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Opinión

  • | 2006/06/17 00:00

    ¿Se volteó el Senado?

    Juan Sebastián Romero Leal analiza las sorpresas que ha tenido el trámite del proyecto de ley de parejas del mismo sexo que cursa en el Senado.

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Por cuarta vez se presenta en el Congreso de la República un proyecto de ley que reconoce la existencia de las parejas del mismo sexo y que pretende legislar sobre sus derechos patrimoniales y seguridad social, cuyo autor en esta ocasión es Álvaro Araújo. Como es tradición con proyectos similares, pasó el primer debate en el Senado, esta vez en la comisión séptima. Pero no con pocas sorpresas.

Sectores muy reacios al proyecto, que mantuvieron en el pasado posturas en contra hasta hundirlo de manera sistemática, decidieron esta vez dar su apoyo, sacando toda suerte de argumentos que justificaron su repentino cambio de actitud a la hora de votar. Hubo de todo, quienes dijeron que “es que ahora si es un proyecto claro”, que “el proyecto ahora si es corto”, que “por fin no toca el tema de familia”...etc. Argumentos más o menos livianos que en el fondo se explican porque esta vez la iniciativa proviene de sectores uribistas y, mejor aun, con el beneplácito del Presidente, que en campaña electoral dijo que apoyaría un proyecto de esta naturaleza. ¿Por qué este giro?

El proyecto actual es de corte liberal, no se diferencia sustancialmente de aquellos presentados anteriormente por la senadora Piedad Córdoba. El tema es más bien estratégico. El gobierno con su apoyo a un proyecto bastante mínimo como éste, se desmarca del estigma ultraconservador que le han puesto no pocos sectores, se gana un electorado que no es despreciable y que cada vez es más consiente de su potencial: el voto gay y, de ñapa, evita que las cortes, nacionales o internacionales, sienten en el futuro un precedente jurídico contra el Estado por discriminación.

Hasta la Iglesia ve ahora con buenos ojos el proyecto. Basta escuchar a los obispos refiriéndose al tema de forma comprensiva. En este sentido, habló Monseñor Augusto Castro: “...Ese es un hecho que está en la sociedad. No se lo inventó la Iglesia, no se lo inventó el Estado. Siempre ha existido. Ahora, los homosexuales piden no ser una pareja salvaje, piden una reglamentación para obtener beneficios, y eso le toca al Estado...”. Cómo será que ya varios miembros de la conferencia episcopal han reconocido que en ningún momento se habla de familia, y los senadores conservadores se han apoyado en estas declaraciones para basar su voto. No deja de parecerme desafortunado lo de salvaje... ¿qué sabrá monseñor?.

En general, se dio un debate con mucha altura, también esto fue nuevo. En esto hay que reconocer el mérito de las ponentes. Gracias a una sesuda exposición, tanto de la uribista Flor Gnecco como de Ángela Cogollos, que hicieron una intervención técnica, acompañada de estudios actuariales, cifras y una disquisición lógica muy bien construida lograron darle a la discusión un nivel alto. Su autor fue brillante cuando intervino y, de paso, cuestionó a sectores cristianos que piden tolerancia religiosa para sí mismos y que no son capaces de tenerla con otros.

Preocupa un poco, eso sí, el nuevo artículo propuesto por la senadora Flor Gnecco sobre régimen de inhabilidades que cubriría a las parejas homosexuales en los mismos términos que a las parejas de hecho. Aunque esta medida, de moralidad pública, que además de ser justa, reconoce que entre los compañeros del mismo sexo existe una relación mas allá de lo patrimonial, obligará a personas que no quieren hacerlo, a hacer pública su homosexualidad.

Pero, volviendo a las sorpresas, la cosa no termina aquí. A pesar de la exposición del senador Luis Carlos Avellaneda, del Polo, la cual fue digna de un demócrata convencido de las libertades individuales en contra la exclusión de los más vulnerables y que se puso a tono con la izquierda contemporánea, de tres votos del Polo en la comisión, dos votaron a favor e, increíblemente, uno votó en contra: el senador Jesús Bernal Amorocho. Éste, además, se fue lanza en ristre contra la iniciativa sin esgrimir un solo argumento, conformándose con un discurso de creencias y pareceres que no resiste el menor análisis.

A diferencia de la misma Iglesia y de los sectores más reaccionarios del Congreso que hoy apoyan el proyecto, Bernal opinó que la ley “acabará con la familia” y que “va en contra de Dios”, propinó contra la despenalización del aborto –que nada tenía que ver con el proyecto– y dijo que “se atentaría contra la sociedad”. Todos los argumentos propios de la Edad Media que parecían superados con el apoyo del establecimiento. ¿Giro a la derecha? Nada de eso. Bernal ya lo era desde antes, con decir que al final de la votación propuso como ponente en plenaria a Dieb Maloof, el otro único que voto en contra del proyecto, el mismo que fue expulsado de las filas del presidente Uribe por su presunta cercanía a los paramilitares.

Lo que ocurre es que al Polo, mi partido, le llegó la hora de definirse, deberá llamar al orden a este senador proveniente de un grupo cristiano, el mismo de Vivian Morales, la única que se opuso al proyecto en comisión primera cuando lo presentó Piedad Córdoba hace ya varios años. Bernal violó la plataforma política del partido y el ideario de unidad firmado con Alternativa Democrática, que establecen con claridad el reconocimiento de la diversidad sexual y la necesidad de avanzar en los derechos de las personas con orientaciones sexuales y construcciones de género no hegemónicas.

Desconoció el pronunciamiento del presidente del partido, Samuel Moreno Rojas, y del candidato presidencial Carlos Gaviria, quienes apoyaron este proyecto aclarando que se debía avanzar aún más en los derechos de las personas homosexuales. Bernal –el godo del Polo– actuó contra el orden de bancadas que ya existe en el reglamento interno del partido. Él seguramente aducirá que el proyecto va en contra de su conciencia. Es comprensible, hasta un cristiano fundamentalista debe tener cabida en el juego de la democracia. Otra cosa es en qué partido se ubique y si su objeción da para hacer un ataque a los principios de su partido o si se debe limitar a una prudente abstención.

Los partidos deben definir con claridad sus posturas y actuar con disciplina. Si no lo hacen, correrán el riesgo de desdibujarse, como le ocurrió al Partido Liberal, que no es ni chicha ni limoná.

* Dirección nacional PDA - Miembro fundador del Polo de Rosa
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