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Opinión

  • | 1998/04/20 00:00

    SERPATON O LAVATON

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Razón tenía en su momento el tesorero - director programático de la campaña de Horacio Serpa, César González, en aclarar ante los medios que él no podía responder por el ingreso de dineros malos a la campaña en la que trabaja. Sobre todo porque en su cabeza ya debía tener diseñado el mecanismo del Serpatón, que técnicamente podría llegar a convertirse en la mayor lavandería de dinero en la historia de Colombia. Pocas cosas suenan políticamente más atractivas que el Serpatón: un mecanismo 'democrático' de recaudación de fondos, en el cual aparentemente no hay grupos económicos, y todo permite pensar que Serpa será entonces un candidato sin dueños. Pero, por el contrario, yo tengo entendido que los grupos económicos se reunieron para tomar la decisión de distribuir milimétricamente sus contribuciones entre los tres candidatos a la primera vuelta (léase Pastrana, Noemí y Serpa) y yo por lo pronto no he escuchado a Serpa, y desde luego no tiene porqué hacerlo ya que es un mecanismo de financiación totalmente legítimo en una democracia, que a cambio del Serpatón vaya a renunciar a recibir contribuciones mayores de 300.000 pesos.El temor que me asalta es que el Serpatón permite institucionalizar el lavado de dinero a nombre de una causa noble y en representación de un pueblo. Consiste en un mecanismo para que ingrese dinero en efectivo a la campaña serpista, por una suma mínima de 20.000 y máxima de 300.000 pesos, en enormes volúmenes. Para no quitarle el carácter de contribuyentes a quienes adquieran los bonos del Serpatón, el donante debe suministrar su nombre, cédula, dirección y teléfono, con lo cual se le delega al Consejo Electoral la obligación de verificar que cada uno de esos datos sea verdadero, para descartar a las Marías Mayorgas, que es el nombre técnico del testaferrato en Colombia. ¿Alquien cree posible que en un país como este, donde los muertos votan y los vivos votan varias veces por vivos, sea posible verificar los datos de todos los contribuyentes del Serpatón? Un Serpatón, organizado en 1994, habría permitido que todas las cajas fucsia con estrellitas amarillas en las que ingresaron los seis millones de dólares de los Rodríguez a la campaña samperista jamás hubieran sido detectadas. Pero, igualmente, este Serpatón, organizado en 1998, permite que de 20.000 en 20.000, que es el mínimo, o de 300.000 en 300.000, que es el máximo, las cajas fucsia con dinero en efectivo vuelvan a ensuciar la política colombiana a punto de cumplir con el principio matemático de que poquita plata aportada muchas veces por una sola persona se vuelve mucha plata, con ayuda de María Mayorga. Dicho de otra manera, el Serpatón es una forma de atomizar una donación grande. Y si de lavado de trata, no sería extraño descubrir al final de la campaña serpista que hubo una cantidad considerable de donantes de 300.000 pesos que ganan el salario mínimo. La razón consiste en que el Serpatón es una magnífica oportunidad para que contribuyan a la campaña serpista los empleados públicos beneficiarios de los cargos del Estado, a quienes les será entregado su respectivo bono con el que tendrán la forma de demostrar sus méritos para conservar sus puestos. Y para los contratistas beneficiarios de contratos del Estado o aspirantes a conseguirlos, a quienes les será entregado su respectivo bono, para que los contratos les sean prorrogados y finalmente adjudicados. Y para los narcos necesitados de oportunidades, a quienes les será entregado su respectivo bono para que las cobren. De ninguna manera estoy insinuando que el Serpatón haya sido diseñado para este propósito, ni tampoco estoy segura de que sea utilizado para ello. Pero sí estoy diciendo, y por eso entiendo hoy tan bien la declaración del doctor González, que podría suceder, si alguien quisiera que sucediera. Así es que, de Serpatones, libra Señor las campañas políticas.
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