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Opinión

  • | 2010/06/24 00:00

    Santos, triunfo limpio y contundente

    Sería una ofensa estúpida insistir hoy en que los millones de colombianos que apoyaron a Santos en la segunda vuelta lo hicieron por miedo o que vendieron su conciencia. Por Alfredo Rangel.

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Con nueve millones de votos, el presidente electo Juan Manuel Santos ha recibido un mandato claro, contundente e incontrastable. La más abultada cifra de votos jamás alcanzada por candidato presidencial alguno, es la prueba irrefutable de que su propuesta de unidad nacional tiene plena sintonía con la opinión y cuenta con el apoyo mayoritario de la inmensa mayoría de los colombianos.

Muy atrás y desvirtuadas quedaron todas las objeciones acerca de la transparencia y la limpieza del respaldo electoral del candidato de la “U”. Sería una ofensa estúpida insistir hoy en que los millones de colombianos que apoyaron a Santos en la segunda vuelta lo hicieron por miedo o que vendieron su conciencia. Así, los señalamientos satanizantes que el candidato de los Verdes, Antanas Mockus, y su feligresía, hicieron al término de la primera vuelta, en un acto que con razón alarmó a la opinión por su intolerancia y su fundamentalismo, esos señalamientos, digo, quedaron desvirtuados por la copiosa votación que aumentó el respaldo ciudadano en más de dos millones de votos para la segunda vuelta. Afortunadamente, el Mockus 1, descalificador y estigmatizante de la primera vuelta, fue corregido por el Mockus 2 del final de la segunda vuelta que, demasiado tarde, se mostró sereno y sensato reconociendo sin embagues el triunfo limpio de Santos. Efectivamente, nada más libre y esperanzado que el enorme caudal de votos ciudadanos que el domingo votó a pesar del clima tan adverso y de las tentaciones del mundial de fútbol.

Y así como las infundadas objeciones a la votación del candidato ganador, también resultó derrotado el llamado al voto en blanco: la muy marginal adhesión a esta opción demostró que la consigna del Polo Democrático y de su candidato, Gustavo Petro, también fue rechazada por la abrumadora mayoría de los electores. También fue vapuleada por la opinión la parcialización de algunos medios de comunicación radiales y televisivos, que en forma abierta sacrificaron la tradicional objetividad de su labor profesional informativa para convertirse en propagandistas de ciertos candidatos y en adversarios furibundos del candidato hoy escogido por los colombianos como presidente electo. Su credibilidad ha quedado tocada entre algunos sectores de la opinión. Y queda una vez más demostrada tanto la madurez y la independencia del electorado colombiano, como la muy limitada capacidad de conducción y determinación de la opinión pública por parte de los medios masivos de comunicación.

Ahora bien, si tenemos en cuenta que las expectativas son del mismo tamaño que los apoyos, el nuevo gobierno tiene ante sí enormes retos. El más grande, lograr una acertada dosis de continuidad y de cambio, porque es obvio que detrás de la victoria de Santos está el éxito de Uribe, con lo cual la opinión expresa un claro deseo de continuidad, pero también es cierto que la mayor votación de Santos, superando a Uribe, es una evidente expresión del deseo de cambio.

Continuidad y profundización de las políticas del actual gobierno, acompañadas con nuevos énfasis y los ajustes que sean necesarios. Nuevas iniciativas para enfrentar viejos y nuevos problemas. Y un cambio en el estilo de gobierno , más sereno y de menos confrontación, que privilegie los acuerdos consensuados y las amplias alianzas programáticas con los más diversos sectores políticos e institucionales, y que evite la personalización de los conflictos y las diferencias. Buffon decía que el estilo es el hombre; pues bien, parodiándolo también podríamos decir que el estilo es el gobierno. El cambio de estilo subrayará el cambio de gobierno.

Estos son los ingredientes que seguramente le darán al nuevo gobierno personalidad propia y le permitirá desvanecer gradualmente la sombra que el anterior gobierno – el mejor en décadas, según el propio Santos-, inevitablemente proyectará sobre el que ahora se inicia. Las comparaciones serán ineludibles en un primer tramo, pero con el pasar de los días el nuevo gobierno adquirirá perfil y vuelo propio. Para bien de todos.
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