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Opinión

  • | 2010/06/24 00:00

    Silvio Rodríguez, bienvenido a Medellín

    Su trayectoria como artista y poeta puede inspirar a cientos de muchachos que hoy vacilan entre un arma y una guitarra.

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Respetado maestro Silvio Rodríguez:

Cientos de personas de nuestra ciudad nos regocijamos con su presencia y celebramos que haya sido invitado a participar en el III Congreso Iberoamericano de Cultura, en el que confluirán diversas corrientes de pensamiento provenientes de 23 países, para discutir sobre el pasado, el presente y el futuro de la música.

Es un acierto que el Ministerio de Cultura de nuestro país lo haya escogido precisamente a usted para estar en el concierto de apertura el próximo 1o. de julio. Tal gesto es un reconocimiento que se quiere hacer a su trayectoria musical y, a través de ella, a la trascendencia cultural de la Isla de Cuba, uno de los países con mayor tradición musical en América Latina y el Caribe.

Su estada en nuestra ciudad tendrá un especial significado para quienes quieren conocer su pensamiento acerca de los problemas que aquejan a aquellos artistas que intentan aportar, desde sus culturas particulares, mayor riqueza a la música iberoamericana. Como se sabe, la música no se ha librado de las perversiones del mercado y desde hace ya varios años lo que escuchamos no es más que el tintineo de las monedas cayendo en manos de quienes convirtieron este arte en un horrendo negocio del corto plazo, sacrificando la calidad por la inmediatez de la producción en línea.

Pero no sólo queremos que usted y todos aquellos que vendrán de diversas regiones de América Latina y el Caribe, así como de España, se dediquen a hablar. También queremos escuchar música. De eso se trata también este IIICongreso Iberoamericano de Cultura: de compartir el canto, la poesía y las tonadas de una guitarra, del incesante golpeteo de los cueros de una tambora, de una flauta dulce y de un brillante piano.

Quienes compartimos el concepto amplio de cultura sentimos que su presencia en nuestra ciudad es un gesto de tolerancia de un gobierno que durante los últimos ocho años ha discrepado duramente contra aquellas corrientes ideológicas que usted, políticamente, representa. Es paradójico el asunto, cierto.

Más allá de esas contradicciones ideológicas, su presencia y la de todos los artistas son inspiradoras ¿Sabe por qué? Vivimos en una ciudad donde los jóvenes tienen pocas oportunidades de estudio y empleo. La vida cotidiana de miles de ellos está afectada por el fragor de la guerra urbana entre bandas delincuenciales. Hoy, un joven de los barrios periféricos de la ciudad tiene que esquivar las balas para ir al colegio, evitar calles que representan “fronteras invisibles” por donde no es posible transitar libremente, y someterse a reclutamientos forzados que en muchas ocasiones los llevan a la cárcel o a la tumba.

De esto se habla poco en la ciudad porque vivimos bajo políticas de “negacionismo” que son adoptadas no sólo por las autoridades civiles, policiales y militares, sino por amplios sectores políticos, sociales y académicos que sienten lejana esa guerra entre los jóvenes y la reducen a pequeñas riñas callejeras. La frase más popular es “aquí no pasa nada”. Creo que usted también sabe de eso.

¿Y sabe cómo decenas de jóvenes de los barrios más afectados le hacen el quite a la guerra urbana? A través de la música. Por ello celebro que se le haya convocado a usted a hablar precisamente de ese tema en la ciudad. Su trayectoria como artista y poeta puede inspirar a cientos de esos muchachos que hoy vacilan entre un arma y una guitarra; entre una calle solitaria con la víctima en sus manos y una tarima llena de instrumentos musicales donde resuenan los aplausos. Ojalá sus palabras y las de todos los artistas que debatirán sobre la música en Medellín no se queden en un recinto cerrado.

Cientos de personas esperamos escuchar sus poesías, llenas de la sensibilidad caribeña que usted tan bien representa a través de la llamada Nueva Trova Cubana. Cuando se suba a la tarima y levante su mirada hacia el horizonte, sentirá la recepción cálida, serena y respetuosa de aquellos que por varias décadas han sabido de usted a través de sus letras y de sus tonadas, pero también de sus actuaciones políticas y sus posturas ideológicas.

Muchos de aquellos que esperan su visita se enamoraron con alguna canción suya; lloraron tatareando una tonada de su creación cuando la soledad llegó a sus vidas; buscaron entre sus letras alguna luz de inspiración que los hiciera sentir la vida; rastrearon algunas de sus palabras para acoplarlas a la documentación audiovisual de duras realidades sociales. En esencia, debo decirle que su poesía hace parte de la historia personal de cientos de hombres y mujeres de nuestra ciudad, y muchos se lo agradecemos.

Debo advertirle, aunque me imagino que ya sabe del asunto, que es muy probable que cuando mire desde la tarima el horizonte urbano de nuestra ciudad descubra a lo lejos una protesta callejera con mensajes que lo tildan a usted de “castrista”, “comunista” y “chavista”. Pero sabrá entender que ha llegado a un pueblo que, como podrá notar, vive encerrado en un valle, lo que les impide a varios de sus habitantes tener perspectivas más allá de las montañas que los rodean. Los únicos referentes culturales que poseen provienen de tomar aguardiente, ponerse un sombrero, hablar duro, sentirse el más varón y creerse el ombligo del mundo.

Justamente para eso se convoca un congreso de cultura, para que ese tipo de encierros mentales se supere escuchando experiencias de otros, con respeto y tolerancia. Ya sabrán algunos aceptar o rechazar esos mensajes. Nadie está obligado a nada.

Maestro Silvio Rodríguez, bienvenido, Medellín es toda suya.
 

(*) Periodista y docente universitario

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