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Opinión

  • | 1999/07/12 00:00

    SECTARISMO PERENNE

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Convertido en objeto de toda clase de críticas e injurias por parte del samperismo
(ganadas en buena lid), de envidias generacionales (no lo soportan Ingrid ni Noemí), de odios de clase (es
un niño bien y, para colmo, delfín), le cae al presidente Pastrana todo el atávico sectarismo del que fuera el
más grande de nuestros partidos tradicionales. Pastrana no es un caracterizado conservador, nunca lo ha
sido. Su movimiento, si así pudiera llamarse, tiene otro nombre, que no me interesa recordar. Fue
elegido, sin duda, por 'la franja', pues tan inusitada votación, como la suya, nadie va a atribuírsela al Partido
Conservador colombiano. Pero salió de una convención de este partido y es hijo de un presidente
conservador y, para suma de males, nieto de un candidato liberal que nominó y apoyó Laureano Gómez. El
horror patético.Lo que resulta de esta amalgama es sencillamente que el presidente Andrés Pastrana no
puede lograr por sí mismo la paz. Semejante trofeo histórico, que hoy se ve imposible de alcanzar, no puede
el liberalismo entregarlo a un mandatario del partido contrario. De ahí que, de muchos flancos, se hayan
propuesto sus opositores hacerlo fracasar.Horacio Serpa, vacilante, entre su bondad personal _que la
tiene_ y su sectarismo fingido (como su voz gaitanista impostada), ha resuelto inclinarse por la contra, luego
de acordarle facilidades al Presidente para el negocio de la paz. El sector oficial que él preside y que no
se repone de una derrota inesperada, que ya cumple un año, no ha sabido si uncirse al proceso de paz o
mostrarse recalcitrante, con el peligro de ser asimilado a una derecha que no le corresponde. A Carlos
Lemos siempre va a parecerle que el actual gobierno obra equivocadamente y frente a cualquier
gestión, le esperará al señor Pastrana el rastrillado de las más duras frases del ex presidente caucano. Es
que no puede acertar, ningún presidente conservador puede hacerlo, y mucho menos, obtener la tan
anhelada paz.Juan Manuel Santos (otro niño bien y así mismo delfín), se ve ahora más destacado que
nunca en el periódico que dirige su hermano, y con su nicho propio en ese medio, reaparece en la escena
opositora, jugando a la línea dura liberal, que le da muy buenos resultados. Ya emula con el jefe Serpa y
prepara su propia postulación presidencial, muerto el tío que poco creía en sus triunfos políticos o los remitía
a un futuro muy lejano. Ahora, para el nuevo Santos endurecido, las facultades presidenciales son un asomo
del dictador que se le sale siempre a los mandatarios conservadores.¿Conservadores? Facultades especiales
han tenido cuantos presidentes en Colombia han sido, pues la primera magistratura ha ostentado el carácter
de monarquía constitucional, como lo expresa el doctor Vázquez Carrizosa en su libro sobre el poder
presidencial en Colombia. Facultades tuvo Alberto Lleras, el más demócrata de los mandatarios históricos
(pero a la vez llamado 'el monarca'). Facultades, y muchas, tuvo el dictatorial Carlos Lleras Restrepo,
quien en Reforma Constitucional empalideció las atribuciones del Congreso, sobre todo en materia de gasto
público y, finalmente, impuso sucesor, violentando el resultado electoral.Facultades tuvo Turbay Ayala, el
mandatario del Estatuto de Seguridad, uno de los prohombres más conservadores y militaristas de nuestra
historia política. A su dictadura civico-militar le colaboraron los muy demócratas que hoy se
escandalizan de las generosidades liberalizantes de un Andrés Pastrana.El actual mandatario ha frenado al
militarismo, ha buscado el diálogo como ningún otro lo hubiera hecho. Ha desconcertado, con su arrojo, al
mundo entero, ha despejado municipios (cinco en total), con enorme riesgo, mientras el liberal Ernesto
Samper se atrevió a ofrecer uno solo, y mantiene aún las riendas del mando, pese al zarandeo con que
pretenden bajarlo del potro sus enemigos políticos y sus enconados (enconadas) envidiosos
generacionales.Otro asunto es que la guerrilla no le corresponda, en su obcecado ánimo violento. Es
triste ver que van dejando solo a Andrés Pastrana, a poco de elegirlo, personas de su colaboración como
Ingrid Betancourt, como la envidiosa Noemí, como el tornadizo Vladdo ('Vladdinho', para sus amigos), quien
ha entrado virtualmente 'a saco' en la grandeza de su personaje, o como empieza a dejarlo otro de sus
electores gráficos, Pepón. Presionados, éstos últimos, por la galería. Y hasta el periódico El Tiempo
podría empezar a abandonarlo, en la medida en que haya que hacerle nido al precandidato familiar, lo cual
resultará tanto más fácil, cuanto más desaparecido esté Hernando Santos.
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