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Opinión

  • | 2017/06/03 08:32

    Chantaje

    ¿De verdad siguen creyendo que con decretos, leyes, magistrados amigos y chantajes conseguirán una paz estable y duradera?

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El gobierno, sus aliados en el Congreso y las Farc deberían renunciar a la mala fórmula de la ‘amenaza‘ si quieren que el acuerdo de paz dure algo más que este periodo presidencial. Y es que en los últimos meses, el presidente, algunos parlamentarios y los líderes guerrilleros se han encargado de agregar frases de burdo chantaje al caldeado ambiente nacional
Tendrían que haber aprendido la lección ya. Cuando Santos salió a decir que si el plebiscito no se aprobaba  se activaría la guerra urbana, su chantaje en forma de advertencia presidencial le salió mal. Ahora, son las Farc las que chantajean dilatando la entrega de armas para presionar al gobierno a que le conceda más rápidamente las amnistías y avancen en el Congreso las reformas constitucionales y las leyes con las que el Ejecutivo se comprometió. 
Chantaje también hacen los asesores de las Farc y sus ‘proxis‘ en el Congreso. Asegurando en múltiples declaraciones y sin asomo de vergüenza que si la Corte Constitucional no enmienda el camino, se acabará con la paz lograda en Colombia, han dejado el mal sabor de la amenaza recurrente y la presión indebida a este alto tribunal. 
Chantaje, y de los más baratos, fue ese de decir que si no se elegía a la señora Fajardo magistrada de la Corte, las Farc abandonarían el acuerdo. Al final, con unas precarias mayorías que demostraron que la unidad nacional está hecha trizas, terminaron eligiendo a esta candidata pero minando su independencia y haciendo que cada una de sus actuaciones esté bajo sospecha.
Me pregunto qué harán las Farc si al magistrado ponente de la Justicia Especial para La Paz, Luis Guillermo Guerrero le da por pedir que se declare inexequible ese acto legislativo. ¿Chantajearán al Estado frenando, una vez más, la entrega de armas hasta que la Corte se pronuncie para darles gusto en sus pretensiones?  
Pero quizás el más grave chantaje de todos es ese de los que se sitúan en el podio de la superioridad moral para mirar desde allí con desprecio a quienes formulan válidos cuestionamientos a lo que está pasando con las Farc. Decir que los reparos y los legítimos ‘peros‘ ponen en riesgo la pausa que han hecho más de 7 mil combatientes agrupados en las zonas de concentración es, apreciados amigos, una forma de sutil chantaje ‘espiritual‘. Se trata ni más ni menos que de catalogar al crítico como enemigo de la paz y achacarle que con sus reparos se esfumará la esperanza de la reconciliación nacional.
Por todo ello, los colombianos estamos aburridos ya de que el derecho y el deber de la paz llegue por decreto, o se construya con magistrados amigos o a punta de advertencias desafiantes o de mera imposición. 
La negociación más importante no fue la de La Habana sino será la que hagamos desde la sociedad civil el día que sin chantajes ni amenazas de por medio nos sentemos a discutir un nuevo pacto social que nos incluya a todos. 
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