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Opinión

  • | 2014/11/25 18:50

    Los Justos

    Es hora de que los justos entendamos que quienes han hecho la guerra durante tanto tiempo están en la obligación moral de terminarla.

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LOS JUSTOS
Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas que se ignoran,están salvando el mundo.
                                                             Jorge Luis Borges (La Cifra. 1981).

Sin duda alguna los mas humildes, los olvidados, los ignorados, los excluidos, los maltratados, los violentados, los revictimizados, los que poco o nada han tenido y con lo que tienen se conforman, los que aman la vida y agradecen diariamente a la providencia el amanecer vivos, los que no conocen el odio y tampoco les interesa conocer la envidia y la ambición, los habitantes de esa otra Colombia profunda y marginada que por siglos nos hemos negado a reivindicar, los sobrevivientes y desplazados que después de perderlo todo a lo largo de 50 años de guerra aun miran con esperanza a sus hijos y con su actitud nos enseñan la grandeza que guarda el espíritu de los justos.

Si, sin duda alguna los mas humildes y los que más hemos sufrido los estragos de la guerra (que somos la mayoría de los colombianos) anhelamos La Paz y nos duelen los sobresaltos, los obstáculos y las dilaciones que ha tenido el proceso de diálogos para lograr la terminación del conflicto.

Nos duele que las FARC no hayan reconocido a sus víctimas, que nieguen que tienen secuestrados en su poder, que sigan reclutando niños campesinos para la guerra, que sigan utilizando el secuestro en nombre de la libertad y como arma de lucha después de haber prometido no hacerlo, que sigan disparando bombas contra el pueblo que dicen defender, asesinando en nombre de la vida, y que después de hacer todo eso pretendan regresar al seno de la sociedad de la que un día se apartaron sin pagar un solo día de carcel y sin reparar a sus víctimas teniendo de sobra como y con que hacerlo.

También nos duele que desde el lado del estado legítimamente constituido no se haya hecho lo suficiente para terminar con la desigualdad, la inequidad, la corrupción y la impunidad que siguen como combustible incendiando y reproduciendo la guerra por todo el territorio nacional.

Nos duele mucho mas que algunos aprovechen las contradicciones del sistema y las dificultades del proceso para apostarle a la prolongación de la guerra, de la inequidad, la corrupción y a la absurda polarización que divide y sodomisa a la sociedad colombiana.

Es hora de que los justos, los ciudadanos inermes y sensatos que integramos ese pueblo soberano del que habla nuestra constitución política entendamos que quienes han hecho la guerra durante tanto tiempo están en la obligación moral de terminarla. Ese es el principal deber histórico que tienen los negociadores de las FARC y del Gobierno como primer paso para contribuir a menguar el dolor infringido a una sociedad que han construido a punta de tiros, miedo y represión, que han pisoteado y flagelado durante décadas la veces que han querido.

Es hora de que los justos que menciona Borges, los humildes, los excluidos, ignorados y olvidados ciudadanos de Colombia entendamos que una vez firmada la terminación del conflicto por quienes hicieron la guerra durante décadas, no son ellos sino nosotros, a quienes nos corresponde el deber histórico de liderar nuestro propio destino como nación y atrevernos a hacer La Paz construyendo ciudadanía, exigiendo nuestros derechos, cumpliendo con nuestros deberes, haciendo control social y político a los violentos y corruptos, pero por sobre todo, evitando que los males que dieron origen al conflicto se perpetúen sin la existencia de programas y soluciones financiadas que demuestren un claro y decidido compromiso de toda la institucionalidad con la construccion de una nueva Colombia verdaderamente en paz, mas justa y más humana.

Sigifredo Lopez
Presidente @dfinocentes
Info@defensadeinocentes.org
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