Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Se acabó el gobierno

Si se dividen los 100 puntos de su plan de gobierno en los grandes temas, las conclusiones son desalentadoras.

Se acabó el gobierno

Se acabó. Porque los próximos cuatro meses serán de intensa campaña. Y si hacemos un balance de lo que efectivamente ha podido hacer Álvaro Uribe durante estos tres años y medio, no hay duda de que se rajaría. Me puse en el trabajo de repasar los 100 puntos de su programa original de gobierno. Y descubrí que en el punto 98 Uribe escribió la siguiente perla cuando todavía no había sido elegido: "Un gobierno de cuatro años no resuelve la totalidad de los problemas nacionales". Es difícil saber si ese era apenas un presentimiento, fruto de la experiencia de tantos gobiernos inconclusos en Colombia, o si lo que tenía en mente desde ese entonces era hacerse reelegir con el 'articulito' de Fabio Echeverri. Lo cierto es que hasta los que fuimos enemigos de la reelección inmediata tenemos que reconocer que Uribe tenía razón, porque los primeros tres años de gobierno: o no le alcanzaron y dependerá de su segundo período para que muestre resultados reales, o estaremos al término de ese segundo mandato, en 2010, en la penosa obligación de concluir que tampoco le alcanzaron otros cuatro años. Si se dividen los 100 puntos de su plan de gobierno en los grandes temas, las conclusiones son desalentadoras. Descontada la carreta política de los primeros 17 puntos, del 18 al 41 se plantea su ofensiva contra la corrupción y la politiquería, y miren los resultados. No cumplió con su promesa de reducir el Congreso de 266 a 150 miembros. Tampoco con la de volverlo unicameral. Tampoco con la de eliminar la casa por cárcel para los corruptos de cuello blanco. Tampoco con la de hacer de Colombia un país sin droga. La oralidad del sistema penal sí se estableció, pero funciona muy deficientemente. El estatuto antiterrorista sí lo hizo aprobar del Congreso, pero lo tumbó la Corte. Y desde luego la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura para cambiarlo por otra forma más efectiva de administrar la justicia está más lejos que nunca de ser una realidad, porque cada político tiene allá una cuota qué cuidar. A partir del punto 41 se desarrolla su programa de paz. No hay duda de que con los paras se ha hecho un esfuerzo descomunal para su desmovilización, pero no repitamos las dudas que todo el país tiene acerca de la implementación del proceso. Con el ELN hay una lucecita lejanísima de una mesa de diálogos, y con las Farc estamos igual de lejos que cuando comenzó el gobierno. Si yo fuera Uribe dormiría abrazado del punto número 42 de su plan de gobierno, pues no hay duda de que sí logró recuperar la confianza de la inversión en Colombia y el optimismo de los colombianos. Pero en el punto 43 tenemos un nuevo reversazo. No hay resultados ostensibles contra la corrupción y la politiquería que hayan permitido, como lo prometió, erradicar la miseria y construir el cambio social. Entre los puntos 43 y 54 Uribe puede encontrar otra almohada sobre la cual dormir tranquilo. Su ministra estrella, Cecilia María Vélez, ha logrado resultados muy satisfactorios en materia de educación: se ha cubierto el 72 por ciento de la meta de ampliación de cupos escolares en educación básica y media, 53 por ciento en la de educación superior, y el 75 por ciento de cumplimiento en las metas de otorgamiento de créditos en el mismo nivel. Pero los puntos 55 y 56 vuelven a ser una pesadilla, pues los recursos de la salud se los están robando los paras, los hospitales se siguen cerrando y la promesa de que los médicos y profesionales afines dejen de ganar por una consulta menos de lo que vale una permanente en una peluquería es un fracaso. Hay siete proyectos para modificar la Ley 100 y no hay ninguna posibilidad de revivir el debate antes del año entrante. En el punto 60 Uribe promete salvar el Seguro Social. ¿Habrá alguna posibilidad de que estemos al otro lado o de que haya podido despolitizarlo? El punto 62 contiene sus metas para el campo, que o no eran realistas o deberían adaptarse a las ambiciones del TLC. En el 63 sus promesas sobre la equidad en materia de tenencia de tierras son risibles, al lado de las cuatro millones de hectáreas que se cree poseen los paramilitares. En el 69 las cosas vuelven a ser catastróficas. Uno de los mayores fracasos de este gobierno ha sido la política de vivienda. Uribe prometió 400.000 soluciones para un déficit de 2.300.000, y sólo ha entregado 250.000 subsidios de vivienda. Hasta el punto 82 se podrían medir grandes frustraciones en materia de infraestructura vial y férrea y transporte fluvial. Ni qué hablar de la revolución tributaria del punto 89. Va una reforma, viene otra, y el problema fiscal sigue sin resolverse. En el punto 90 Uribe tiene otro salvavidas con la reforma pensional, que logró sin lugar a dudas sacar adelante para bien del país. Ya ustedes verán si le conceden un parte de cumplimiento en el punto 100, en el que ofreció ser "un Presidente sin vanidad de poder". Mi pronóstico es reservado. ENTRETANTO?¿Quién estará más contento con la repetición de la fórmula: ¿Uribe, o Pacho?

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