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Opinión

  • | 2017/11/15 15:57

    ¿Se equivoca Vargas Lleras en su estrategia?

    He dicho que Vargas Lleras no le ganará este pulso a Uribe, lo que probablemente impedirá que llegue a la segunda vuelta y a la Presidencia en 2018. Pero asalta mi memoria el sabio y hermoso proverbio del pueblo de Ashanti: “Nadie puede escribir la historia de la próxima aurora”.

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El doctor Germán Vargas Lleras es, como lo ha dicho el expresidente Uribe, un hombre “inteligente”. Pero no solo inteligente. Es un político curtido en la lucha y un ejecutivo de primer orden como lo demuestra su paso por la Vicepresidencia en la cual desempeñó una labor extraordinaria en relación con la responsabilidad que le encomendó el presidente Santos en materia de infraestructura, de vivienda popular y agua potable, sin que nadie haya siquiera insinuado la menor falta de honorabilidad o transparencia en su gestión. “Obra ejecutada, obra pagada”.

Un amigo me llamó y me preguntó: ¿Viste la entrevista de Germán Vargas por Caracol? Le respondí que sí y luego se desarrolló esta corta conversación:

Amigo: ¿Quién crees tú que va a ser el próximo presidente?

J.P: No lo sé. Pero sí sé quién ha embolatado sus posibilidades.

Amigo: ¿Quién?

J.P: El doctor Germán Vargas.

Amigo: ¿Y eso por qué? Yo voy a votar por él.

J.P: Pues vas probablemente a perder tu voto al igual que mi hijo Jesús Alfonso quien también va a votar por él.

Amigo: Lo dudo mucho.

Las razones que me asisten para pensar así son varias:

Creo que se ha equivocado de pe a pa en la estrategia. Se ha lanzado a disputarle al doctor Álvaro Uribe las mayorías en el sector de la población que se opone a la paz firmada con las Farc, aunque sostiene que le gusta que las Farc se hayan desmovilizado y entregado las armas, y quizá no participa de la idea de hacer trizas el acuerdo. Lo que aparentemente no le gusta es el precio que ellas exigieron a cambio de eso: no ir a la cárcel y gozar del derecho a elegir y ser elegidos sin prohibiciones de ninguna clase aunque aceptaron “restricción efectiva de la libertad”, sin que ello comprometiera su posibilidad de hacer política.

Pocas cosas hay en el país más difíciles que vencer electoralmente a Álvaro Uribe, aunque la experiencia ha demostrado que no le es fácil endosar sus votos, lo que explica sus derrotas para la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia en las últimas elecciones. Sin embargo, su candidato en 2014 ganó la primera vuelta presidencial y sacó una extraordinaria votación en la segunda. Recientemente no fue posible derrotarlo con la bandera de la paz en el Plebiscito. No imagino que vaya a ser posible para Vargas Lleras arrebatarle el liderazgo y reconocimiento entre esa masa de colombianos desafectos al proceso de paz. No obstante, la única opción de Vargas Lleras para pasar a la segunda vuelta es derrotar a Álvaro Uribe en su terreno, independientemente de quién sea su candidato.

De otro lado, él no podrá competir en marzo con “el candidato de Uribe”, Marta Lucía Ramírez y el exprocurador Ordóñez, porque esa puerta la ha cerrado el expresidente. Y con razón desde su punto de vista, porque yo no tengo dudas de que en ese escenario ganaría Germán Vargas.

Siendo esto así, a él le tocará ir solitario a la primera vuelta, enfrentado a la coalición que liderará el expresidente Uribe; a la que podríamos llamar “demócrata-liberal” que probablemente estará encabezada o por Sergio Fajardo o Humberto de la Calle y a la que podríamos llamar coalición “socialista” que supuestamente encabezaría Gustavo Petro o Clara López.

Sorprendió que Vargas Lleras cometiera muchos errores con relación a lo acordado en La Habana y plasmado en el Acuerdo del Teatro Colón. Por ejemplo, decir que entre los objetivos de la JEP está el de someter a juicio a Álvaro Uribe, sugiere un cierto desconocimiento de lo acordado pues allí no se afecta para nada el fuero que protege de cualquier acusación a los expresidentes.

Otro error es el de que, a título de terceros, los 48 millones de colombianos podrían ser convocados por la JEP a responder por sus eventuales crímenes, cuando los documentos lo que dicen es que solo podrán ser llamados quienes hayan sido “factor determinante” en la comisión de los más graves delitos, no quienes hayan sido víctimas de extorsión. Antier la Corte Constitucional determinó que los civiles podrán concurrir voluntariamente a la JEP pero en ningún caso ser obligados a comparecer ante ella. Se le fue mucho la lengua. Tanto como señalar que había cientos de cubanos adoctrinando, supongo que en marxismo-leninismo, a los campesinos colombianos. Hay que recordarle al doctor Vargas Lleras la célebre frase de Alphonse Daudet: “Toda exageración es insignificante”.

Inició con paso firme su estrategia de ganarle a Uribe en la primera vuelta. Esto sucedió un lunes festivo en que el expresidente se entregaba al “reposo del guerrero” – cosa rara pues él no descansa nunca. Este episodio me ha recordado el enfrentamiento de Disraeli con el primer ministro Robert Peel --ambos “tories”—(conservadores) quien había adoptado las banderas del librecambismo económico de los “whigs” (liberales) en perjuicio del proteccionismo conservador que defendía Disraeli en beneficio de los agricultores. Este en un debate en la Cámara de los Comunes le dijo, palabras más palabras menos: El muy honorable primer ministro ha sorprendido a los “whigs” mientras se bañaban y se ha llevado sus vestidos, es decir, sus tesis librecambistas. “Los ha dejado en pleno goce de su posición liberal y bajo su traje no es más, a su vez, que un estricto conservador”. Comenta Andre Maurois: “Toda la Cámara rió y aplaudió”.

He dicho que Vargas Lleras no le ganará este pulso a Uribe, lo que probablemente impedirá que llegue a la segunda vuelta y a la Presidencia en 2018. Pero asalta mi memoria el sabio y hermoso proverbio del pueblo de Ashanti: “Nadie puede escribir la historia de la próxima aurora”.
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Añadido: La inhabilitación es una pena contemplada de la siguiente manera en el Código Penal, artículo 44: “La pena de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas priva al penado de la facultad de elegir y ser elegido, del ejercicio de cualquier otro derecho político, función pública, dignidades y honores que confieren las entidades oficiales”.

Constituyente 91*

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