Lunes, 20 de octubre de 2014

| 2013/03/02 00:00

Santos vs. Santos

Me persigné: qué dicotomía: que entre el Santos y escoja. ¿Por quién voto, dios Santos?

Santos vs. Santos Foto: Guillermo Torres

Voy a decir la verdad: me harté de buscar por todos los medios que Santos y Uribe se reconcilien. A ustedes les consta que hice lo que pude; que, incluso, encargué de la mediación a personas que son muy cercanas a ambos, como la doctora Piedad Zuccardi o Rafael Nieto. Pero, para tristeza nacional, el doctor Rafael Nieto anda muy ocupado demostrando que en este país los únicos desaparecidos son los 400 millones de pesos que le pagaron por sus defensas delirantes. Y a la doctora Zuccardi no tuve oportunidad de verla porque, ay, terminó presa, qué dolor, como sucedió con su cuñado y como casi sucede con su esposo. He ahí una familia idéntica a su cárcel: Modelo. Ojalá que el presidente Santos no permita que su cariñosa relación con ellos se quede en las parrandas vallenatas que doña Piedad le ofrecía, y la visite cualquier domingo con un portacomidas. La amistad se nutre de esos pequeños detalles.

Doblegado por mi espíritu conciliatorio, encontré un respiro a mi agobio esta semana cuando leí que Pachito Santos puntea en las encuestas como precandidato uribista. Y ahora tengo el sueño de que se dé una elección entre primos: una variación de Kramer vs Kramer, pero encarnada en Santos vs Santos: dos parientes que pelean por la custodia del país.

El tarjetón va a parecer un álbum de familia, es cierto, y se creará el precedente de que para ser presidenciable es preciso tener el apellido Santos. Pero cuando le llegue el turno a Danilo podrá reivinidicar a su gremio de los burdos ataques de Armandito Benedetti. Y este primer duelo entre primos al menos servirá para medir la dimensión de nuestro sainete nacional.

Que quede claro: si sueño con que Pachito sea el aspirante único del uribismo, no es por demeritar la labor de Óscar Iván Zuluaga, el precandidato que no tiene pelos en la lengua, solo en las orejas y el entrecejo como el abuelo Monster, cuya campaña empezó con fuerza. Sus asesores la lanzaron con el lema de “¿Sabe usted quién es Óscar Iván Zuluaga?”, y editaron un video casero y repartieron volantes explicándolo. Volantes  que hicieron circular entre ese grupo de personas que aún no lo conocen: jóvenes, amas de casa, sus vecinos, su esposa, sus hijos. Pegaron algunos en el ascensor de su edificio; otros en la nevera de la casa, con un imán. Y la campaña ya comienza a dar sus frutos: aprovechando la constante cara de retorcijón del candidato, Omeprazol ofreció financiar enteramente su aspiración; y el gobierno contempla obligar al pueblo a oír sus eternos discursos para que suban las ventas de café.

Por eso, aclaro que si apoyo la idea de que Pachito se lance lo hago porque me parece refrescante que un Santos ocupe el solio de Bolívar: solo por eso. Somos muchos quienes creemos que, después del gobierno de Santos, el país necesita un verdadero cambio. Y por eso votaremos por Santos.

Me parte el alma que Pachito pelee con su pariente Juan Manuel: ojalá su consejero José Obdulio Gaviria le enseñe la importancia de querer a los primos hermanos. Y no critico que una persona bárbara y temeraria como el ex vice presidente tenga chance presidencial: lo que pasa es que al pobre Pachis lo juzgan como si fuera un adulto, y eso es injusto. Mucho menos cuando demostró con creces que es lo suficientemente malo como para terminar de presidente. 

A mí, en cambio, me gusta esa aspiración. Es posible que en su gobierno fusionen el Ministerio de Educación con el de Energía para que los jóvenes se formen a punta de electrochoques, como le gusta; pero el país recibirá el estimulante mensaje de que cualquier persona, tenga las limitaciones que tenga, puede conquistar la Presidencia. Y eso es sano.

Tan pronto como me enteré de que las próximas elecciones pueden darse entre los dos Santos, me persigné: qué dicotomía, Señor, ilumíname. Que entre el Santos y escoja. ¿A cuál Santos le prenderé la vela? ¿Por quién voto ahora, dios Santos? ¿Por el Santos que fue periodista o por el Santos que terminó metido de político? ¿Por el que fue un intrascendente columnista del diario El Tiempo, o por el cachacazo que se ganó la confianza de Uribe? ¿Por el Santos Calderón, mejor dicho, o por el socio del Country Club? 

En mis cavilaciones suponía que me inclinaría por el que no creció en una burbuja; por el que ama el golf; por el aristócrata que se enfunda en pantalones color pastel cuando viaja a tierra caliente. Por el que carece de vergüenza. Y, gracias a Dios, ya llegué a una decisión.

Solía quejarme de la poca ventilación de nombres y apellidos que existe en este vergonzoso país dinástico, en el que las oportunidades son hereditarias, y en eso me parecía mucho a Daniel Samper, el columnista. El que es calvo. El santafereño. El familiar de Ernesto, mejor dicho.

Pero cuando está de por medio una aspiración presidencial, el asunto es diferente. Y esta vez estoy con los primos Santos, a quienes considero que discriminan: ¿a cuenta de qué los relegan infamemente al poder Ejecutivo? ¿Por qué no les permiten florecer de otra manera? Puestas así las cosas, de todos modos ya decidí mi voto. Y si en las próximas elecciones se enfrenta Santos contra Santos, tengo claro que, entre ellos dos, indefectiblemente votaré por el otro.

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