Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1996/10/14 00:00

SE ENTREGO LEMOS?

SE ENTREGO LEMOS?

Se entregó Lemos, fue la frase más escuchada luego de que el actual embajador en Londres diera a conocer su carta de aceptación a la nominación para la vicepresidencia. Qué lambonería!, afirmaron unos. Otros prefirieron calificarlo de obsecuente. Pero, ¿fue así en realidad? La verdad es que la renuncia de De la Calle dejó sin padrino en el gobierno a esa multitud de colombianos que no está con el presidente Samper. Por eso la noticia de que su reemplazo quedó en manos de Carlos Lemos Simmonds permitió a muchos volver a respirar tranquilos, porque Lemos, en estos momentos, es uno de los pocos colombianos que no es una amenaza para el gobierno apertrechado, ni una provocación para los ciudadanos desesperados con la situación política que vive el país. Dicho de otra manera, Lemos sí es chicha, y es limoná, parafraseando al ministro de moda (quien, según las malas Lenguas, intentó atravesársele al virtual vicepresidente, sin éxito). Samper sabe que Lemos no se dedicará a conspirar para tumbarlo. Y el país antisamperista tiene la tranquilidad de que el eventual suplente del Presidente es un hombre de bien, de carácter, de trayectoria y de posiciones. Sin embargo, ser chicha y limoná al tiempo tiene sus riesgos, como el que asumió Carlos Lemos con su carta de agradecimiento al guiño presidencial en torno a su nombre. Que si bien les pareció sensacional a los gobiernistas (había que oír a don Hernando Santos ponderándola por su elegancia, lealtad y generosidad), al mismo tiempo desconcertó profundamente a los antigobiernistas. Estos la consideraron una 'regalada' al Presidente, al describirse Lemos como un "fiel ejecutor de las decisiones del jefe de Estado y del gobierno", y al ofrecerle a Samper, a cambio de su nominación, una "indeclinable lealtad a su persona". Eso nos coloca ante un interrogante clave: ¿cuál debe ser el papel del nuevo vicepresidente de Colombia? Creo que la carta de Carlos Lemos tiene la respuesta: ninguno, distinto de representar una eventual alternativa de gobierno, en caso de falla temporal o absoluta del controvertido titular de la Presidencia. Un hombre que, como Lemos, acepta a estas alturas la opción de la vicepresidencia, sabe que las reglas de este juego son la lealtad, la prudencia y el silencio. Es la única manera de ser un buen vicepresidente. ¿qué esperábamos acaso? ¿Que Carlos Lemos aceptara la vicepresidencia condicionada a la renuncia de Samper, o a un cambio en su comportamiento, o bajo la salvedad de que su lealtad al actual gobierno tiene sus límites? La carta de Lemos era la que tenía que escribir un vicepresidente que no fuera ni Hernán Echavarría, ni Rudolf Hommes ni Enrique Gómez. Conozco bien, porque trabajé varios años a su lado, a Carlos Lemos y considero que él es la prueba de que las posiciones vehementes en el periodismo son con frecuencia la puerta abierta de una brillante carrera política, basada en la credibilidad y en la transparencia. En todo este proceso, y de manera muy respetable, Lemos se colocó del lado de la legalidad virtual, otorgándole a Samper la oportunidad de ser declarado inocente en contra de los mandamientos de la legalidad real. Pero nada de eso significa que Lemos está dispuesto a avalar procedimientos inmorales o atropellos contra la oposición política al gobierno. Por lo pronto, Lemos encontró la manera de resolver los únicos obstáculos de su elección. El primero, el de su peligrosidad, lo resolvió con su carta de aceptación a la nominación, en la que dejó muy claro que aspira a acompañar a Samper hasta el final de su mandato, y que carece de cualquier aspiración política electoral. El segundo, el de tener posiciones propias frente a temas como la reforma constitucional y más concretamente sobre la extradición, lo resolvió advirtiendo que su posición será la misma del gobierno. Es de presumir, de todas maneras, que sus desacuerdos sobre este tipo de asuntos no se los trague enteros, sino que los controvierta al interior del gobierno, en lugar de ventilar públicamente sus diferencias, como hacía De la Calle. Por eso su decisión de permanecer tranquilamente en la embajada de Londres después de que el Congreso avale su nominación como vicepresidente, es la correcta. Su elección no cambiará en nada el actual panorama político del país, ni tampoco servirá para destaponar el callejón sin salida en el que nos encontramos. Pero tampoco es de esperarse que empeore la situación, ni que ahonde la profunda desarmonía que separa a los dos sectores en los que está dividido el país. Con la elección de Lemos debe quedar claro que los vicepresidentes están hechos para darle confianza al país, y no para 'tirarse' a los presidentes.

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