Lunes, 20 de febrero de 2017

| 1995/06/12 00:00

SE BUSCA UN JEFE

Eso de mandar en Colombia a los medios de comunicación les ha traído grandes enemistades y odios.

SE BUSCA UN JEFE

COMO HA CAMBIADO EL PAIS! ESA ES UNA reflexión fácil que tiene una forma muy contundente de ser medida: no hay nadie en este momento en Colombia con el poder de decirle al contralor David Turbay que tiene que renunciar. Y no hay nadie, porque el establecimiento que manejaba el país hace 10 años, hoy está completamente desbaratado.
Ni los ex presidentes, ni la Iglesia, ni el Ejército, ni los partidos políticos, ni los sindicatos son hoy lo que eran. No mandan, no orientan, no deciden, no lideran y nadie los consulta. No sé si lo de los ex presidentes tenga algo que ver con la 'capada' que les pegó la nueva Constitución, al prohibir su reelección. Pero en este país de arribistas, un ex presidente sin posibilidades electorales es como medio ex presidente. Es decir, con voz, pero sin voto. Con presencia pero sin poder. Aunque, que esta sea la razón del ocaso de los ex presidentes colombianos, es apenas una explicación a medias, porque grandes como Alberto Lleras o Carlos Lleras jamás necesitaron de ello para mandar.
A Alberto Lleras jamás le interesó la reelección, pero lo que decía fue importante hasta el fin de sus días. Algo semejante sucedió con Carlos Lleras, que ni derrotado en su intento de regresar a la Presidencia perdió jamás respeto o admiración, y sobre todo, liderazgo.
Otra explicación puede estar en la propia personalidad de los actuales ex presidentes. Todos, menos Pastrana, se han propuesto alejarse cada día más de la política. Turbay se retiró con gran dignidad a Italia. La muerte de Diana lo condenó a ser un solitario meditabundo. Belisario jamás pudo superar la tragedia del Palacio de Justicia, y ha preferido hacer su existencia en la cultura, lo más alejado posible, inclusive periodísticamente, de la política. Barco está enfermo. López continúa hablando y escribiendo con frecuencia, y siempre diciendo cosas inteligentes, que él, por alguna razón, no deja avanzar más allá de simples opiniones de ciudadano. Y Pastrana... bueno. El sí habla y escribe bastante. Pero sus ideas son centrífugas, porque se tienen a sí mismo como eje, y por consiguiente no influyen en un país preocupado por temas distintos al de Misael y su familia.
La Iglesia hace lo que puede, y ha intentado estar más presente en los grandes temas nacionales, pero su capacidad de orientación es muy limitada, y está cada vez más amenazada por sectas religiosas que le disputan la preeminencia.
El Ejército es cada vez más profesional, pero al colocarlo bajo el mando de un civil le quitaron gran parte de ese vuelo propio que tenía en las épocas en las que en Colombia se hablaba de las posibilidades de un golpe de Estado, eventualidad totalmente inexistente en el país actual.
El descrédito de los políticos, de los partidos y del Congreso está suficientemente explicado.
Y el sindicalismo en Colombia es cada día más débil, porque en el mejor de sus momentos se consumió pidiendo aumentos salariales y firmando pactos colectivos que quebraban a las empresas, sin pensar jamás en mejorar el país.
¿Quién manda hoy en Colombia?
En la actualidad, es indudable que el establecimiento lo componen los medios y los grupos económicos.
Pero eso de mandar en Colombia a los medios les ha traído grandes enemistades, acusados de tener la culpa de las cosas más inverosímiles, en su natural día a día de tener que llenar los espacios de orientadores de la opinión que otros han abandonado.
En cuanto al poder de Santo Domingo, Ardila y Sarmiento, en 20 años y gradualmente, se ha ido desplazando en Colombia el poder político hacia el poder económico. Sólo quiero decir que si uno quisiera medir el grado de evolución de los poderes en Colombia, sólo habría que contestar una pregunta: ¿Qué apoyo preferiría hoy un precandidato presidencial? ¿El de López-Turbay-Pastrana, o el de Santo Domingo-Ardila-Sarmiento?
El de los grupos económicos es un poder que manda, pero que no orienta. Distinto de los medios, que lo hacen a medias, nadie orienta en este momento a los colombianos. No hay líderes, ni instituciones, ni jefes, ni jerarcas, ni veteranos que impongan orden en el país en un momento como este.
Por eso la pregunta sigue siendo válida e incontestable ¿Quién en Colombia tiene el poder para decirle a David Turbay que moralmente está obligado a renunciar?

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