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Opinión

  • | 2005/07/17 00:00

    Sexo, turismo y posconflicto

    Basado en la experiencia de Camboya después de la guerra, el experto Hernando Cáceres invita a las autoridades colombianas a comenzar desde ya a prevenir los efectos negativos del turismo sexual extranjero, que crecerá a medida que merme la violencia.

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Después de una crisis humanitaria causada por eventos políticos o por desastres naturales, generalmente comienzan los trabajos de reconstrucción tanto en la infraestructura como en el tejido social. Estos efectos positivos de la reconstrucción "poscrisis" se extienden a órbitas mayores a veces no tenidas en cuenta, entre ellas la publicidad que recibe el país, la cual potencialmente se traduce en un gran imán para las inversiones. Dos países vecinos sirven como ejemplo en dos casos muy distintos, pero con resultados similares: el tsunami en el sur de Tailandia a finales del año pasado, y la reconstrucción posconflicto que desde hace 10 años se lleva a cabo en Camboya. 

Gracias a los deseos de los turistas de encontrar nuevos destinos, sumados a la superación de la crisis humanitaria, Camboya y Tailandia se han beneficiado del gran flujo de turistas extranjeros, fuente de recursos y empleo. En Tailandia, los turistas regresan, esta vez para constatar de primera mano las consecuencias del tsunami y poder así ver un antes y un después. Igualmente, Camboya, hogar de los templos de Angkor, vetados al turismo durante más de 20 años, recibe hoy aproximadamente un millón de turistas al año. Gracias a estos viajeros, sectores importantes de la economía se han visto empujados, desde el taxista que con su moto lleva a los turistas a los museos o playas, hasta las compañías aéreas, los bancos o las empresas de telecomunicaciones. 

Sin embargo, los efectos que trae el turismo al ser superado un desastre natural o un conflicto no son siempre positivos, pues en una gran medida son acompañados por la prostitución, el tráfico de mujeres y la pedofília, precio que pagan los más expuestos, ingenuos o necesitados.

En Camboya y en Tailandia, al igual que en muchos países en situación de poscrisis, no existen recursos, medios, capacidades técnicas o voluntad gubernamental para controlar o prevenir los crímenes sexuales cometidos por los turistas.

En Camboya, donde la situación es crítica, la pobreza y la tolerancia hacia el trabajo infantil empujan a que diariamente niños entre los 8 y los 17 años frecuenten zonas turísticas, donde pueden recibir entre dos y ocho dólares por noche, suficiente dinero para volver a casa y no recibir una paliza. Además, se suma a este problema social que varios funcionarios de alto rango, acompañados de empresarios y diplomáticos, aprovechan la debilidad y el alto grado de corrupción del sistema judicial para organizar desde China, Japón, Europa y Norte América, tours sexuales de dos, tres, cuatro y cinco estrellas, varios de ellos especializados en ofrecer encuentros con menores de edad. Tristemente, más allá de un puñado de billetes para aliviar la pobreza del día, los niños también llevan a sus casas hepatitis y VIH/SIDA.

Desde que comenzó el posconflicto, Camboya ha escalado hasta convertirse en uno de los países del mundo con el mayor número de personas viviendo con VIH/SIDA por número de habitante, después de los países africanos, una realidad que está sumiendo a su población en mayor pobreza y desgracia.

En una operación llevada a cabo este mes por la Policía camboyana en colaboración de una ONG local con la que realizó una corta investigación sobre los efectos de la paz y  la prostitución, fue arrestado un extranjero europeo acusado de abusar repetidamente a dos niños de 14 años. El confirmó que Tailandia y los países afectados por el tsunami se están convirtiendo en paraísos sexuales, debido a que los gobiernos están concentrados en la reconstrucción, y en este afán ignoran otros temas.

Cuando termine el conflicto en Colombia, nuestro país se convertirá en un destino turístico preferencial, que atraerá inversiones y personas al Tayrona, los Llanos, la zona cafetera, Leticia, Cartagena, San Agustín, Villa de Leiva, el Parque de los Nevados e inclusive el Caguán, por sólo mencionar algunos de los innumerables destinos que tiene nuestro país.

Nuestros legisladores y autoridades deben desde ya actuar para prevenir los efectos negativos del turismo extranjero, con el fin de proteger a los más vulnerables ante la capacidad económica de los extranjeros, quienes con yenes, dólares, libras esterlinas o euros pueden fácilmente satisfacer sus fantasías por una fracción de lo que les costaría en sus países, y sin tener que correr los riesgos legales a los que se allí se verían expuestos.

*Jurista internacional. Fundación Dignidad y Desarrollo, Phnom Penh, Camboya.

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