Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/05/11 00:00

    Si los consejos funcionaran, el mundo sería otro

    Si los consejos funcionaran, el mundo sería otro porque bastaría un buen consejo para poder hacer las cosas de manera diferente y solucionar así, cualquier problema.

COMPARTIR

“Dame un consejo”, “Te voy a dar un consejo”, “¿Me das un consejo?”, “Te aconsejo que hagas…”, son frases que dicen las personas con mucha frecuencia pensando que en los consejos están las respuestas a sus problemas y dificultades. Si eso fuera así, el mundo sería otro. 

Pedir la opinión de los demás, querer saber qué piensan respecto a las decisiones o situaciones que uno está viviendo, hace parte de la condición humana. El problema con los consejos es que si bien las personas los piden, y son cosas que ya saben, saber no es lo mismo que hacer. Por lo mismo, no los pueden poner en práctica. Es así como oír de los demás lo que se tendría que hacer, tenerlo claro pero no poder ejecutarlo, termina generando angustia, desasosiego y sobre todo, una profunda frustración y sensación de incapacidad en uno mismo. Porque el consejo, en teoría, hace aparecer todo obvio y sencillo; pero en la práctica, no es tan fácil de ejecutar. 

“Yo trato de darle consejos para ayudarlo pero él se enfurece y me dice que no quiere oírme más; que ya sabe lo que tiene que hacer y que no se lo siga repitiendo porque no le ayuda. Al final no sé cómo ayudarlo”, decía una mujer desesperada al ver que ninguno de sus intentos por apoyar a su esposo en un problema laboral estaba dando resultado. Después de muchos años de matrimonio, ella se estaba dando cuenta que la comunicación con él fallaba con frecuencia. La crisis laboral por la que él estaba atravesando lo hacía llegar angustiado y de mal genio en las noches, e incluso con ganas de llorar Pero ya era evidente que ninguno de los intentos que ella estaba poniendo en práctica para ayudarlo estaba dando los resultados esperados. Por el contrario: en los momentos de crisis agudas sus intentos de ayudar estaban agudizando la crisis. Esto fue lo que la decidió a buscar ayuda, en un intento para descubrir y comprender qué estaba fallando en la relación. 

Comenzamos a indagar sobre cómo se había construido el problema que ella denominaba, ‘un problema de comunicación’. Empezó contando que cuando veía a su esposo llegar estresado y preocupado por el trabajo sentía una gran angustia de verlo así, lo que a su vez le generaba una sensación de impotencia, de no saber qué hacer ni cómo ayudarlo. Como consecuencia, su reacción era darle consejos, decirle lo que tendría que hacer para que mejorara la situación que estaba viviendo. “Al comienzo me oía, pero ahora se desespera y se enfurece, entonces yo me angustio más y termino hablando más. Hasta que finalmente termina diciéndome que conmigo no se puede hablar, que se va al estudio y que no hablemos más”. 

“La mayoría de la gente escucha con la ilusión de responder, no con el deseo de comprender” (Doyle, A.C. en Nardone, 2009). Los consejos son la mejor prueba de ello. Por diferentes motivos, los seres humanos tienen la constante tendencia de estar diciéndoles a los demás qué es lo que deben hacer en las diferentes situaciones que están viviendo. Y aunque la intención puede ser la mejor, como decía Oscar Wilde, el resultado es el peor porque la persona se da cuenta que lo que le están diciendo es verdad, porque ve claramente que sería muy útil hacer las cosas de otra manera. Pero la dificultad reside en que el sólo saberlo no es suficiente para poder hacerlo. Para la persona que da el consejo todo es muy fácil: ni es ella quien está sufriendo, ni tampoco quien tiene que poner en práctica lo que aconseja. Pero para quien lo recibe la situación es la opuesta: no sólo es quien tiene que soportar el sufrimiento, sino también quien tiene que superarlo haciendo un cambio que no puede hacer. Es este desbalance lo que engendra la distancia y la comunicación entre quien aconseja y quien es aconsejado. 

Si los consejos funcionaran, el mundo sería otro porque bastaría un buen consejo para poder hacer las cosas de manera diferente y solucionar el problema. Pero la naturaleza humana es más compleja. Por eso los consejos no funcionan. Más que dar consejos, habría que aprender a escuchar a los demás, estar atento no sólo a lo que están diciendo sino también a lo que están pidiendo mientras cuentan una historia, porque muchas veces es más útil y benéfico para ambas partes un abrazo, simplemente acompañar amorosamente en silencio, o compartir una experiencias propias comparables, pero no como consejo, ni menos esperando que los demás hagan lo que nosotros hicimos, porque el aprendizaje no se da por la experiencia de los otros, sino por la propia. Simplemente compartiendo una experiencia se puede generar una sensación de comprensión, compañía, complicidad, amistad, de que hay alguien que ha experimentado algo similar. 

Para esta joven esposa fue un enorme reto empezar a quedarse en silencio y escuchar en el momento presente, sin estar pensando en qué era lo que le tenía que decir o responder. Ella misma se sorprendió al darse cuenta que muy pocas veces había hecho el ejercicio de escuchar únicamente para comprender, sin pretender poder dar una respuesta o un consejo. Y a través de ese ejercicio, aparentemente tan simple, empezó a ser un apoyo para su esposo porque las respuestas que le daba se basaban en lo que él le decía, no en lo que ella pensaba mientras él estaba hablando. Poco a poco fueron desapareciendo los consejos y se remplazaron por preguntas, por comentarios, por experiencias propias que lograron conectarlos no sólo con respecto a la situación puntual que estaba viviendo su esposo, sino también en general como pareja. 

Como ella, todos podemos hacer el ejercicio de empezar a escuchar a la persona que tenemos en frente sin estar pensando en lo que tenemos que responder. Si logramos hacerlo, nos daremos cuenta que las respuestas no están en lo que pensamos mientras el otro habla, sino justamente en lo que el otro está diciendo. Y ese es el primer paso para empezar a dejar de lado los consejos, lograr una comunicación cada vez más efectiva y, sobre todo, una comunicación más libre de juicios y basada en la mutua comprensión.

En Twitter: @menasanzdesanta
Psicóloga-Psicoterapeuta Estratégica
ximena@breveterapia.com
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.