este alzamiento armado se requiere, por un lado, el liderazgo del presidente Santos para hacer un gobierno que abra posibilidades al entendimiento, y por el otro, de unas Farc y un Eln que quieran dar el paso a un pacto.

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Juan Manuel Santos obtuvo en las urnas un impresionante respaldo ciudadano. Sucede al presidente Uribe, quien en ocho años no pudo derrotar a las Farc y al Eln, ni dejar un país sin paramilitares, hoy reciclados en complejas formas de criminalidad articuladas con poderes estatales y vinculadas hasta los tuétanos en el narcotráfico, su principal motivación. De allí derivan poder para incidir en la economía, la política y controles autoritarios de territorios y poblaciones.

Juan Manuel Santos es un hombre del poder, que se preparó de manera metódica durante 30 años para ser Presidente y en su primer intento lo logró, acompañado de Angelino Garzón, un hombre que cree firmemente en un proyecto de reconciliación de toda la nación y acompaña la propuesta de Unidad Nacional.

La violencia en el país ha disminuido, pero se mantiene en muchos territorios y la sufren las comunidades más pobres y aisladas de los centros de poder. Las Farc y el Eln están disminuidas y controladas en lo fundamental, ya no son amenazas a la estabilidad del Estado ni cuentan con respaldo ciudadano. Se mueven en la marginalidad de las economías cocaleras y sus zonas históricas, pero tampoco son fuerzas insignificantes. Muy por el contrario, pese a su debilidad y su precariedad, se mantienen como fuerzas organizadas y coherentes, y sus motivaciones y aspiraciones continúan en los temas del poder. Son fuerzas políticas en armas, que recurren al narcotráfico como fuente de financiación y al terrorismo como modalidad de actuación, pero ni lo uno ni lo otro les hace perder su esencia de organizaciones en armas para hacer política.

Colombia puede seguir afrontando este conflicto armado con la búsqueda de la derrota militar de las guerrillas, pero no parece un camino muy promisorio. Sus costos económicos, políticos, sociales e internacionales son inmensos y los resultados totalmente inciertos. ¿Quién puede asegurar con certeza que superaremos el tema de las guerrillas exclusivamente por esta vía? Las dudas son inmensas; luego de ocho años de dura confrontación militar, la guerrilla mantiene la iniciativa en varios puntos del país. No crece ni cualifica su confrontación militar, pero la mantiene. Ahí están las cifras para corroborar una importante actividad de resistencia por parte de las Farc, y un Eln que por momentos acalla las voces de quienes afirman que no existe.

El presidente Juan Manuel Santos no va a ofertar una salida a las guerrillas, ni las guerrillas van a dejar su actuación. Mediadores nacionales y de la comunidad internacional debemos trabajar con imaginación y rigor en proponer escenarios para repensar y actuar sobre este conflicto no resuelto, pero que sigue impactando en las posibilidades de desarrollo y convivencia de Colombia, y en nuestras relaciones con los vecinos.

Hay una nueva oportunidad para concluir con este alzamiento armado, próximo a cumplir medio siglo. Pero se requiere por un lado el liderazgo del presidente Santos para hacer un gobierno que abra posibilidades al entendimiento, y por otro, de unas Farc y un Eln que quieran dar el paso a un pacto acotado y relevante para las regiones y las comunidades que han padecido la guerra. Y dejar de creer en un triunfo militar que no se va a dar, y en un respaldo popular que no existe.

lcelis@nuevoarcoiris.org.co

* Luis Eduardo Celis es Coordinador del Programa de Política Pública de Paz de la Corporación Nuevo arco Iris.
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