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Opinión

  • | 2003/12/11 00:00

    Seguridad: ¿veremos resultados? (I)

    Aunque en su momento pareció que Uribe era una brusca ruptura, en efecto viene a ser la continuidad impuesta por la historia

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Decía el maestro Echandía que en Colombia habría paz el día que pudiéramos volver a pescar de noche. Pues por ahora pudimos viajar por carretera y esto es un logro encomiable del gobierno Uribe. Hay otros hechos alentadores. Tres rescates espectaculares -el de una empresaria, el de un obispo, el de un niño- y la frustración de varias "pescas milagrosas" por presión de las Fuerzas Armadas. La pronta captura de autores de algunos atentados y el decomiso de material explosivo en las ciudades. La relativa pausa en las acciones de las Farc y la tregua presunta de las AUC. El aumento aparente en las deserciones de la guerrilla y en la disposición de los ciudadanos a colaborar con policías y soldados. Las encuestas optimistas y los noticieros de televisión aún más optimistas sobre Uribe. Hechos sin duda dicientes, pero sin duda incipientes. Para apreciar qué significan y hacia dónde apuntan es bueno hacer algo de historia y algo más de prospectiva. Hoy empiezo con la historia. Y es que el cambio para bien en la "ecuación militar" comenzó hace varios años. Comenzó exactamente con el Plan Colombia, que aportó la bobada de 645 millones de dólares a la Fuerza Pública en 2001 y 904 millones en 2002. Comenzó con Pastrana, que duplicó el presupuesto militar como porcentaje del PIB, mejoró la paga de los combatientes y reorganizó la Fuerza Pública. Comenzó con el "Plan 10.000" y el "Plan Fortaleza", para incorporar ese número de soldados profesionales y un número igual de conscriptos cada año entre 1999 y 2004. Comenzó con las mejoras de transporte e inteligencia, que absorbieron el 41 por ciento de la inversión entre 1997 y 2001. Comenzó con 7.800 subversivos dados de baja en el cuatrienio pasado. Y comenzó el pasado 20 de febrero, cuando acabaron las ventajas económicas y logísticas que la guerrilla tenía en la zona de distensión. El cambio más sutil y también más decisivo -en la "ecuación política"- igual comenzó hace años. Comenzó cuando el conflicto se enredó con el tráfico de drogas y los gringos se metieron de cabeza en "nuestra" guerra. Comenzó, para hablar de lo cercano, con la apabullante derrota política de las Farc bajo Pastrana, así fuera sin culpa de Pastrana. Porque la obra cumbre de ese gobierno fue exactamente opuesta a lo que se propuso: en vez de hacer la paz, logró que todo mundo concluyera que a la guerrilla había que acabarla por las malas. El hecho básico es este: por cuenta de la droga, los insurgentes se estrellaron contra el mundo; por cuenta de su ineptitud y su criminalidad, se estrellaron contra la gente -contra toda la gente- de Colombia. Ni los colonos, ni los indígenas, ni los sindicalistas, ni los marginados creen o esperan nada de la guerrilla, nada distinto de abusos, saqueos y asesinatos. Puede ser que las Farc y el ELN emprendan nuevas batallas: la guerra ya la perdieron. Y así, aunque en su momento pareció que Uribe era una brusca ruptura, en efecto viene a ser la continuidad impuesta por la historia. Lo cual no le resta méritos (o deméritos) ni implica, en todo caso, que el actual Presidente sea más de lo mismo. Implica, para bien y para mal, que sus innovaciones no son tanto ni tantas como parecen. En rigor, habría seis: -Primera y principal, oficializar la idea de que la pelea es peleando y no charlando; es un cambio simbólico pero de gran calado. -Segunda y también crucial, movilizar a la gente de todos los estratos y regiones para que denuncien a los guerrilleros. -Tercera, asumir el mando personal y activo de la Fuerza Pública, lo cual -según sus cálculos- eleva "en 30 por ciento" la eficacia de las acciones. -Cuarta, un esfuerzo económico superior en 28 por ciento al previsto en los planes que venían (aunque la ayuda militar americana bajará a 325 millones de dólares este año). -Quinta, aumentar 35.000 en vez de 20.000 soldados en 2003 (aunque no es claro qué pase al agotarse el impuesto del 1,2 por ciento al patrimonio). -Y sexta, las herramientas más nuevas y radicales: informantes, soldados campesinos, central de inteligencia, legislación de guerra, zonas de rehabilitación. Un empujón con todo. Pero nos quedan por ver sus límites y sus riesgos.
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