Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1997/09/15 00:00

SEÑORES CANDIDATOS

SEÑORES CANDIDATOS

El tema que la gente parece querer oír de los labios de los millares de candidatos que alborotan el ambiente electoral es el de la corrupción. Por supuesto hay otros, como la paz, la seguridad y el empleo, pero el punto de quiebre de la política en Colombia se está moviendo entre si este va a seguir siendo un país de hampones (o cafres, como decía, más elegante, Darío Echandía) o no. Los señores candidatos tienen el privilegio de estar disputando el manejo de un país que en las estadísticas mundiales figura como el más violento y el tercero más corrupto. No soy, ni de lejos, un experto en la materia, pero pienso que la violencia es una consecuencia de la corrupción, lo que convierte la solución de esta última característica en una prioridad sobre la primera.Eso los mete en la responsabilidad histórica de invertir en algo la tradición política colombiana, que muestra a la mayoría de los políticos utilizando los privilegios de la democracia en su propio beneficio, ya sea para ocupar cargos que elevan su categoría social, para manejar influencias o, de frente, para meterle la mano a las arcas del Estado. La situación precaria del país en todos los aspectos obliga a los candidatos a escoger entre los dos bandos. Esto no significa dedicarse a estigmatizar a medio país _como ocurre ahora_ para dividirlo entre buenos y malos. Quiere decir que no se puede dejar pasar más tiempo sin coger la corrupción por el cogote, y que aquel que pase por alto el tema estará cometiendo un grave pecado de complicidad.Hay que contar con la ventaja de que el tema está sobre la mesa. Y es en ese punto donde el paso de Alfonso Valdivieso por la Fiscalía ha tenido un valor importante para el manejo de la política en el país. Valdivieso, hoy candidato a la Presidencia, tuvo el acierto de meter el dedo en la gran llaga de la corrupción nacional, que es la actividad política, aunque la forma de hacerlo y su lanzamiento posterior a la juerga electoral le hayan quitado peso a esa labor. No se puede negar que ese era un tema vedado antes de su gestión y ya no lo es.Por eso le tengo miedo al simplismo de quienes afirman encarnar la bondad frente a la maldad de sus contrincantes, o el mecanismo defensivo de los que dicen que el país se dividió entre representantes del pueblo y amigos de la oligarquía. Ninguna de las dos posturas es cierta y esa actitud solo sirve para esconder el verdadero problema, que no es otro distinto a que la corrupción invadió como un cáncer al país en todas sus esferas, y que personalizar en el debate público es ocultarle su verdadera dimensión al tema.Ni creo que el triunfo de Serpa signifique la victoria de la corrupción, como dicen unos, ni creo que la condición única para que haya transparencia en el poder sea elegir a Pastrana o a Valdivieso. Como tampoco es verdad que estos últimos dos sean unos neoliberales movidos por los grandes burgueses colombianos con el impulso del imperialismo yanqui, como sostienen los otros.El discurso político colombiano está viciado por el maniqueísmo, y lo único cierto es que ese es el terreno propicio para que florezca en paz la corrupción: escondida detrás de una discusión equivocada que libran los grandes cacaos de la política.Si se trata de establecer cuál de los candidatos presidenciales está libre de polvo y paja en materia de independencia de los esquemas que de una u otra manera han enturbiado la política colombiana en el pasado, el único personaje que clasifica es Antanas Mockus. La inscripción de cédulas para las elecciones ha estado muy por encima de las expectativas de los más optimistas, lo que parece mostrar un interés inusual en la toma de las decisiones políticas en este momento (aunque es tal la cantidad de candidatos inscritos, que bien podría tratarse de los familiares hasta el tercer grado de consanguinidad y segundo de afinidad de cada uno de los 100.000 políticos en campaña). La responsabilidad de nosotros, los electores, es el de exigirles a quienes nos piden el voto que muestren qué piensan hacer para que Colombia no siga siendo un país de cafres.

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