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Opinión

  • | 1998/11/09 00:00

    SIGLO XX, CAMBALACHE

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El periodismo comienza a hacer resúmenes de milenio. Termina el siglo y no quiero enloquecerme pensando cuándo termina: porque hay quienes dicen que el 31 de diciembre de 1999 sólo han transcurrido 99 años, lo que no es verdad. Contados desde el año 1900 son 100 años completos. Otro asunto es que desde el comienzo de nuestra era vamos debiendo un año, porque dicen que no hubo año cero.
Viene la historia de quiénes fueron los hombres del siglo XX en Colombia. Si se escogen 100, quedarán faltando algunos, de todos modos. Es como las invitaciones, mientras mayor es el número de invitados, más quedan por invitar. Si se escogen 15, como en esta revista, el asunto sí que es definitivamente dramático.
Que no se trata de seleccionar a los hombres notables, de mérito no discutido, sino a los que de una u otra forma llenaron el siglo con sus actos buenos, regulares (como la Constitución del 91) o malos (como el narcotráfico, el terrorismo o los asesinatos en La Catedral). Y aun así habrá protestas. No están todos los que son; no son todos los que están.
Se tiene la tendencia a sobrevalorar hechos y personajes recientes. Pesa más el último cuarto de siglo que el primero, por decir algo. Pesa más Fernando Botero que Andrés de Santamaría; pesa más César Gaviria que Carlos E. Restrepo o cualquiera de los Ospina.
Eminentes personalidades colombianas hicieron tránsito del XIX al XX, floreciendo en este siglo, repartido en tres casquetes por las dos guerras mundiales. Por ejemplo, la corta vida de José Eustasio Rivera transcurrió en el XX. Tomás Carrasquilla, Baldomero Sanín Cano, entre otros, llegaron hasta la década de los 40, en este siglo y el maestro Guillermo Valencia (nacido en 1873) fue gran figura de esta centuria.
¿Puede ser más importante Pablo Escobar que Nepomuceno Matallana, el descuartizador, el doctor Mata? Tal vez sí, como exportador clandestino y descomunal de narcóticos, lo que sumió a Colombia en la ignominia. Sin embargo, la vigencia de Escobar no fue más allá de los 10 años. Lo que no es aceptable es que lo sea (más importante) que sus valiosas víctimas. Porque ni Guillermo Cano, ni Rodrigo Lara clasificaron dentro de los 15 (¿del patíbulo?).
En otros casos es más importante haber sido asesinado o haber hecho Constitución que haber tenido una larga influencia pública, de 30 años, como el doctor Ospina Pérez. Además de haber sido hombre crucial por el curso que les dio a los acontecimientos del 9 de abril de 1948, en actitud heroica.
En lo eclesiástico sí que faltaron los eméritos. Y me refiero a la selección de 15, de esta revista. Monseñor Rafael María Carrasquilla, gran orador sagrado o el académico padre Félix Restrepo, S.J., o nuestro primer cardenal, de noble aspecto, su eminencia Crisanto Luque, primero sumiso ante el dictador Rojas Pinilla y finalmente su férula. Antes de él, el arzobispo Bernardo Herrera, que cogobernó con los conservadores o Perdomo, con los liberales. O el arzobispo Rubiano, látigo de Samper. Faltó también Samper, como otros, sin calificativos.
Alrededor de 30 años vivió en este siglo el franciscano padre Almansa, de los Recoletos de San Diego (había nacido en 1840), hombre simple y llano, de santidad reconocida popularmente, a cuya muerte siguió alumbrando con velitas el Cementerio Central. Institución bogotana.
Ni un solo poeta, ni un solo deportista, ni un solo músico clasificó entre los 15. ¿No los tuvimos? ¿Y Porfirio, con Silva el mejor de los vates colombianos? Porfirio Barba Jacob (o Miguel Angel Osorio), vivió hasta 1942, después de "vagar sensual y triste por islas de su América''.
Al deporte le dedica el país _presupuesto ninguno_, pero sí la mitad de las horas de televisión, desde que ésta existe entre nosotros y la mitad del paginaje de los periódicos. Sin embargo, poco papel hacemos internacionalmente, la que parece ser la medida: el corredor Jaime Aparicio, ya olvidado; Petaca Rodríguez, del béisbol de los 40; Pambelé, olvidado de sí mismo; Cochise, aun el Pibe. No sé. Entre músicos (no se cobra serenata), el maestro Uribe Holguín, la voz de Carlos Julio Ramírez y las composiciones de Escalona, de Lucho Bermúdez, de Calvo, de Morales Pino, de Jaime R. Echavarría.
Entre los presidentes quizás faltó Olaya, de la restauración liberal del año 30. Afrontó el conflicto con el Perú y se preparaba para la reelección. Fue grande en todo sentido. Faltaron sin duda dos hijos de presidentes, tan ilustres como sus padres, Alvaro Gómez Hurtado y Alfonso López Michelsen, de prolongado influjo político, López igualmente presidente.
Todo un siglo de mutación de valores, de transformación y de cambio. Terriblemente violento y criminal en su segunda mitad, en que feriamos nuestra hoja de vida con el secuestro, las masacres y el cultivo y fabricación de la droga.
En fin, terminemos el siglo destacando a los unos y olvidando a los otros. Total, son muchos y cualquier selección es objetable. ¿Y el maestro Echandía? nn Faltó también Samper, como otros, sin calificativos
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