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Opinión

  • | 2014/01/17 00:00

    Japón, hacia un camino peligroso

    El hecho de que se honren a estos criminales de guerra en el Santuario Yasukuni refleja que todavía algunos japoneses no pueden encarar correctamente a la historia.

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El 26 de diciembre del 2013, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, haciendo caso omiso a la fuerte oposición de otros países, rindió homenaje al Santuario Yasukuni, donde se honran a 14 criminales de guerra de clase A de la Segunda Guerra Mundial.

Esta acción ha sido objeto de las inmediatas y fuertes condenas de los países asiáticos y de la comunidad internacional. El Congreso de la República de Corea aprobó una moción, calificando la visita de Abe al santuario como una provocación diplomática con severos efectos negativos sobre las relaciones entre Corea y Japón, así como sobre la paz y estabilidad del noreste de Asia. 

El vocero del Departamento de Estado de EE. UU. expresó la decepción sobre el comportamiento del líder japonés, creyendo que agudizará la tensión entre Japón y los países vecinos.  El vocero del alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior y Seguridad manifestó que la acción de Abe no ayudaría a bajar las tensiones en la región ni contribuiría al mejoramiento de sus relaciones con China y Corea. 

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia manifestó la oposición rusa a la visita de Abe al santuario, considerando la acción como una provocación a los países vecinos y una muestra de que Japón no quiere tratar objetivamente el pasado e intenta blanquear la historia de la agresión y dominación colonialista del militarismo japonés. 

Fundado en el año 1869 a fin de ofrendar a los soldados japoneses, el Santuario Yasukuni sirvió durante la Segunda Guerra Mundial como herramienta de propaganda para inculcar militarismo e ideología imperial a los japoneses y se convirtió en un símbolo de las guerras invasoras al exterior y de su dominación colonialista cometidas por el militarismo japonés. 

A partir del año 1978, en este santuario empezaron a honrar secretamente a 14 criminales de guerra de clase A de la Segunda Guerra Mundial. En 1985, el entonces primer ministro de Japón realizó la primera visita oficial al santuario, acto que provocó no sólo críticas fuertes de los partidos de oposición y la opinión pública en Japón, sino también fuertes oposiciones a los países víctimas de las invasiones de Japón, tales como China, Corea y los países del sureste de Asia.

En la primera mitad del siglo XX, las guerras invasoras desatadas por el militarismo japonés causaron graves desastres para los pueblos de China y demás países asiáticos. Sólo en China, el Ejército Invasor de Japón cometió la masacre de Nanjing y muchas otras masacres horrorosas donde hubo más de 35 millones de víctimas y pérdidas materiales directas e indirectas calculadas en 600.000 millones de dólares. 

El hecho de que se honren a estos criminales de guerra en el Santuario Yasukuni refleja que, hasta hoy en día, cerca de 70 años después del fin de la Segunda Guerra Mundila, todavía hay algunos japoneses que no pueden ver ni encarar correctamente a la historia. Estos mismos están tratando de maquillar la invasión abogando por la “no definición de las invasiones”, y desconocer la Constitución de Paz de Japón, acelerando el ritmo de la derechización de la política y la expansión armamentista del país.

El rendimiento de homenaje de Abe al Santuario Yasukuni en su calidad de primer ministro de Japón constituye un grave daño a los sentimientos de los pueblos de China y de otros países víctimas de la invasión y dominación colonial del militarismo japonés. Es un pisoteo grosero a la justicia histórica y a la conciencia humana. 

Su objetivo es revocar el justo juicio que hizo la comunidad internacional contra el militarismo japonés, y desafiar el triunfo de la Guerra Mundial Antifascista y el orden internacional de la posguerra con base en la Carta Magna de las Naciones Unidas. Eso no es aceptable para el pueblo de China, ni para los pueblos de Asia, ni para las fuerzas amantes de la paz de todo el mundo.

Sólo tratando correctamente la historia, se puede abrir el futuro. Alemania, en contraste, país aliado de Japón en la Segunda Guerra Mundial, ha sabido afrontar su historia de invasión con profunda reflexión, pidiendo sinceramente disculpas a las víctimas, ha contribuido de esta manera a la paz regional y mundial y ha ganado el respeto de todo el mundo. 

En el entorno mundial de paz y desarrollo, los derechistas japoneses representados por Abe están orientando a Japón hacia un desvío peligroso que está en contra de la corriente de la historia y el desarrollo de la civilización humana. Abe y los otros sucesores del militarismo japonés, quienes atropellan la justicia e ignoran la historia, serán repudiados por la misma. 

*Embajador de la República Popular China en Colombia. 
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