Miércoles, 17 de septiembre de 2014

| 2013/09/14 00:00

Si hay guerra, que 'la haya'

por Daniel Samper Ospina

Mandemos a los hermanos Moreno a Managua para que la destruyan.

Si hay guerra, que 'la haya' Foto: Guillermo Torres

No creía en Santos hasta esta semana, cuando se mostró recio y vehemente, como me gustan a mí los presidentes: dispuestos a no aplicar los fallos cuando son en su contra, y listos a irse a la guerra si es preciso para defender este país en que las personas hacen mercado en sudadera e invaden tres carriles para cruzar a la derecha.

No engaño a nadie. Creía que, después de la crisis ministerial, la suerte del gobierno, al igual que Ruth Stella Correa, ya estaba echada. Veía sin entusiasmo las gestiones de los nuevos ministros: Gómez Méndez, por ejemplo, que en estos momentos ultima su operación de cambio de sexo porque ingresó al gobierno a través de la Ley de Cuotas: estaba dispuesto a aceptar cualquier fórmula con tal de que lo nombraran ministro. Ya iniciaron las obras de rasuramiento. 

O Amylkar Acosta, quien se aparecerá en los consejos con vestido color beige clarito, para escándalo de Tutina: pero es el pago de acercarse a las regiones y ella así lo debe comprender. Abundará la chaqueta de cuero negra, habrá gentecita de los Arrayanes y clubes semejantes. Pero la Patria le exige a la primera dama sacrificio para soportarlo, y arrestos para  sobreponerse cada vez que una nueva funcionaria diga la palabra ‘bolso’ en lugar de ‘cartera’: “Me compré un bolso marrón”; “me cruzaré el bolso porque ahí viene un magistrado” o incluso “el presidente me nombró en el bolso de Justicia”, como decía la propia Ruth Stella.

También me tenía deprimido el caso de Rubén Darío Lizarralde, nuevo ministro de Agricultura, quien se encontrará en Palacio con su exmujer, la ministra de Educación. ¿A quién se le ocurre nombrar a dos exesposos en un gabinete? Los consejos pueden ser infernales:

– Presidente, ¿puede decirle al señor que tiene al lado que si se digna a recoger a los niños, por favor?

– Jajai, más bien, presidente, dígale a la señora ministra que ojalá recordara las tareas que les ponen, que en el colegio ya los regañaron por no hacerlas.

– Pido que quede en el acta, presidente, que el señor no me ha mandado lo de este mes.

Atrás quedaron aquellas épocas en que el ministro Gaviria, en plena discusión sobre el precio de la canasta familiar, le preguntaba a su esposa, la viceministra de Hacienda, si ya había hecho mercado, y el exministro Renjifo besaba a su novia, la consejera Catalina Crane, tan pronto como Rafael Pardo pedía la palabra: era el mecanismo –a mi juicio respetable– que tenía la pareja para no dormirse durante la intervención. El gobierno parecía una rosca, es cierto; pero eran días felices: los días felices del Conpes del amor. 

Ahora cada reunión será una retahíla de indirectas y un desfile de gente de tierra caliente, pero ya nos fuimos así: este es el gabinete y no hay nada que hacer. Esperemos más nombramientos semejantes. Julio César Guerra Tulena, la sangre fresca del Partido Liberal, quien suena para dirigir el Centro de Memoria Histórica.

Veía perdido a Santos, digo, hasta que dio la recia alocución en que mandó al demonio al fallo de La Haya. Entonces me llené de fervor patriótico: este es mi presidente, me dije, este es mi marinero; bulla mi sangre colombiana; enardézcase ya mi sentimiento; apoye yo con mi vida a este cadete.

No vamos a negar que en el discurso tartamudeó un poco, lo cual permite prever que si las próximas elecciones son entre él y Navarro, la campaña que cuente con el mejor fonoaudiólogo marcará la diferencia.

Pero fue brioso y pendenciero, como nos gusta, y está a un paso de bañarse empeloto en los ríos de la Patria y darles lotes en la zona franca a los hijos para recuperarse del todo en las encuestas.

Conmigo funcionó: después de ese discurso, ya no recuerdo paro alguno. Ahora apoyo al presidente, como incluso lo hizo Uribe, quien suena como alto comisionado para San Andrés. 

Es hora de frenar a Nicaragua, cuyo ánimo expansionista solo es comparable al de mi propio abdomen. Si no los atajamos ahora, se apropiará de la isla, y la necesitamos para que el expresidente funde allá una republiqueta en la que nadie lo persiga: un islote en el que vivan a sus anchas la Coneja Hurtado, Luis Carlos Restrepo, Jorge Noguera y Rito Alejo del Río, entre otros. Sería la competencia de Gorgona.

No aplicaremos el fallo y si hay guerra, que ‘La Haya’. Los grandes líderes mundiales a veces se ven abocados a mandar tropas: un Churchill, un Roosevelt, un Santos, un Ortega. Algunos encontrarán deprimente un enfrentamiento militar entre países que saldrían de a dos por mona en un eventual álbum de naciones de Paninni. 

Uno se imagina el sofisticado manejo geopolítico de la situación y se entristece: Maduro se une con Ortega; Santos, con Laura Chinchilla. Evo interviene con sus marineros de lago e inclina la balanza de manera irremediable. Lo que decida Belice se vuelve crucial. 

Pero es lo que somos y tenemos que defenderlo. Mandemos, pues, a los hermanos Moreno a Managua para que la destruyan. Repasémosla luego instalando un gobierno de Petro allá: no quedará piedra sobre piedra. Y al final traigamos a Daniel Ortega para que claudique en el Palacio de Nariño: para ese entonces Tutina ya no se impresionará con las chaquetas de cuero. 

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×