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Opinión

  • | 2014/03/21 00:00

    ¡Qué vergüenza señor presidente!

    Que usted como primer mandatario se contradiga en asuntos de vital importancia para el país.

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El presidente Santos, con la firma de destitución del alcalde Gustavo Petro, desconociendo las medidas cautelares otorgadas por el Comité Interamericano de Derechos Humanos (CIDH) - que hace unos días prometió respetar-, acaba de sepultar las posibilidades para su reelección.

El doctor Santos pasará a la historia como uno de los presidentes más nefastos para nuestra democracia. Eso de frenar un proceso de desarrollo como el de Bogotá Humana, bandera de Gustavo Petro, del cual se están beneficiando miles y miles de capitalinos, va a tener graves repercusiones hacia el futuro.   

Todo por culpa de la maldita reelección es que se están cometiendo los más descarados abusos de poder. ¿No le duele también señor presidente haberse gastado varios billones de pesos comprando conciencia de caciques políticos para obtener un victoria pírrica, por encima de las necesidades, hambre y miseria de millones de  campesinos, que nuevamente se congregan en las plazas públicas de las principales ciudades para protestar porque no les han cumplido lo pactado en el paro agrario de septiembre del 2013?  

Si hacemos un análisis de mucha conciencia llegamos a la conclusión que lo mejor para el país sería declarar nulas las elecciones recientemente realizadas y convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para que previa reforma de nuestro sistema electoral se convoque nuevamente, para elegir un Congreso que sea prenda de garantía de nuestra democracia y desarrollo social de las regiones, mas no para sostener a una manada de zánganos que van allí, no a legislar sino a ver cómo pueden esquilmar al Estado.  

El Congreso que elegimos es el mismo circo de siempre: narcotráfico, paramilitarismo, corrupción y todo el código de delitos electorales al orden del día, es vox populi en todos los mentideros sociales y políticos, menos en la Registraduría Nacional del Estado Civil. ¿Por qué será?

No se puede llamar legítimo un Congreso que fue elegido por menos del 45 % de los ciudadanos habilitados para votar, a un costo tan excesivamente alto que si hacemos cuentas de cada voto legalmente depositado, salió costando al contribuyente la friolera de diez millones de pesos cada uno, sin contar la logística de la Registraduría.

Qué tristeza que estemos recopilando otro capítulo para continuar escribiendo la historia más negra en los cuatro años de gobierno del presidente Santos, donde se han cometido errores tan garrafales que a menos de cinco meses de expirar su mandato, estamos más que mamados: la inseguridad cunde por todas partes, el hambre y la miseria en campos y ciudades está a la orden del día, la corrupción es tan galopante que si se descuida señor presidente se lo llevan por delante sin darse cuenta. 

Siga así señor presidente para que su sucesor no tenga que hacer mayor esfuerzo en su campaña presidencial. Con sus actuaciones todos los días, sus posibilidades reeleccionistas son mínimas y las de los candidatos opositores están creciendo, especialmente las de Óscar Ivan Zuluaga y Enrique Peñalosa. 

No es la primera vez que el señor presidente se encuentra en el ojo del huracán por cuenta de tantos errores cometidos. Recordemos, entre muchos otros, el reajuste a la prima de los congresistas que no obstante haber sido declarada inexequible por el Consejo de Estado, usted señor presidente, contrariando la ley, se las volvió a reajustar mediante decreto, con casi nueve millones de pesos para cada uno.

Cuando usted señor presidente hizo la “aclaración” sobre las chuzadas denunciadas por la Revista Semana, declarándolas licitas, a su lado se encontraba el señor ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez, a quien todos los colombianos lo vimos con un rostro incrédulo y desencajado, sicológicamente descompuesto, ante la magnitud de lo que estaba escuchando, con la pesadumbre de que era el propio jefe de Estado el que se estaba contradiciendo.

En el caso de las chuzadas y la corrupción no se puede aceptar verdades a medias, no podemos permitir que la bola continúe rodando, evadiendo  hoyos de responsabilidades y saltándose los conductos regulares para buscar chivos expiatorios, como  parece haberlos encontrado con el comandante y subcomandante de inteligencia militar, que fueron separados de sus cargos pero que para la opinión pública se encontraban cumpliendo órdenes superiores. 

Desde luego señor presidente que hacer inteligencia para la seguridad del Estado son hechos totalmente lícitos. Lo que no se puede aceptar es el sitio de fachada dentro de un restaurante, en el sector de las Galerías donde funcionaba la logística de marras, con el objeto de gravar las conversaciones de los negociadores del proceso de paz en La Habana y a periodistas nacionales y extranjeros, entre otras actividades ilícitas que se irán descubriendo a medida que avancen las investigaciones.  

Si era tan lícita esta operación señor presidente, ¿por qué asunto tan delicado estaba camuflado en un sector que para que tenga efectos válidos ha debido ser declarado zona de estrategia militar, procedimiento que jamás existió? En su acto administrativo han debido consignarse todas las especificaciones de modo tiempo y lugar para su funcionamiento, con la planta de personal, señalando las  funciones específicas y la logística militar previamente diseñada. 

Total que ajustémonos bien el cinturón de seguridad señor presidente porque de aquí en adelante habrá mucha tempestad, se presentarán grandes sorpresas en la vida democrática de nuestro país, el tema de las chuzadas y la corrupción recientemente denunciada en el Ejército no puede tener chivos expiatorios sino una claridad absoluta y si es del caso echar a rodar cabezas del alto gobierno, pues que rueden, pero ante todo queremos toda la verdad.

urielos@telmex.net.co   
urielos@hotmail.es
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