Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2008/09/06 00:00

Si hubieran arrestado a Uribe

Andrés Uriel Gallego se ofrecería para hacer un túnel de escape en media hora, dado que con el de la Línea ya demostró velocidad y diligencia

Si entendí bien, porque tengo pocas neuronas, esta semana la Corte Suprema revocó una orden de arresto por tres días contra el presidente Uribe, que casi termina preso por culpa de una tutela que lo castigaba por no nivelar los salarios de la rama judicial.

Dicen que las razones para reversar el carcelazo fueron jurídicas. Pero a mí me parece que fueron humanitarias: los magistrados debieron pensar que los presos ya tenían suficiente con el hacinamiento, la mala comida y la tristeza como para que encima llegara el Presidente, los pusiera a rezar, improvisara con ellos un consejo comunal más largo que cada condena y ante el estupor de todos los presentes regañara al director del Inpec por una rendija rota que encontró en el baño.

Razones humanitarias porque para cualquiera habría sido angustioso ver a Uribe lidiando para que no lo pusieran en el patio de las Farc sino en el de los paras, donde lo esperaban con emoción; o dejando claro en la ducha de que en caso de que se le cayera el jabón, todos tenían que aguantarse el gustico; o exigiendo que vendieran gotas homeopáticas en el caspete; o tapándose de noche con la misma cobija que era de su primo Mario.

Menos mal no lo arrestaron, de verdad: ya veía yo a José Obdulio llegando de primeras a la celda, porque por sus familiares es el que mejor conoce la ruta de los visitantes y debe tener sellos de ingreso en la muñeca. Y también veía a los lagartos: toda esa romería de Armanditos Benedettis llevándole comida y revistas y ruanas para congraciarse con su jefe. Y a los hijos, los hijos de Uribe, que se dedicarían a rumbear ahora sí en serio, ante el desconcierto de su padre:

- Hijos, ¿a dónde van?

- Papi, vamos a salvarte.

- Esos son mis muchachos, muchas gracias: ¿van a hacer una huelga de hambre como los hijos de Yidis para que me den el palacio por cárcel?

-No, no, no: vamos a Salvarte; o sea, a la oficina. Y de ahí a Cha cha que hay un DJ buenísimo.

Con Uribe preso José Gabriel asaltaría un banco para que lo metieran en la celda de al lado y pudiera pasarle al Presidente a todos sus amigos por teléfono; Fabio Echeverri agarraría a puños a cuanto juez de Sincelejo encuentre en los bares, pese a que tiene la mano multada; Noemí entraría en huelga de hambre, aunque en el fondo se lo tomaría como una dieta; Andrés Uriel Gallego se ofrecería para hacer un túnel de escape en media hora, dado que con el de La Línea ya demostró velocidad y diligencia en ese tipo de obras; César Mauricio Velásquez leería un comunicado en el que le recomendaría al Presidente que se arme de la misma paciencia de Job, el santo de su devoción.

Pacho Santos trataría de presidir un consejo comunal pero nadie lo tomaría en serio; Juan Manuel Santos lo desbancaría y se autoproclamaría presidente; los líderes del Polo aprovecharían la situación para pelear entre ellos mismos, como siempre. Piedad Córdoba propondría un gobierno interino de Chávez. Rafael Correa restablecería las relaciones con Colombia por tres días.

Desde el mismo instante de su reclusión, Christian Toro, Rafael Mora y Jean Claude Bessudo prepararían un homenaje de desagravio en el salón rojo del Hotel Tequendama, ante los celos de Carlos Mattos, que para no quedarse atrás compraría ya no digamos la celda sino la cárcel entera para restaurarla y volverla un museo: el museo de la ignominia contra el máximo prohombre de la patria.

RCN transmitiría todos los días desde la cárcel. Vicky Dávila interpondría una denuncia ante la SIP porque le parece inaceptable que le encarcelen a su mejor fuente. El Tiempo titularía nuevamente 'Política al rojo vivo', sin más. Germán Santamaría anunciaría la publicación en Diners de la nueva colección de Botero sobre los horrores de Uribe en la cárcel, aunque al final la portada sería Juan Manuel Santos una vez más. Rafael Nieto lanzaría con Editorial Planeta un libro de 900 páginas sobre lo que fue la tragedia del Presidente en esos tres días: su soledad, su visión, su grandeza. Y Felipe Zuleta metería más tutelas para que Uribe no pudiera salir nunca.

En este país de sapos cancelarían el banquete del millón, los juegos departamentales, la entrega de los premios al ejecutivo junior del año y todos esos eventos que se inventaron para que el Presidente los inaugurara. Los pájaros no cantarían: tampoco cantarían los paras. No saldría el sol. El universo se paralizaría. Y yo escribiría de otro tema sin ver la gravedad de los hechos porque tengo pocas neuronas.
 

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