Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2001/10/22 00:00

Serpatón en el Caguán

La convocatoria de Serpa es partidista, no es amplia y no es plural, por lo que amenaza con fracturar a la opinión pública

Serpatón en el Caguán

Sobre la decision de Horacio Serpa de hacer una manifestación en plena plaza de San Vicente del Caguán, hay desde los que opinan que es una genialidad, hasta los que aseguran que el candidato liberal se pegó la encartada del siglo.

Según los primeros, la idea de Serpa es habilísima: ha logrado sonar durante varios días en los medios, en momentos en que los candidatos desesperadamente buscan llamar la atención. Pero además, su proyectado tour a la zona de despeje le quita, aunque sea momentáneamente, el monopolio del manejo del tema del orden público a Alvaro Uribe.

Los partidarios de la idea también aseguran que haber logrado poner a hablar a las Farc sobre Serpa en un reciente comunicado en el que le advierten —con una infinita torpeza—, que no están en condiciones de garantizarle la seguridad, lo valoriza políticamente, porque le permite a Serpa capitalizar el endurecimiento de la sociedad contra el proceso y contra los abusos en la zona de despeje.

Pero además, el desafío de Serpa lo acerca a los militares, y lo hace ver como ‘un macho’ ante la opinión. Aunque lo más probable —¡y deseable, por supuesto!— es que no suceda nada anormal, tanto el gobierno (por cuenta de una sincera pero indeclarable confesión del Ministro del Interior), como las Farc, se han apresurado a asegurar que no garantizan la seguridad al candidato. A pesar de ello, seguir empeñado en lo del Caguán implica por parte de Serpa un acto indudable de valentía.

Pero los que opinan que Serpa está superencartado con su tour no creen que le reporte un solo voto.

En primer lugar, porque lo que Serpa va a hacer el próximo 29 de septiembre ya lo hizo. El ya ha estado en la plaza de San Vicente echando discurso, al igual que Ingrid Betancourt y muchos otros políticos: hasta ganó como alcalde del municipio el candidato que no era el patrocinado por la guerrilla. De manera que volver a repetir esta discutible hazaña es en realidad menos espectacular de lo que suena.

Por otro lado, ir a San Vicente a decir lo que ya dijo en Cali, y en Medellín, y en Cartagena (que “se está abusando de la zona y que si las Farc quieren la paz habrá paz pero que si quieren la guerra habrá guerra”) no hace a Serpa más valiente. Prueba de valentía, dicen sus críticos, sería que se atreviera a llevar su manifestación, por ejemplo, hasta Los Pozos, a donde no ha llegado todavía ningún candidato.

Lo que sí hace Serpa con su visita es legitimar la zona del despeje. Si hay que ir hasta allá para echar un discurso que se puede decir idéntico en cualquier otro lado del país es porque, al igual que en las anteriores elecciones, las Farc serán definitivas a la hora de escoger al próximo presidente.

Por otro lado, los riesgos que corre Serpa, ya no desde el punto de vista personal sino político, son muchos. Por ejemplo, se expone a que su manifestación sea vista como un acto imperdonable de politiquería. De ninguna manera puede echar un discurso suave, y si lo echa muy duro se expone a que las Farc salgan a ‘mamarle gallo’.

Y aunque ha trascendido que la campaña tiene garantizada una manifestación considerablemente grande, que tiene buses y plata y que al frente del operativo ha sido puesto el ex ministro Eduardo Díaz Uribe, miembro de la franja de los social-ilusos, no parece tan claro que el hecho de que Serpa ‘caguanice’ su campaña sea el empaque que le convenga.

Por muy grande que sea la manifestación serpista de San Vicente, la guerrilla puede minimizarla de varias maneras: una, no apareciéndose en el lugar. Resultado: un acto soso. Dos, consiguiéndose 500 campesinos que chiflen al candidato. Resultado: un acto ridículo. Tres, haciendo presencia en la manifestación Resultado: quedaría demostrado que allá sí se puede ir y no pasa nada. ¿Cuál de estos tres escenarios sería peor para el candidato?

Por último, se dice que Serpa le copió la idea a Peñalosa, quien propuso marchar al Caguán en un reciente reportaje. Pero con dos diferencias. Peñalosa no ha estado en el Caguán, por lo que su visita sí tendría originalidad. Y segundo, la propuesta de Peñalosa era una marcha nacional. La convocatoria de Serpa es partidista, no es amplia y no es plural, por lo que amenaza con fracturar a la opinión pública en momentos en que ella debería estar más unida que nunca.

Por eso planteo el siguiente quizz: ¿Todo el que acompañe a Serpa a la marcha del Caguán es serpista? Y al contrario: ¿Los que no acompañen a Serpa al Caguán no son serpistas?

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