Jueves, 19 de enero de 2017

| 2007/12/08 00:00

Secuestro Universal

La carta de Sarkozy a Manuel Marulanda y las gestiones ante la comunidad internacional es del interés y por qué no decirlo, de la competencia de Francia y de todos los países del mundo comprometidos con la defensa, protección y garantía de los derechos humanos

Secuestro Universal

La imagen de Ingrid Betancourt, catalogada por muchos colombianos como “secuestrada de primera”, es demoledora. Calló a quienes por tantos años dijeron que su causa era exclusiva, que por ella solo se abogada, que era injusto, frente a tantos otros secuestrados, el interés de los medios de comunicación y la presión por su libertad. Es que ésta no depende de miles de millones de pesos o de dólares, sino de la realización de esa utopía llamada “acuerdo humanitario” e irónicamente, gracias a su drama, es que el mundo entero ha conocido los horrores del secuestro en Colombia y la imperiosa necesidad de darle solución.

Pero en medio de lo desnutrida, triste y envejecida que se ve, de ese deterioro físico causado por las inclemencias de la selva, del clima, de las incomodidades y el mal trato – no justamente de “primera”-, es evidente que el cautiverio no ha hecho mella en su alma. Sus palabras reflejan la grandeza de su corazón, su evolución espiritual, la presencia evidente del amor por sus semejantes y el que todavía no haya perdido la fe en Dios y en la vida. Habla de su maravillosa y valiente madre, de su inseparable hermana, de sus hijos, su familia y de su adorada Francia. Pareciera que prefirió callar sobre el presidente Uribe y el Estado colombiano, como si no valiera la pena referirse a ellos o pedirles algo, como si esto fuera perder el tiempo y derrochar el poco espacio del papel que quedaba.

En días pasados, varios de los familiares de los secuestrados políticos acudieron donde el Presidente Chávez y le entregaron una carta en la que expresamente le otorgaron mandato para que, en su representación, continuara en las gestiones por la realización del acuerdo humanitario. Este hecho, sumado al mencionado silencio de Ingrid y a la petición de asilo al gobierno venezolano, que en enero de 2006, hicieran dos ex diputados del Valle del Cauca (q.e.p.d), en una prueba de supervivencia, reflejan el generalizado sentimiento de orfandad de patria en los secuestrados y sus familias. Es que han pasado muchos años de desatención a esta inmisericorde situación. Es que la repetida condena del gobierno a las Farc como terroristas y las diferentes acciones supuestamente en pro del acuerdo humanitario han sido todas ineficaces, no se ha alcanzado la esperada liberación “unilateral” y obligatoria de los secuestrados. Tan solo se ha logrado enraizar en las víctimas ese “apátrido” sentimiento.

En contraste con aquella orfandad, la reacción del gobierno francés, la expresa mención que no olvida a los secuestrados”, la carta de Sarkozy a Manuel Marulanda y las gestiones ante la comunidad internacional, evidencian que el drama del secuestro, no solo de Ingrid como ciudadana francesa, sino de todos los demás, es del interés y por qué no decirlo, de la competencia de Francia y de todos los países del mundo comprometidos con la defensa, protección y garantía de los derechos humanos. Es este el nuevo norte del Derecho Internacional, de ahí que cada vez se vaya abriendo campo la figura de la jurisdicción universal por los crímenes de lesa humanidad, la cual es la base de la Corte Penal Internacional. El otrora intocable concepto de soberanía estatal ha ido cediendo campo frente a los derechos humanos. Así lo concibió la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los derechos humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención Americana de Derechos Humanos. Ésta, en particular, consagra que los “los derechos esenciales del hombre no nacen del hecho de ser nacional de un determinado Estado, sino que tienen como fundamento los atributos de la persona humana”.

Pareciera que ante este despertar de la comunidad internacional, a la que ahora se suman Brasil, Italia y Argentina, el Gobierno reaccionó aceptando una zona de encuentro formulada por la Iglesia Católica. Ojalá este giro no implique continuar con su propuesta de un acuerdo humanitario bajo la figura de la reinserción que traen la Ley de Justicia y Paz y la de Orden Público. El borrador de acuerdo humanitario, que recientemente publicó el gobierno, como supuesta acción después del desastroso desenlace con Chávez, es una ofensa a la inteligencia. El capítulo de dicha ley -que de acuerdo humanitario solo tiene el título- pero que es lo más lejano a éste, ni siquiera lo define y sólo persigue que los miembros de las farc se reinserten. Como si ésta fórmula de desmovilización y pena alternativa, aplicada a los paramilitares, tuviese igual vigencia con las Farc para lograr la libertad de los secuestrados. ¡Nada más ajeno a la realidad!

Por lo pronto, como han dicho muchos, la pelota quedó en el terreno de las Farc. Lo que sucede es que ahora tiene la opción de jugar en diferentes escenarios, uno en Colombia, en un área de 150 kilómetros cuadrados, y otros en el exterior. Puede ser en Venezuela o en Francia. Quien sabe en dónde las reglas del juego y el respeto por el contrincante sean una mayor garantía. Es de esperar que, así como la competencia en materia humanitaria es universal, que transciende las fronteras, las políticas de los gobiernos y las autorizaciones o desautorizaciones de mediación, las Farc finalmente entiendan que el secuestro es un crimen - también de carácter e interés universal-.

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