Domingo, 19 de febrero de 2017

| 2005/02/06 00:00

¿Ser o parecer?

Felipe Restrepo, periodista de SEMANA, escribe sobre cómo la nominación al Oscar de Catalina Sandino ha sacado a relucir las más curiosas obsesiones nacionales.

No es por aguar la fiesta, pero es cómico, por no decir trágico, ver como cada vez que algún colombiano hace algo importante salen a relucir algunas de nuestras más curiosas obsesiones nacionales. La nominación al Oscar de Catalina Sandino es el caso más reciente. Se ha repetido, hasta el agotamiento, que esta nominación es muy buena para el país. Que gracias a esta candidatura el mundo - o los Estados Unidos, (nos da lo mismo) - se va a dar cuenta que no somos tan malos. Que por fin alguien - ¡además un extranjero!, ¡qué emoción! - entiende que traficamos drogas por pura necesidad. Alguien, un alma de Dios, por fin se atrevió a decir lo mucho que sufre nuestra pobre Colombia. Y la candidatura al Oscar de Sandino va a lograr que más y más gente lo vea y se apiade de nosotros.

Tal vez sea cierto. Tal vez María, llena eres de gracia trate el tema del tráfico de drogas con más sutileza de lo que lo han hecho otras películas de Hollywood - basta recordar la bonita impresión que dejó el señor Schwarzenegger en Collateral Damage -. Es cierto que la película es muy cuidadosa y que su director, Joshua Marston, hizo lo posible por retratar el mundo de las mulas sin exageraciones ni efectismos. Pero, ¿qué importa?, ¿qué importa cómo el señor Marston muestre las mulas?

En el fondo lo que nos preocupa a los colombianos no es que haya mulas, sino que se vean bien. Nuestra imagen en el exterior nos obsesiona. Creo que en realidad no nos conmueve que miles de niñas como María se vayan de mula porque no tienen trabajo o porque las esclavizan, porque viven una situación familiar horrible o porque están embarazadas de un novio irresponsable. Y tampoco nos subleva que otros miles de colombianos vivan de eso. Nos mortifica, eso sí, que la cosa se sepa en el vecindario. Creemos, tontamente, que los problemas son menos graves cuando no se ven. Somos un país-avestruz.

Nuestra fama en el mundo no es gratuita. Nos la hemos ganado con mucho trabajo, con años y años de violencia, guerra y narcotráfico. Nadie se ha inventado los asesinatos, las masacres o las bombas. ¿Así que por qué nos sorprendemos de que nos señalen en el resto del mundo? Ahora, no creo que sólo haya que mostrar la cara negativa de Colombia, lo que quiero decir es que no perdamos el tiempo luchando contra nuestra mala imagen sino que dejemos que esta cambie con hechos, no con excusas. En SEMANA.COM, por ejemplo, una lectora escribe - ofendida porque la revista afirma que Catalina Sandino no va a ganar el Oscar - que: "...siempre muestran lo peor, nunca el progreso. ¿por qué los periodistas para transmitir las noticias se ubican en los sectores más feos y deprimentes del país?, ¿les pagan para desmejorar el país? ¡Aprendan! La ropa sucia se la va en casa, muestren lo mejor, así nos va mejor". Lo mínimo que se me ocurre decirle a esta ilustre señora es que se equivoca. Que por querer lavar la ropa sucia en casa y por sólo querer aparentar nos va como nos va.

Hace unos años el comediante David Letterman se atrevió a hacer un chiste sobre Colombia en su programa. Dijo, más o menos, que nuestra representante en Miss Universo, Andrea Nocetti, se había destacado en una prueba de talento porque había logrado tragarse una docena de cápsulas de cocaína. Inmediatamente le cayó el peso de la colombianidad ofendida. El país entero salió a decir que el señor Letterman había ofendido de una manera imperdonable a nuestro país. Sólo faltó que el Cartel de Cali mandara un comunicado quejándose. La situación estuvo a punto de convertirse en un incidente diplomático. Pero todo se solucionó a los dos días: Letterman invitó a la Reina a su programa y él pidió perdón. Incluso le permitió que cantara una bonita versión de Noches de Cartagena. Todo estaba solucionado entonces: la imagen de Colombia estaba limpia de nuevo. Claro, ese día seguían saliendo mulas de los aeropuertos, pero a nadie le importó demasiado.

*Periodista de Semana

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