Jueves, 19 de enero de 2017

| 2003/06/09 00:00

Seguridad democrática

Una seguridad democrática debe apoyarse en cuatro pilares: que sea para todos, que incluya a la oposición, que haya una policía judicial y un Ejército querido

Seguridad democrática

''Seguridad democrAtica" es una de esas cosas con las cuales todos estamos de acuerdo pero nadie sabe qué quiere decir. ¿Seguridad igual para todos? ¿Seguridad sin brincarse los derechos humanos? ¿Seguridad para volver a la finca? ¿Seguridad en que todos vigilemos a todos? ¿Seguridad de acabar con los bandidos? ¿Seguridad porque hay

justicia social? ¿Seguridad por voto popular?

Esas cosas, vea usted, no dan lo mismo, porque difieren en a quién asegurar contra quién y en cómo hacerlo. Y puesto que de eso se trata este gobierno, no está de más pedirle un tris de claridad sobre el asunto.

En ausencia de algún documento conceptual, en el alto gobierno creo hallar hasta cuatro versiones distintas de la idea, que por brevedad llamaría la versión "comunitaria", la "patriótica", la "jurídica" y la "gremial".

-La versión comunitaria es más propia de Uribe y su esencia es pedir que la ciudadanía colabore con las Fuerzas Militares. En esta idea se inspiran los informantes, los civiles con armas, el impuesto de guerra, los soldados campesinos o el adiestramiento marcial de los bachilleres.

Y es cierto, claro está, que si la gente no ayuda no hay seguridad posible. Pero esta línea, en la práctica, tiene dos puntos sumamente flacos. Uno es la imagen idílica de la "comunidad", como si los pueblos de Putumayo o las comunas de Medellín no fueran hervideros de intrigas y venganzas entre vecinos. Otro son las famosas "recompensas", que son el polo opuesto del espíritu cívico.

-La versión patriótica es más afín a las Fuerzas Militares y pretende que la "nación" se movilice contra el enemigo. Y es cierto, claro está, que la Patria está en guerra contra los enemigos que quieren destruirla.

El problema con esta concepción es que no hay guerra externa y por lo mismo no es fácil definir al "enemigo". El enemigo es la guerrilla, dice la gente, y contra ella estamos todos los patriotas. Pero el gobierno dice que hay dos enemigos fuera de la guerrilla: ¿será que existe el mismo fervor patriótico contra ellos, que los patriotas también estamos unidos contra los narcotraficantes y contra los paramilitares? ¿Y no será, además, que andamos algo enredados entre el interés patriótico de Colombia y el interés patriótico de Estados Unidos?

-Fernando Londoño encarna la versión jurídica, que quiere quitarle talanqueras a la Fuerza Pública. La apología del Estado de Sitio, el decreto sobre zonas de rehabilitación, el intento de ley antiterrorista y ahora la reforma de tres artículos de la Carta son expresiones obvias de esta línea.

Y claro está que los estorbos estorban. Pero no es obvio que el derecho estorbe: 30 años de Estado de Sitio no le hicieron cosquillas a la subversión y sí en cambio acabaron con la oposición. Las zonas especiales en Bolívar y Arauca pintan más mal que bien. Y el manoseado ejemplo de Italia, España u otro país del Norte no tiene en cuenta que el terrorismo de allá es de grupúsculos bien delimitados ni tiene en cuenta que allá sí funciona la justicia.

-El equipo económico sostiene que la seguridad es lo primero, porque sin ella no habrá crecimiento ni gasto social. Y esta línea es "gremial" en tanto implica que la seguridad es para la inversión.

El argumento gremial es válido sin duda, pero sin duda implica que la seguridad no es "democrática". Tampoco nota que los ricos y las multinacionales se defienden solos, que su seguridad está incluida en la factura y que a veces consiste en financiar a un grupo delincuente.

Bajo el eslogan "seguridad democrática" se ocultan pues dos tensiones hondas. Una enfrenta a los de arriba con los del común (línea gremial) o al gobierno de turno con la oposición (línea jurídica). La otra tiende a confundir al enemigo con el delincuente (línea patriótica) o el forastero con el criminal (línea comunitaria).

Y es al revés. Una estrategia de seguridad genuinamente democrática debe apoyarse sobre cuatro pilares. El primero es seguridad para todos empezando, cómo no, por los que no pueden pagarla por sí solos. El segundo es seguridad también para la oposición, porque sin oposición no hay "democracia". El tercero es policía judicial que determine quién es el delincuente en vez de algún sargento que lo adivine. Y el cuarto es un Ejército popular y querido porque el Estado sea popular y querido.

Releo esta columna y se me ocurre que en la primera frase he debido escribir porque donde dije pero. Pero escrita está.



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