Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/09/15 15:16

Los positivos no tan positivos de la Policía

La forma perversa en que aparentemente funcionan las metas que los policías deben cumplir los induce a cometer arbitrariedades en contra de las poblaciones más pobres.

Sebastián Lalinde. Foto: Archivo Particular

Uno de los hallazgos de una encuesta contratada y analizada por Dejusticia en una publicación reciente (Requisas, ¿a discreción? Una tensión entre seguridad e intimidad) es que las medidas de policía -como las requisas, la solicitud de documentos para verificar antecedentes y las retenciones transitorias- recaen prevalentemente sobre las personas de clases sociales medias y bajas.

Esta prevalencia me hace pensar que no siempre que un policía intercepta a alguien para requisarlo, pedirle documentos, etc. lo hace con fundamento en un conjunto de hechos que le permitan inferir de manera objetiva que esa persona cometió o cometerá una infracción. Entonces, ¿qué explica que los policías persigan más a los pobres?

Sugiero dos hipótesis. La primera, los prejuicios llevan a que la Policía concentre su actuación en personas que tienen ciertos perfiles que como sociedad creemos equivocadamente que tienden al delito. En este sentido, la encuesta muestra lo que se podría sospechar: que la Policía requisa más a los pobres, a los hombres, a los raperos, a los jóvenes, a los negros, entre otros perfiles, lo cual ha sido corroborado por otras investigaciones de Dejusticia.

La segunda tiene que ver con las metas. No sé si es una práctica general en toda la Policía. Pero parece, por lo que me han contado algunos policías, que hay lugares en los que se imponen unas metas que cada policía debe cumplir en su turno de trabajo. De esto dependería que no tenga anotaciones negativas en su hoja de vida y que le den permisos cuando los solicite.

Según estos policías, la meta que sus superiores les exigen en cada turno es que les pidan documentos de identidad a 70 personas para revisar si tienen cuentas pendientes con la justicia. El problema de esta meta es que el “usted no sabe quién soy yo” en ocasiones sí significa en realidad que quien lo dice tiene contactos con mandos altos de la Policía. Supe de patrulleros que cuando han interceptado a alguien para pedirle papeles, sus superiores los han llamado a decirles que no molesten a esa persona. Por eso, quienes patrullan en barrios de estratos altos prefieren parar buses de servicio público y requisar a las personas que se bajan de ellos, que parar carros particulares.

Al parecer, hay otra meta que consiste en trasladar a la Unidad Permanente de Justicia (UPJ) a doce personas por turno. La dificultad en algunas horas del día y en algunos barrios de encontrar a doce borrachos que no consientan en ser llevados a su casa o a doce personas en estado grave de excitación, que son las causales legales para retener a alguien en la UPJ, obliga a los policías a trasladar arbitrariamente a este lugar a cualquier persona que, por lo general, es alguien pobre de quien se espera no tenga contactos con las jerarquías de la Policía. Estas retenciones injustas se agravan por el hecho de que el “estado de grave excitación” puede ser cualquier cosa y por esa vía se justifica fácilmente toda retención arbitraria.

Claro que deben existir metas para poder controlar que los policías estén trabajando y no haciendo otra cosa durante su turno. Pero habría que pensar en otras distintas porque si estas metas realmente funcionan así, no son la mejor estrategia, ya que promueven discriminaciones y arbitrariedades.

Dado que la función esencial de la Policía es la prevención, un buen incentivo podría ser dar días de descanso a cambio de reducir el índice de criminalidad. Resulta entonces contraproducente conceder días de descanso a quien capture a una persona buscada por homicidio, tal como me manifestaron que ocurre, porque así los policías no tienen estímulos para prevenir la comisión de delitos, sino que prefieren que haya muchos homicidios para tener más posibilidades de capturar a alguien y tomarse unos días de descanso.

*Investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia)

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